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27 de marzo de 2017

EL EMBARQUE; relato de Eduardo Galeano

En unas cuantas palabras el escritor uruguayo hace una síntesis de la Trata Negrera, la responsabilidad de la Iglesia en este flagelo, y de las resistencias históricas de los africanos, animadas por sus religiones ancestrales.

Foto tomada de: http://trianarts.com/#sthash.0IRvHdI6.dpbs
El embarque
Autor Eduardo Galeano
Han sido atrapados por las redes de los cazadores y marchan hacia la costa, atados unos a otros por el cuello, mientras resuenan los tambores del dolor en las aldeas. En la costa africana, un esclavo vale cuarenta collares de vidrio o un pito con cadena o un par de pistolas o un puñado de balas. Los mosquetes y los machetes, el aguardiente, las sedas de China y los percales de la India se pagan con carne humana. Un fraile recorre las filas de cautivos en la plaza principal del puerto de Luanda. Cada esclavo recibe una pizca de sal en la lengua, una salpicadura de agua bendita en la cabeza y un nombre cristiano. Los intérpretes traducen el sermón: Ahora sois hijos de Dios... El sacerdote les manda no pensar en las tierras que abandonan y no comer carne de perro, rata ni caballo. Les recuerda la epístola de San Pablo a los efesios (Siervos, ¡servid a vuestros amos!) y la maldición de Noé contra los hijos de Cam, que quedaron negros por los siglos de los siglos. Ven el mar por primera vez y los aterroriza esa enorme bestia que ruge. Creen que los blancos se los llevan a un lejano matadero, para comérselos y hacer aceite y grasa de ellos. Los látigos de piel de hipopótamo los empujan a las enormes canoas que atraviesan las rompientes. En las naves, los amenazan los cañones de popa y proa, con las mechas encendidas. Los grillos y las cadenas impiden que se arrojen a la mar. Muchos morirán en la travesía. Los sobrevivientes serán vendidos en los mercados de América y otra vez señalados con el hierro candente. Nunca olvidarán a sus dioses. Oxalá, a la vez hombre y mujer, se disfrazará de san Jerónimo y santa Bárbara. Obatalá será Jesucristo; y Oshún, espíritu de la sensualidad y las aguas frescas, se convertirá en la Virgen de la Candelaria, la Concepción, la Caridad o los Placeres, y será santa Ana en la isla de Trinidad. Por 162 detrás de san Jorge, san Antonio o san Miguel, asomarán los hierros de Ogum, dios de la guerra; y dentro de san Lázaro cantará Babalú. Los truenos y los fuegos del temible Shangó transfigurarán a san Juan Bautista y a santa Bárbara. En Cuba Elegguá seguirá teniendo dos caras, la vida y la muerte, y al sur del Brasil Exú tendrá dos cabezas, Dios y el Diablo, para ofrecer a sus fieles consuelo y venganza.

Tomado de: Memoria del fuego, parte 1. Los nacimientos. 2002


11 de octubre de 2016

Haciendo memoria con Nicolás Guillén. Poema: EL APELLIDO

Con ocasión del 12 de  octubre, compartimos el siguiente poema del cubano, Nicolás Guillén, en el cual nos transporta hacia nuestros orígenes africanos, y nos recuerda lo dura que fue la trata negrera, y al final nos afirma en la libertad como razón de nuestras vidas. Anexamos el poema en la voz del autor.


EL APELLIDO

I
Desde la escuela
y aún antes… Desde el alba, cuando apenas
era una brizna yo de sueño y llanto,
desde entonces,
me dijeron mi nombre. Un santo y seña
para poder hablar con las estrellas.
Tú te llamas, te llamarás…
Y luego me entregaron
esto que veis escrito en mi tarjeta,
esto que pongo al pie de mis poemas:
las trece letras
que llevo a cuestas por la calle,
que siempre van conmigo a todas partes.
¿Es mi nombre, estáis ciertos?
¿Tenéis todas mis señas?
¿Ya conocéis mi sangre navegable,
mi geografía llena de oscuros montes,
de hondos y amargos valles
que no están en los mapas?
¿Acaso visitasteis mis abismos,
mis galerías subterráneas
con grandes piedras húmedas,
islas sobresaliendo en negras charcas
y donde un puro chorro
siento de antiguas aguas
caer desde mi alto corazón
con fresco y hondo estrépito
en un lugar lleno de ardientes árboles,
monos equilibristas,
loros legisladores y culebras?
¿Toda mi piel (debí decir),
toda mi piel viene de aquella estatua
de mármol español? ¿También mi voz de espanto,
el duro grito de mi garganta? ¿Vienen de allá
todos mis huesos? ¿Mis raíces y las raíces
de mis raíces y además
estas ramas oscuras movidas por los sueños
y estas flores abiertas en mi frente
y esta savia que amarga mi corteza?
¿Estáis seguros?
¿No hay nada más que eso que habéis escrito,
qué eso que habéis sellado
con un sello de cólera?
(¡Oh, debí haber preguntado!)

Y bien, ahora os pregunto:
¿no veis estos tambores en mis ojos?
¿No veis estos tambores tensos y golpeados
con dos lágrimas secas?
¿No tengo acaso un abuelo nocturno
con una gran marca negra
(más negra todavía que la piel),
una gran marca hecha de un latigazo?
¿No tengo pues un abuelo mandinga, congo, dahomeyano?
¿Cómo se llama? ¡Oh, sí, decídmelo!
¿Andrés? ¿Francisco? ¿Amable?
¿Cómo decís Andrés en Congo?
¿Cómo habéis dicho siempre
Francisco en dahomeyano?
en mandiga ¿cómo se dice Amable?
¿O no? ¿Eran, pues, otros nombres?
¡El apellido, entonces?
¿Sabéis mi otro apellido, el que me viene
De aquella tierra enorme, el apellido
Sangriento y capturado, que pasó sobre el mar
Entre cadenas, que pasó entre cadenas sobre el mar?
¡Ah, no podéis recordarlo!
Lo habéis disuelto en tinta inmemorial.
Lo habéis robado a un pobre negro indefenso.
Lo escondisteis, creyendo
Que iba a bajar los ojos yo de la vergüenza.
¡Gracias!
¡Os lo agradezco!
¡Gentiles gentes, thank you!
Merci!
Merci bien!
Merci beaucoup!
Pero no… ¿Podéis creerlo? No.
Yo estoy limpio.
Brilla mi voz como un metal recién pulido.
Mirad mi escudo: tiene un baobab,
Tiene un rinoceronte y una lanza.
Yo soy también el nieto,
Biznieto,
Tataranieto de un esclavo.
(Que se avergüence el amo)
¿Seré Yelofe?
¿Nicolás Yelofe, acaso?
¿O Nicolás Bakongo?
¿Tal vez Guillén Banguila?
¿O Kumbá?
¿Quizá Guillén Kumbá?
¿O kongué?
¿Pudiera ser Guillén Kongué?
¡Oh, quién lo sabe!
¡Qué enigma entre las aguas!

II
Siento la noche inmensa gravitar
Sobre profundas bestias,
Sobre inocentes almas castigadas;
Pero también sobre voces en punta,
Que despojan al cielo de sus soles,
Los más duros,
Para condecorar la sangre combatiente.
De algún país ardiente, perforado
Por la gran flecha ecuatorial,
Sé que vendrán lejanos primos,
Remota angustia mía disparada en el viento;
Sé que vendrán pedazos de mis venas,
Sangre remota mía,
Con duro pie aplastando las hierbas asustadas;
Sé que vendrán hombres de vidas verdes,
Remota selva mía,
Con su dolor abierto en cruz y el pecho en llamas.
Sin conocernos nos reconoceremos en el hambre,
En la tuberculosis y en la sífilis,
En el sudor comprado en bolsa negra,
En los fragmentos de cadenas
Adheridos todavía a la piel;
Sin conocernos nos reconoceremos
En los ojos cargados de sueños
Y hasta en los insultos como piedras
Que nos escupen cada día
Los cuadrumanos de la tinta y el papel.
¿Qué ha de importar entonces
(¡Qué ha de importar ahora!)
¡Ay! mi pequeño nombre
De trece letras blancas?
¡Ni el mandinga, bantú,
Yoruba, dahomeyano
Nombre del triste abuelo ahogado
En tinta de notario?
¿Qué importa, amigos puros?
¡Oh, sí, puros amigos,
Venid a ver mi nombre!
Mi nombre interminable,
Hecho de interminables nombres;
El nombre mío, ajeno,
Libre y mío, ajeno y vuestro,
Ajeno y libre como el aire.

Nicolás Guillén,
Cuba

4 de septiembre de 2015

Ser Afrocolombiano ayer y hoy

Desde el siglo XVI los historiadores marcan que entre 150 mil y 200 mil africanos esclavizados entraron por Cartagena de Indias en las actuales tierras colombiana. De éstos más o menos 80 mil se quedaron en Colombia y posteriormente el resto fue distribuido hacia países vecinos como Ecuador, Panamá y Perú. Los esclavizados eran comprados en Cartagena y Mompox dirigiéndolos hacia el centro del país a través de los ríos Cauca y Magdalena.

Diana Lucía Benítez Ávila

Los primeros años de esclavitud por motivos estratégicos se prefería a los varones para los trabajos en las minas y en las haciendas, despreciaban a los ancianos y a los niños. Con el paso del tiempo y “ahorrar en nuevas compras” cambiaba la estrategia y se da más importancia a las mujeres esclavas, las cuales garantizaban a los colonos el nacimiento de más esclavos.

A medida que va pasando el tiempo, los colonizadores buscaron nuevas formas de utilizar a los esclavizados, a las mujeres les asignaron el trabajo doméstico especialmente en las principales ciudades del país; e inclusive en otras partes, los niños fueron forzados a trabajar como artesanos.
El esclavo se convirtió entonces en fuente de ingreso para el amo, donde se les despachaba por la mañana y debían regresar en la noche con dinero para ellos, esta exigencia de llevar la renta diaria dio origen en algunas mujeres y niñas a acudir a la prostitución por miedo a ser asesinadas.
La esclavitud fue llegando a niveles cada vez más denigrantes e inhumanos.


Los castigos 

En la necesidad de desarrollo y crecimiento del capitalismo propio de la época y en afán de obtener mayor ganancias en la producción generada por el trabajo de los esclavos, éstos eran sometidos a infinidad de castigos llevándolos al extremo y en la mayoría de casos a la muerte.
Por ejemplo mientras que los esclavizados trabajaban, éstos eran vigilados por sus capataces y ellos al ver algún intento de descanso inmediatamente los castigaban con el látigo, sin recibir alimento, ni agua y esto les suponía sufrir de desnutrición ya que se veían obligados a trabajar incluso enfermos sin ningún tipo de consideración.
En otros casos, si el esclavo trataba de huir o uno de sus familiares, los capturaban, los colgaban de una viga y les daban 50 latigazos o más. Si el líder era el que huía, era cortado en pedacitos y colocado sus partes en diferentes lugares de las plazas para que los demás lo vieran y no lo intentaran o sabían que les ocurriría lo mismo.


Por otra parte, si una mujer embarazada cometía un delito, se hacía un hueco en la tierra donde se metía la barriga y en la espalda le daban rejo: les rompían los tendones del pie y les hacían cargar un hierro pesado.
Otros castigos a los cuales eran sometidos eran: el corte de la lengua, cuando hablaban su idioma nativo, el vaciamiento de un ojo, la castración, el baño en aceite hirviendo, les cortaban las orejas, en algunos casos les cortaban alguna extremidad como manos o pies, encierro en lugares fríos y oscuros como los calabozos sin ninguna comodidad; todo esto reglamentado en las leyes.


Todos deben hablar una sola lengua y tener una sola religión

Para obligar a los nativos a olvidar su lengua y sus creencias los separaban de su grupo y los mezclaban con personas de otras tribus. Los doctrineros católicos hicieron su parte obligándoles a asumir la nueva doctrina con el bautismo. Aun así, personajes como los Jesuitas Alonso de Sandoval y Pedro Claver lograron ver con ojos de misericordia a los maltratados por el régimen esclavista.
A pesar de la imposición religiosa, con el tiempo los africanos en américa rescataron sus tradiciones religiosas, en muchos casos mezcladas u ocultas en los ritos católicos. Estas expresiones se evidencian en ritos que se han conservado de generación tales como el ritual mortuorio, el agua del socorro, los alumbraos a los santos, los alabaos y los arrullos; de hecho la utilización de la cruz les permitió reencontrar el alma del pueblo negro identificando el sufrimiento del Cristo con el propio.


En la actualidad

La ley 70 de 1993 tiene como objetivo reconocer a las comunidades negras, que han venido ocupando tierras baldías en las zonas rurales caribeñas de los ríos de la cuenca del pacífico, de acuerdo con sus prácticas tradicionales de producción y el derecho a la propiedad colectiva; y es así como se estableció este mecanismo que permite u cierto nivel de protección a la identidad cultural, del desarrollo económico, social, y de la igualdad.
Y gracias a ésta y a otros movimientos de lucha por los derechos como la del 1 de enero de 1852 donde fue abolida la esclavitud en Colombia por el entonces presidente José Hilario López, ha sido posible que este fenómeno haya acabado con la explotación que tuvo que vivir este pueblo.
Por otra parte, aún existe en el país el Palenque de San Basilio, el más significativo por haber sido el primer lugar libre de Colombia y de América Latina, reconocido por la corona española como heredero de la lucha iniciada por Benkos Biojó en el palenque de la Matuna; declarado por la UNESCO como patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad.

Datos

Las zonas de mayor predominio de población afrocolombiana son aquellas que presentan los más bajos índices de calidad de vida del país, el ingreso per cápita promedio esta población se aproxima a los 500 dólares anuales, frente a un promedio nacional superior a los 1500 dólares.
El 75% de la población afro del país recibe salarios inferiores al mínimo legal y su esperanza de vida se ubica en un 20% por debajo del promedio nacional. La calidad de la educación secundaria que recibe la juventud afrocolombiana es inferior en un 40%, al compararla con el promedio nacional.

En los departamentos del Pacífico colombiano, de cada 100 jóvenes afros que terminan la secundaria, sólo 2 ingresan a la educación superior. Aproximadamente el 85% de la población afrocolombiana vive en condiciones de pobreza y marginalidad, sin acceso a todos los servicios públicos básicos.