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23 de abril de 2018

El Festival de cine africano llama a las puertas de la afrodescendencia

Tánger y Tarifa acogen simultaneamente entre el 26 de abril y el 5 de mayo la XV edición del FCAT, con 80 películas y una sección permanente para los cineastas afrodescendientes

Por Lola Hierro


El año pasado lo anunciaron, y la dirección mantuvo encuentros con Santiago Zannou y otros actores. A raíz de ellos, se decidió: El Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) se subiría al carro de la visibilización de la afrodescendencia. Ya en 2018, con el anuncio de su próxima edición, la decimoquinta, la organización ha cumplido y dedica el evento a este colectivo invisibilizado. "Ya está sucediendo en otros países y España, por motivos diversos, se había quedado un poquito a la cola, así que pensamos '¿qué mejor que nuestro festival para crear ese espacio para la afrodescendencia?", explica su directora, Mane Cisneros.


El 26 de abril se da el pistoletazo de salida en Tánger (Marruecos) y el 27 en Tarifa (Cádiz) al que dicen que es el único festival transcontinental de cine del mundo, del que Planeta Futuro es medio oficial este año. Aunque lleva 15 años celebrándose, la idea de llevarlo a dos ciudades de dos países y dos continentes de manera simultánea es mucho más reciente: de 2016. Pero funciona. En 2017 acudieron hasta Tarifa más de 12.000 personas. A Tánger aún llegan menos por los costes y los visados, "pero hemos conseguido que cada año el jurado del festival tenga que coger un barco, pasar una frontera y cambiar de país y continente para ir a ver parte de las películas de la sección oficial", asegura la directora. Para ella, este gesto posee un gran valor simbólico porque rompe fronteras. "Nuestro sueño era unir las dos ciudades, la puerta norte de África y la sur de Europa, a través del cine. Lo que no consigue la política, lo conseguiremos a través de la cultura", sueña Cisneros.

La afrodescendencia española reclama su lugar en la sociedad y el cine es un reflejo de ello. "Por eso creemos que ha llegado el momento de dar un lugar a estos actores y actrices. No se entiende por qué casi siempre son relegados al papel de la prostituta, del inmigrante…", critica. "Y nunca se llama a una actriz o actor negro para una audición en la que se busca cubrir una dirección, o un papel de abogado o de ingeniero cuando, en la vida real, hay ingenieros, abogados y profesionales de alto nivel".

Así, además de las ocho películas seleccionadas que incluye el ciclo, una de las actividades principales del FCAT será un espacio de reflexión enmarcado en el Árbol de las palabras, actividad que ya se organiza por sexta vez. La idea es habilitar un espacio de conocimiento, de intercambio y de comunicación entre actores y actrices, directores y directoras, artistas africanos y españoles afrodescendientes con el resto de la sociedad con el fin de promover el contacto entre ellos y, quién sabe, quizá sembrar la semilla de futuros proyectos. "Nos interesa el debate que se puede generar entre ellos porque los propios afrodescendientes españoles no tienen contacto con los cineastas africanos", revela Cisneros. "Ojalá en el futuro trabajen juntos". En el Árbol de las Palabras participarán algunos de los más célebres hijos de la diáspora, como Zannou, Armando Buika, Silvia Albert, Lucía Mbomío, Marius Makon, Malcolm Sitté, Astrid Jones, Emilio Buale, Will Shepard y Farah Hamed, entre otros. La poesía, la música, el teatro y la danza afroflamenca contemporánea de Yinka Esi Graves también tendrán su momento.



El feminismo, también en la gran pantalla

La selección oficial del FCAT incluye en esta ocasión 80 películas del continente africano que se distribuirán en seis secciones. "Lo que vamos a ver este año en la programación es el desembarco a lo grande de una nueva generación", desvela la directora del evento. "La edad media de los directores es baja, hay mucha gente joven de menos de 40, y también muchos menores de 30". Para Mane Cisneros este fenómeno se veía venir porque los primeros creadores del cine africano posterior a la independencia ya son muy mayores e, incluso, algunos han fallecido.

Entre esa juventud, la mujer no se queda atrás. La sección oficial del festival, Hipermetropía, cuenta con cinco cineastas africanas, la mayoría debutantes en el largometraje. La zambiana Rungano Nyoni es la directora de No somos brujas, la película que abre el festival, la tunecina Kaouther Ben Hania presenta La bella y los perros, la argelina Sofía Djama cuenta en Los afortunados cómo la historia y la política afectan a la intimidad, la burkinesa-sueca Theresa Traoré Dahlberg con su documental Ouaga Girls  y, por último, la directora tangerina Narjiss Nejjar, que pone el foco sobre una parte sensible de la historia de Marruecos en Apátrida.

La presencia de la mujer no solo está en las personas que crean, dirigen e interpretan las historias, también se palpa mucho feminismo en los contenidos de las cintas seleccionadas y varias de ellas muestran cómo en África también se diluye poco a poco el discurso patriarcal hasta ahora dominante.


La primavera africana

La otra temática que en esta edición del FCAT está muy presente es la política. En las películas subsaharianas se vislumbra una inquietud grande por los coletazos de las revoluciones árabes que tuvieron su réplica en el resto de países del continente, algo muy lógico para Cisneros: "Los cineastas también son sensibles a la realidad y al imaginario social, y traducen y transmiten las consecuencias de su entorno. Si hay movimientos activistas que son réplicas de las primaveras árabes, es lógico que acaben en la pantalla", reflexiona Cisneros.

Esta inquietud se materializa en trabajos como Boxing Libreville (Amédée Pacôme Nkoulou), Kinshasa Makambo (Dieudo Hamadi), Vote Off (Fayçal Hammoun) y Sinestesia, El Cairo’13 (Maged El-Mahedy). cuyo estreno se realizará de manera simultánea en España y Marruecos durante el festival. El plato fuerte viene de la mano de Eddy Munyaneza y su Lendemains incertains (Futuros inciertos), que aborda la incertidumbre que provocaron en 2015 las manifestaciones contra el presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza. Su estreno mundial será en esta edición del FCAT.


El resto de secciones son En Breve, que proyectará 16 cortometrajes africanos; Afroscope, que pretende mostrar África a través de documentales y películas de ficción, y En torno a Bouanani: el cine marroquí de vanguardia, que ofrecerá una retrospectiva dedicada al Ahmed Bouanani (1938-2011), uno de los cineastas marroquíes más vanguardistas, pero que paradójicamente ha quedado olvidado en la historia del cine de Marruecos.

En el capítulo de actividades paralelas, además del Árbol de las Palabras también se llevarán a cabo los Aperitivos de Cine, que reúnen a cineastas, a periodistas y al público alrededor de un vino para comentar las películas ya vistas; las lecturas de las obras poéticas de Aimé Césaire y Shirley Campbell en el Espacio Literatura. También las exposiciones Dakar, una mirada y Nawras, la ciudad y su testigo tienen su sitio en el FCAT. La música estará representada por One Pac & Fellows y el maridaje de los sonidos hip-hop de Senegal y el Funk del sevillano José Gómez Romero, y por la cantante algecireña Brisa Fenoy en un evento organizado por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

Este 2018 es un año que quedará registrado como uno de los más importantes para el FCAT porque es la primera vez que se incorpora una sección para los cineastas afrodescendientes que se dejará de manera permanente. En esta edición el festival se centra más bien en los africanos en Europa, pero para las próximas planean pasear su mirada por América Latina. "El público lo desconoce —reconoce Cisneros—, pero allí la presencia de afrodescendientes [en el cine] es impresionante, ya verás".


Texto tomado de:  https://elpais.com/elpais/2018/04/19/africa_no_es_un_pais/1524144975_179472.html
Fotos tomadas de: https://www.facebook.com/FestivaldeCineAfricano/

9 de abril de 2018

Cómo descolonizar los libros de texto

La revisión de los manuales escolares en Senegal intenta cambiar la imagen que los africanos tienen de su historia y su continente


Laura Feal. Saint Louis, Senegal

Los antepasados de los senegaleses ya no son los galos, pero lo fueron durante mucho tiempo. Casi cinco generaciones tras la independencia del país (1960) se educaron con unos libros de texto que parecían salidos de un mal cómic de Asterix y Obelix. En ellos, no solo la lengua, las imágenes y los contenidos estaban desvinculados de la realidad africana, sino que detrás había un tufillo de supremacía occidental que es el que verdaderamente deja huella, el verdaderamente peligroso.


"Aún hoy es necesario cambiar el modelo de educación y la urgencia es la revisión de los manuales escolares", sentencia Sébastien Lefreve, hispanista francés de la Universidad Gaston Berger (UGB) de Saint Louis y organizador de un coloquio internacional el pasado mes de mayo sobre este tema. “Los esquemas mentales de mis estudiantes aquí son los mismos que en París, donde el alumnado es mayoritariamente blanco y occidental, cuenta tras ocho meses de cátedra en Senegal. "Estáis enfermos de colonialismo, les digo, brusco, para provocar el desbloqueo de la mente".

Ya lo dijo en 1984 Cheikh Anta Diop: “El colonizado, o el excolonizado incluso, se parece al esclavo del siglo XIX que, una vez liberado, va hasta el umbral de la puerta y vuelve a casa porque no sabe a dónde ir". El estudio de esta importante figura, padre de la dignidad africana que consiguió demostrar científicamente que la civilización egipcia fue negroafricana, es una de las grandes ausencias en el currículo senegalés aún hoy. Aunque ha sido objeto de reformas, el programa escolar sigue sin romper los lazos con la antigua metrópolis en cuanto a la conformación de un esquema mental basado en la experiencia africana.

"¿Qué puede pasar en la mente de un niño que aprende cosas en la escuela pero que no se aprende a sí mismo, ni sobre su propia historia?", se interrogaron Lefreve y casi 40 personas más venidas de diferentes países africanos y latinoamericanos como Brasil, Colombia o México, donde hay una fuerte presencia de afrodescendientes. Los contextos de las personas de ascendencia africana de los tres continentes (América, Europa y África) ligados en el marco de la trata, la esclavitud y la colonización tienen, por tanto, fuertes lazos en la actualidad, muchas veces deliberadamente ignorados.


“Los libros escolares africanos deberían integrar la afro-diáspora e, inversamente, los americanos y caribeños no tendrían sentido sin insertar una parte de la historia del viejo continente”, explica Lefevre, miembro del Grupo de Estudio y de Investigación Africano e Hispano-Africano (GERAHA). “Uno de los errores de Senegal es mirar demasiado a Europa y no a América Latina, donde llevan dos siglos trabajando la cuestión identitaria, tras la colonización española y portuguesa”, opina el profesor.

El congreso, de vocación muy práctica, concluyó en la conformación de grupos de trabajo para la creación de una base de datos de referentes africanos y afro, y herramientas alternativas para trabajar en las aulas, algo más rápido que la revisión de los libros de texto. “Pese a que estos pueden ser pasos válidos, detrás debe haber un proyecto político: definir qué educación se quiere y qué herramientas se usarán para conseguirlo: algo que Senegal aún no ha hecho”.

En este sentido, Adiara Sy, directora del liceo Ameth Fall, uno de los más importantes y prestigiosos en Saint Louis que cuenta con más de 1.300 estudiantes, también se pronuncia: “Hemos perdido la oportunidad al comienzo de la independencia. El tipo de ciudadano que la escuela ha construido se ha hecho sobre lo que la colonización ha dejado, y no se ha repensado. Ahora es muy difícil volver atrás. El sistema educativo debe construirse sobre valores que vehiculen lo que queremos ser. Pero no es el caso: vamos a golpe de financiador”.



La revisión de los materiales escolares

Primero fueron Mamadou y Bineta, dos simpáticos personajes que, aunque más cercanos al alumnado en nombre y color de piel, seguían transmitiendo conocimientos concebidos desde el Hexágono y sin relación con la sociedad en la que los ya reales Mamadou y Bineta o los Aïcha y Moussa se desarrollaban como ciudadanos.

¿Es tan necesario conocer palabras como aspirador o paraguas, o estudiar la Revolución Francesa sin atender a necesidades más útiles como su propia independencia, los tipos de serpientes o los sistemas de regadío en medios áridos? "Aunque hemos vivido tiempos de inadaptación, desde hace una década estamos haciendo esfuerzos por adaptar los manuales escolares a nuestra realidad", explica el inspector departamental del Ministerio de Educación de Saint Louis, M. Dia. "Los libros de texto de primera y segunda etapa revisados ya están disponibles en las escuelas”. Para ello, escritores, investigadores y educadores redactaron los contenidos que después serían validados por un comité científico. A continuación, cada circunscripción selecciona una lista de materiales para sus escuelas que estas eligen para que les sean distribuidos gratuitamente.

Entonces se presentan dos grandes problemáticas. La formación del profesorado para la transmisión de los nuevos contenidos (e incluso la voluntad de estos) y la dependencia externa para el acceso de las escuelas a estos manuales, la mayoría de ellos editados por casas extranjeras.

“Los libros de texto cuestan mucho dinero por lo que el Estado busca socios para acompañar el proceso. El Banco Mundial, la cooperación canadiense, USAID, incluso la JICA japonesa están detrás de ese apoyo, pero siempre hay una intención implícita: hay un poco del país del financiador que se transmite en esos manuales” opina Sy. La editorial francesa Hachette International ostenta actualmente el 85% del mercado de la edición escolar en el África Francófona.

En estos nuevos manuales hay una evidente voluntad de cambio en el contenido pero no todos en el fondo: imágenes de fiestas de cumpleaños, algo lejos del imaginario senegalés que no tiene por costumbre celebrar esta fecha, o el ejercicio de completar un árbol genealógico compuesto tan solo por padres y abuelos en una sociedad caracterizada por la familia extensa, son ejemplos del poco trabajo de cambio de paradigma que hay detrás de algunos libros de texto validados.


La enseñanza en lenguas nacionales

Entre las mayores cuestiones relativas al cambio en el modelo educativo está, sin duda, la introducción de las lenguas maternas. De manera general, y debido en parte a la creación de los Estados-Nación basados en las fronteras de la colonización, los países africanos se caracterizan por una multiplicidad étnica y lingüística. En Senegal hay reconocidas 18 lenguas nacionales, un esfuerzo político que se ha criticado por no describir suficientemente las funciones de estas ni su relación con la única oficial, el francés.

Uno de estos idiomas, el wolof, se ha convertido gradualmente en la de preferencia, hablada en todo el país como primera o segunda opción y asociada, en la representación simbólica de muchos nacionales y extranjeros, como la propia de Senegal. Su impregnación llega hasta el punto de que, aunque la lengua de la administración sea el francés, en los espacios informales se habla extendidamente el wolof.

“Si a un niño de Louga le preguntas dos más dos en francés, piensa, duda y quizás conteste correctamente. Si le preguntas en su lengua materna, no tardará ni un segundo en responder”, suelen decir los defensores de la introducción de las lenguas nacionales en la enseñanza primaria.  ¿Cómo pretender que un niño adquiera las herramientas de base del saber en un idioma que no es el suyo? Los psicopedagogos están de acuerdo en el papel importante que juega la lengua materna en el desarrollo de la persona y la personalidad del niño.

“La introducción de idiomas nacionales es una cuestión que siempre está presente en el Ministerio de Educación, —explica el inspector departamental de Saint Louis—, porque supone una ruptura tremendamente importante. Es un elemento que desarrolla la personalidad y también la diferencia: somos africanos y tenemos nuestras lenguas y nuestra manera de ver el mundo. No es solo un código: hay un arsenal de cultura implícito y esto tiene un impacto. No nos engañemos: somos senegaleses, pero pensamos a la francesa. Hay una alienación".

El cambio no es simple, se necesita una voluntad política. "Ha habido varios intentos: en los ochenta hubo sistemas bilingües en pruebas, pero los padres retiraron a los niños porque tenían miedo de que después no encontraran salidas laborales", explica.

El tema de la comprensión y asimilación del contenido es crucial: "Aquí se enseña en francés como si fuera la lengua materna, y pedagógicamente deberían aprender francés como lengua extranjera, que metodológicamente es distinto", comenta Lefevre.

En Ndiebene, un pueblo al norte de Senegal, el director de la escuela primaria Ousmane Mbaye presenta el proyecto ARED. “Es un experimento que trabaja sobre el bilingüismo, wolof o pular, al mismo tiempo que el francés. La lengua nacional sirve de trampolín para introducir los conocimientos de base y para ir pasando progresivamente al francés. En la evaluación se ha constatado muy buen resultado”.

Los detractores de la utilización de las lenguas nacionales argumentan que estas no son aptas para transmitir conceptos científicos y técnicos. En respuesta, Cheikh Anta Diop publicó en 1975 un artículo titulado Cómo enraizar la ciencia en África: ejemplos wolof (Senegal), dando una verdadera lección práctica sobre activismo lingüístico.



Construir nuestra propia imagen de África

En paralelo, intelectuales, artistas y movimientos de base siguen presentando iniciativas que contribuyen a desmontar un imaginario que mira fundamentalmente a Occidente que ha sido configurado no solo a partir de la escuela, sino también los medios de comunicación, el turismo o la cooperación, de marcado corte eurocéntrico.

“La cuestión de la identidad está muy presente en la juventud senegalesa, que se siente un poco perdida en este sentido. Muchas veces se reconocen únicamente como negros con cabellos crespos sin darse cuenta de que están reproduciendo estereotipos construidos por las teorías racistas del siglo XIX", explica Fréderique Louveau, profesora de antropología en la UGB. Tienen un imaginario muy limitado de lo que son y de lo que es su cultura, que asocian solamente al peul que pastorea en su pueblo sin reconocer al peul que se va a Estados Unidos, vuelve, introduce cambios en su comunidad, o se instala en la ciudad. La cultura es algo dinámico y cambiante”


El Festicoll, festival coloquio organizado en abril en Saint Louis por el departamento de Civilizaciones, Religiones, Arte y Cultura (CRAC) de la UGB, tuvo por objeto justamente trabajar con la población de la ciudad y a través de la investigación académica pero también del cine, teatro, música y fotos el tema del imaginario cultural desde una perspectiva africana. “No podemos negar la influencia que tienen en la población las imágenes que se proyectan desde fuera sobre el continente”, advierte Louveau.  “Es nuestra labor aprender a deconstruirlas y crear las nuestras propias”. Y en esas estamos.

Publicado el 28 de agosto de 2017
Artículo y fotos tomados de: https://elpais.com/elpais/2017/08/23/planeta_futuro/1503488254_926649.html

27 de abril de 2017

El Quilombismo, una Filosofia de Vida en Brasil

El Quilombismo, una Filosofia de Vida en Brasil

Durante la época de la conquista, en vastos espacios de la América colonial se constituyeron centros de acogida de esclavos africanos huidos que hicieron causa común y se defendieron de la invasión y reconquista del amo y sus secuaces. Algunos alcanzaron dimensiones impresionantes, como el Quilombo (o República) de Palmares, una verdadera “República negra” en el Brasil del siglo XVII, que resistió el embate de los portugueses más de medio siglo.

 
Abdias Nascimento hablando desde la tribuna de la Cámara de Representantes durante la convención nacional del PDT 1982.
Fueron miles los esclavos convertidos en cimarrones en la colonia, y se los denominó de diferente forma de acuerdo a la región: en Brasil se los llamó quilombolas, en áreas del caribe español cimarrones, en Colombia palenqueros, mientras en Venezuela a las comunidades de esclavos fugados se las llamó "cumbes". El término "quilombo" llegó a la Argentina, y denomina un espacio desordenado y de costumbres reprochables, en relación a esas comunidades de resistencia del pasado, desde la mirada del colonizador.

En Brasil, la nación del mundo con mayor cantidad de afrodescendientes fuera de África y la segunda del mundo, según el Censo de 2010, unos 100 millones, las muestras de la cultura quilombola, una manifestación de contra-hegemonía y de resistencia pretérita presente hoy, así como las comunidades quilombolas, son numerosas. Se las agrupa en lo que se llama la “Actitud Quilombola” y ejemplos de ello son diferentes grupos musicales, literarios y publicaciones.

Entre las últimas sobresale el Manifiesto Quilombista (1968), del activista afrobrasileño Abdias do Nascimento, del cual este año se cumple un lustro de su muerte.

Esta creación literaria busca la redención de los afrodescendientes y centra su atención en la experiencia del Quilombo de Palmares, como un caso de plena democracia racial en un espacio habitado no solo por esclavos fugados sino también por amerindios y blancos autoexcluidos de la sociedad colonial, en perfecta armonía e igualdad. Para la época de escritura del Manifiesto, la propaganda oficial observaba a Brasil como ejemplo perfecto de una democracia racial, al punto que se hizo un mito de aquello.

Pero do Nascimento, en su Manifiesto, construyó de forma alternativa un discurso para denunciar la falsa “democracia racial” en el país del siglo XX y su crítica fue un motor que tomó la academia para pulverizar el mito en cuestión.

En el Quilombo del siglo XVII se conformó una sociedad justa y libre, erigida por los oprimidos del régimen portugués, en la cual se respetó el medioambiente, siguiendo la perspectiva afrocéntrica, en contraposición a la explotación salvaje y capitalista del colonialismo, acompañando el marco de una economía comunitaria y solidaria, enraizada en la pauta africana.

La proclama del líder afrobrasileño se centra también en la infancia, puesto que, conforme enuncia, los niños negros han sido las primeras víctimas indefensas de la destitución material y moral impuesta a las comunidades afrobrasileñas por siglos y, en consecuencia, son la prioridad del Quilombismo.

La educación no puede faltar en la argumentación del Manifiesto. En el modelo de sociedad por éste diseñado, su acceso es completamente gratuito y abierto, sin ninguna clase de distinción, en todo nivel educativo. El final del artículo 7º agrega:

“La historia, cultura, política y sistema económico, artes y civilización africana tiene un lugar eminente en la currícula escolar. Crear una universidad afrobrasileña es una necesidad en el programa Quilombista.”

No obstante, una casa de estudios de nivel superior debió esperar un largo tiempo hasta ser una realidad, como así la necesidad de una educación inclusiva, con cuotas de acceso para estudiantes afro en las universidades brasileñas, entre otros aspectos. En la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva, quien hoy está en la mira por la acusación sobre escándalos de corrupción del pasado, fueron tomadas importantes medidas que favorecieron a afrodescendientes, así como a otros grupos siempre marginados.

Haciendo alusión al referido artículo 7º, la Universidad Federal para la Integración Luso-Afro-Brasileña (UNILAB) abrió sus puertas en 2010 en el Estado norteño de Ceará, lo cual mejoró la participación negra en la matrícula universitaria, sin pasar por alto que en 2012 se aplicó la Ley de Cuotas que estableció en forma gradual el aumento de miembros de las poblaciones desfavorecidas en la educación universitaria. Dicha norma planteó que para 2013 el 12,5% de las matrículas universitarias deberían estar reservadas a afrodescendientes, originarios y alumnos provenientes de la enseñanza pública, y que en 2016 la Ley preveía llevarlas al 50%.

Actualmente, la población afrodescendiente en Brasil es el 51% pero en la universidad pública la matrícula de esa extracción es del 23%, por lo que esas instituciones son consideradas baluartes de la élite blanca. Como si de hacer caso al artículo 7º se tratara, en 2004 se sancionó la obligatoriedad de dictar contenidos de historia africana en la educación de nivel primario.

Por último, el Estatuto de Igualdad Racial de 2010, en sus 65 artículos, apuntó a mejorar ostensiblemente la calidad de vida de todos los afrodescendientes y de miembros de otros grupos discriminados en general. Sin embargo, superar el racismo continúa siendo una asignatura pendiente en Brasil, donde buena parte de la población afro convive con la pobreza, la exclusión y la marginalidad. Las cifras dan una buena idea de lo anterior. De algo menos de 400.000 estudiantes de posgrado a nivel nacional, los estudiantes afros en 2010 eran apenas el 32%.

Asignaturas pendientes
En resumen, cumplir el Manifiesto Quilombista es un anhelo lejano a la realidad. Lo que vale rescatar es que el Quilombismo, como lo definió do Nascimento en 1968, construyó y legó una práctica quilombista (y una teoría) que actualmente la han apropiado muchos afrodescendientes en pos de conseguir sus metas.

Es un movimiento político que ve en Zumbi, líder de Palmares y último soberano del Quilombo, a su fundador, como advirtiera el creador del Manifiesto. El propósito del movimiento es la creación de un Estado Quilombista, inspirado en la República de Palmares, que dignifique al hombre y se aparte totalmente del colonialismo, el capitalismo, la esclavitud y el imperialismo. A diferencia de muchos otros grupos de activistas a lo largo de la historia, plantea la llegada a ese estadio ideal a partir de medios no violentos, como proclama el artículo 13 del Manifiesto:

“El Quilombismo considera la transformación de las relaciones
de producción y de la sociedad en general, por medios
no violentos y democráticos, como una alternativa posible.”

Como un activo militante por los Derechos Humanos, la vida de Abdias do Nascimento estuvo consagrada a la lucha contra el racismo. El haber publicado el Manifiesto, visto como una crítica tenaz a las autoridades y al modelo de sociedad, principalmente le costó el exilio durante 13 años de la última dictadura brasileña (1964-1985). Su lucha valió. En una victoria simbólica, gracias a su reiterado pedido, el Día de la Conciencia Negra fue movido de un 13 de mayo (fecha de abolición de la esclavitud, en 1888) a un 20 de noviembre para homenajear al deudor intelectual de su Manifiesto Quilombista, el héroe Zumbi do Palmares, ejecutado en 1695.

Fiel a la efeméride observada en el mundo hoy, en el artículo final del Manifiesto su autor remarcó que Brasil es firmante de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, tres años anterior al texto. Y agrega que el Quilombismo:

“…contribuirá a la investigación y preparación de un reporte bianual sobre racismo en Brasil, que incluya todo la información y hechos relativos a la discriminación racial en el país, con el objetivo de asistir al Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas, en su trabajo.”

Pese a estas nobles intenciones y al compromiso de Abdias do Nascimento en la lucha contra el racismo, en Brasil la situación no ha mejorado sustancialmente para la comunidad afro. Por ejemplo, una investigación del ámbito público arrojó que el 68% de las víctimas de homicidios son afrobrasileños. Entre 2003 y 2013 los feminicidios aumentaron 54% entre las mujeres afro y disminuyeron un 10% en las blancas. Es como si Brasil todavía no asumiese el problema de la cuestión racial.


Afrobuku
Artículo tomado de:http://latinoamericaexuberante.org/876f-3/

27 de marzo de 2017

EL EMBARQUE; relato de Eduardo Galeano

En unas cuantas palabras el escritor uruguayo hace una síntesis de la Trata Negrera, la responsabilidad de la Iglesia en este flagelo, y de las resistencias históricas de los africanos, animadas por sus religiones ancestrales.

Foto tomada de: http://trianarts.com/#sthash.0IRvHdI6.dpbs
El embarque
Autor Eduardo Galeano
Han sido atrapados por las redes de los cazadores y marchan hacia la costa, atados unos a otros por el cuello, mientras resuenan los tambores del dolor en las aldeas. En la costa africana, un esclavo vale cuarenta collares de vidrio o un pito con cadena o un par de pistolas o un puñado de balas. Los mosquetes y los machetes, el aguardiente, las sedas de China y los percales de la India se pagan con carne humana. Un fraile recorre las filas de cautivos en la plaza principal del puerto de Luanda. Cada esclavo recibe una pizca de sal en la lengua, una salpicadura de agua bendita en la cabeza y un nombre cristiano. Los intérpretes traducen el sermón: Ahora sois hijos de Dios... El sacerdote les manda no pensar en las tierras que abandonan y no comer carne de perro, rata ni caballo. Les recuerda la epístola de San Pablo a los efesios (Siervos, ¡servid a vuestros amos!) y la maldición de Noé contra los hijos de Cam, que quedaron negros por los siglos de los siglos. Ven el mar por primera vez y los aterroriza esa enorme bestia que ruge. Creen que los blancos se los llevan a un lejano matadero, para comérselos y hacer aceite y grasa de ellos. Los látigos de piel de hipopótamo los empujan a las enormes canoas que atraviesan las rompientes. En las naves, los amenazan los cañones de popa y proa, con las mechas encendidas. Los grillos y las cadenas impiden que se arrojen a la mar. Muchos morirán en la travesía. Los sobrevivientes serán vendidos en los mercados de América y otra vez señalados con el hierro candente. Nunca olvidarán a sus dioses. Oxalá, a la vez hombre y mujer, se disfrazará de san Jerónimo y santa Bárbara. Obatalá será Jesucristo; y Oshún, espíritu de la sensualidad y las aguas frescas, se convertirá en la Virgen de la Candelaria, la Concepción, la Caridad o los Placeres, y será santa Ana en la isla de Trinidad. Por 162 detrás de san Jorge, san Antonio o san Miguel, asomarán los hierros de Ogum, dios de la guerra; y dentro de san Lázaro cantará Babalú. Los truenos y los fuegos del temible Shangó transfigurarán a san Juan Bautista y a santa Bárbara. En Cuba Elegguá seguirá teniendo dos caras, la vida y la muerte, y al sur del Brasil Exú tendrá dos cabezas, Dios y el Diablo, para ofrecer a sus fieles consuelo y venganza.

Tomado de: Memoria del fuego, parte 1. Los nacimientos. 2002