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9 de mayo de 2017

Esclavos en la Familia, cuando los descendientes de blancos reconocen el pasado esclavista de sus padres


Esclavos en la Familia de Edward Ball

Con ocasión de la Feria del Libro de Bogotá-2017, el Centro Afro CAEDI ha adquirido, para la consulta de todos los interesados, este relato de primera mano que muestra de forma clara y sincera la presencia Negra en Norteamérica, el modus operandi de las familias esclavistas y de sus más tempranos predecesores. La Novedad, es que el relato y la investigación es fruto del esfuerzo de uno de sus propios descendientes.


Esclavos en la familia es el relato de la investigación que un hombre hizo en el pasado de su familia propietaria de esclavos y, al tiempo, de su búsqueda de descendientes de las personas esclavizadas por sus antepasados. En 1698, Elias Ball viajó desde su hogar en Devon, Inglaterra, hasta Charleston, Carolina del Sur, para tomar posesión de una herencia: parte de una plantación y veinte esclavos. Elias y su progenie construyeron una dinastía norteamericana que se prolongó durante seis generaciones, adquirió más de veinte plantaciones a lo largo del río Cooper, cerca de Charleston, vendió el arroz llamado Oro de Carolina y esclavizó a casi cuatro mil africanos y afroamericanos hasta 1865, año en que las tropas unionistas alcanzaron los pastos de las propiedades de los Ball para imponer la emancipación. Edward Ball, descendiente de Elias, ha escrito una saga norteamericana verídica que es en parte historia, en parte viaje de descubrimiento. 

Es el relato de familias negras y blancas que han vivido juntas durante trescientos años, un retrato de personas corrientes enfrentadas a un legado controvertido. Ball expone con detalle y agilidad las vidas de las gentes que habitaron las tierras de sus antepasados: la violencia y la opulencia, los alzamientos y huidas de esclavos, los héroes blancos y negros de la Revolución Norteamericana, los hijos mulatos de los amos Ball y las esclavas de los Ball y el encontronazo definitivo de la Guerra Civil. Reconstruye las genealogías de familias de esclavos -desde los primeros prisioneros africanos hasta hoy, diez generaciones después- y viaja a Sierra Leona para visitar una cárcel de la que su familia compró trabajadores. Esclavos en la familia es un microcosmos de la experiencia fundamental que los Estados Unidos han tenido como nación, un relato de personas que abordan su fatal historia común.

Fecha publicación: 2000
Editorial: Península
Colección: Atalaya
1ª Edición / 380 págs. 
/ Rústica / Castellano / Libro
ISBN13:9788483072516


18 de agosto de 2015

YO FUI ESCLAVO, Booker T. Washington

El libro que presentamos en este día, es de aquellos que dejan una profunda huella en el lector, porque es un libro escrito desde las experiencias vividas. Booker, retrata en sus páginas el tránsito de la esclavitud a la libertad en sus vivencias personales. Pero dejemos que sea el mismo autor quien nos de unas breves pinceladas: 
"Lo más definido que ahora rememoro con relación con la escena, fue que un cierto hombre que parecía forastero (era funcionario del gobierno según presumo) pronunció un discurso y luego leyó un escrito largo, la proclamación de la emancipación según yo creo. Después de la lectura se nos dijo que estábamos en libertad, que podríamos ir a donde quisiésemos y cuando lo deseáramos. Mi madre, que estaba de pie a mi lado, se agacho a besar a sus hijos con lágrimas de gozo que le caían por las mejillas, nos explicó lo que significaba todo aquello, que aquel era el día por el cual tanto había estado orando, pero con el miedo de llegar a verlo en vida".                                                                   
El autor fue un firme impulsor de la educación en las comunidades negras estadounidenses, de hecho una vez ganada la libertad debió luchar para lograr aprender a leer y escribir. Este libro narra gran cantidad de anécdotas referidas a cómo lograron abrirse paso para ir creando sus propias escuelas y cómo tanto jóvenes como viejos se entusiasmaron con la posibilidad de aprender a leer y escribir.


" Yo no recibí educación alguna mientras fui esclavo, aunque recuerdo que en muchas ocasiones llegué hasta la puerta de la escuela con una de mis jóvenes amitas, para llevarle los libros. La visión de varias docenas de niños y niñas dentro de un aula, dedicados al estudio, me impresionó profundamente, y tuve la sensación de que entrar en una escuela  estudiar de aquella manera sería lo mismo que entrar en el paraíso".

La lectura del presente libro nos permite dar una mirada hacia la historia de la educación en nuestras comunidades. Los derechos y posibilidades que tenemos hoy con respecto a la educación han tenido un duro camino y aún nos queda mucho por hacer; pues bien convencido estaba Booker, sobre la educación como una herramienta poderosa en el proceso de mejoras sustanciales para los afroamericanos.

Les recordamos que este libro se encuentra disponible para su consulta o fotocopiado, acá en el Centro Afro Bogotá, Cl 42 # 13-50. Tél. 245 47 54, en horario de lunes a viernes de 8:00 a 5:00 PM. También nos puedes escribir a caedibogota1@gmail.com

9 de julio de 2015

"Cartagena de Indias y de los Negros"

Afrodescendientes en Cartagena de Indias: una memoria incómoda

El 9 de junio de 1862 el Senado de EE.UU. votó la abolición de la esclavitud en todos sus estados. Aquí, una mirada al pasado esclavista de La Heroica.

El 6 de agosto de 1915 apareció el siguiente aviso en el periódico La Unión Comercial, de Cartagena de Indias: «Permanentemente tengo a la venta […] ‘bolas de cascarilla’ para el cutis, que iguala las razas; oh! Las trigueñitas se ponen como circasianas! No se olvide de este aviso; acuda donde Ricardo E. Román que la dejará buena, bonita y blanca». Estas expresiones cotidianas de racismo no eran extrañas en la vieja ciudad esclavista. Eran parte de la cotidianidad del puerto, cuya élite, para entonces, luchaba a brazo partido por recrear un pasado hispanista.

En la imagen, ‘Mercado de Cartagena’, grabado de A. De Neuville (1875).
Por eso no era raro que en una monografía de la ciudad, publicada en 1929, se ilustraran las primeras páginas, dedicadas a la ‘raza’, con un grabado que remitía la iconografía del Medioevo. Un jinete acorazado, con todos los aparejos que nos trasladaban a la simbología de la tradición medieval, aparecía como una figura tutelar que bajaba del cerro de La Popa a irradiar luz sobre la ciudad. Esta construcción simbólica, que mandaba a la trastienda a la población negra, venía de mucho tiempo atrás. En 1822, cuando en la ciudad todavía se escuchaba el eco de la artillería por las batallas de independencia, una geografía de Colombia –atribuida a un cartagenero– decía que la población de Cartagena se componía de «descendientes de indios y de chapetones».

Todo parece indicar que la población negra, que a todas luces superaba en número al resto de habitantes de la ciudad, resultaba incómoda en la visión que se pretendía construir ante el mundo de que éramos un país libre y civilizado. De modo que había que borrarlas de un plumazo. Dentro de la simbología en formación de la nueva nación, era absolutamente claro que lo negro no tenía cabida, y la exclusión se convertía en una tradición.

Las prácticas cotidianas de exclusión y discriminación contrastan con la fuerte presencia de la población negra en la ciudad. Cartagena adoptó un temprano rostro negro y en medio de la crudeza del sistema esclavista y de las jerarquías que hacían del color de la piel un referente del lugar que se ocupaba en la sociedad, la población negra desarrolló variadas alternativas para hacer sus vidas más llevaderas. Se movían por toda la ciudad y gracias a ello convirtieron la calle en espacio de encuentro, de intercambios y de solidaridad; sin descartar la fuga hacia espacios de difícil acceso. Así, en el tránsito del antiguo régimen a la República, negros y mulatos serían fundamentales en el proceso de consolidación de la independencia.

Entrado el siglo XIX, después del proceso independentista, la calle, que desde los tiempos coloniales –ante la primacía de una esclavitud doméstica y a jornal– fue el espacio propicio para el proceso de intercambio relacional de los negros y mulatos, esclavizados y libres, seguiría siendo escenario de movilización. En esta ocasión espoleada por los discursos políticos en boga.

Sin embargo, a pesar de que en ninguna ciudad del territorio colombiano se nota tanto el legado de la diáspora africana como en Cartagena de Indias, y de que la traída de esclavizados es el hecho de mayor impacto en su conformación histórica, ningún tema ha sido más soslayado. Las dinámicas de exclusión trascienden lo discursivo. Los procesos de modernización urbana, desde los primeros años del siglo XX, hasta los de los tiempos actuales, se han caracterizado por establecer procesos de marginalización y desplazamientos fundamentados en componentes raciales. La historia de la ciudad está llena de referencias a la jerarquización de los espacios públicos y al desarrollo de prácticas de negación del disfrute de esos lugares a la población negra pobre.

En 1984, la Unesco declaró a Cartagena de Indias como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad. El uso de esta patrimonialización se ha basado fundamentalmente en la valoración estética de la arquitectura y poco o nada en la implementación de políticas públicas que defiendan o incluyan el patrimonio inmaterial de quienes hicieron posible, con su trabajo cotidiano, la edificación de las obras históricas que tanto se veneran. La valoración al componente humano se queda en los límites del reconocimiento a los arquitectos o a los ingenieros militares, pero no hay un interés por entender al pueblo negro que participó en este proceso.
Foto: periódico El Universal

Hace cinco años, Howard Donson, director del Centro para la Investigación de la Cultura Negra de Estados Unidos, dijo en la ciudad que «la restauración y conservación de las ciudades coloniales como Cartagena deben servir para mostrar el aporte de los afrodescendientes, que fueron sus verdaderos maestros y constructores, y no para honrar la memoria de la élite colonial, como pareciera suceder». De modo que el reconocimiento de los sitios de memoria afrodescendiente es una forma de reconocer el valor de esta población en la construcción de la sociedad y la cultura, y de buscar estrategias de inclusión ciudadana, en un espacio que ha estado marcado históricamente por las dinámicas de exclusión y marginalización sustentadas en el color de la piel.

Superando la exclusión y el racismo imperante contra esta población, es necesario fomentar una memoria histórica cotidiana que destaque la importancia de la influencia afrodescendiente en la construcción cultural y material de la ciudad. A pesar de que los recientes estudios históricos han demostrado hasta la saciedad que no se puede entender la formación de Cartagena desconociendo el aporte negro, la ciudad no se ha reconciliado con su memoria afrodescendiente.

Las prácticas sociales y los referentes urbanos existentes no han permitido convertirla en un lugar de memoria que recuerde la importancia histórica de esta población y resalte sus valores actuales. En el desarrollo de su vocación turística se ha privilegiado un discurso con pretensiones hispanistas y neocolonialistas, que ha dejado de lado toda la riqueza cultural y material de su herencia negra.

Hoy en día, en sitios como la Plaza de la Aduana y la Plaza de los Coches, escenarios por excelencia donde se desarrolló la compra y venta de esclavizados, no existe la más mínima referencia que les recuerde a quienes por allí se mueven, que en ese lugar se ubicaba el principal mercado de compra y venta de seres humanos traídos del continente africano.
Barrio Getsemaní de Cartagena. foto tomada de: http://lachachara.org/ 
En el barrio de Getsemaní existe también una traición a la memoria negra que se expresa de otra manera. En este vecindario se formó un importante grupo de artesanos negros y mulatos que jugaron un papel decisivo en el proceso independentista a comienzos del siglo XIX. Sin embargo, cada vez más, los descendientes de quienes construyeron su historia heroica son obligados a salir del espacio que habitaron toda la vida. Su pasado libertario terminará convirtiéndose en un simple suvenir para sus nuevos ocupantes y para quienes lo visitan.


Mientras la memoria de la población negra en Cartagena de Indias siga siendo incómoda –en pleno siglo XXI– la ciudad estará condenada a seguir repitiendo, como lo ha venido haciendo por años, modelos de desarrollo incapaces de construir soluciones de vida digna para la mayoría de sus habitantes negros y pobres.

Por Javier Cassiani, El Heraldo. 14 junio de 2015
http://www.elheraldo.co/cultura/afrodescendientes-en-cartagena-de-indias-una-memoria-incomoda-199528