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23 de octubre de 2012

En Tumaco, 50 jóvenes desafían un destino violento


El fútbol suele ser un alivio en medio de las balas. En esta cancha de arena, ubicada en el barrio Nuevo Milenio de Tumaco, hay jóvenes que se negaron a la violencia, que prefieren correr detrás de un balón.

Ellos no matan, ni roban, ni extorsionan. Historia de chicos anormales.
Por: Laura Marcela Hincapié Serna, enviada especial a Tumaco

Y su tío insistía. En la mañana, en la tarde, en la noche. A veces, le pasaba uno que otro billete de $20.000 para tentarlo. “Hágale mijo, no sea pendejo”. Y John Edward que no, que él no quería meterse con esa gente, que lo dejara sano.

El trabajo que debía hacer el pelado de 16 años, según su tío, era tan sencillo como el de un mensajero: parcharse en una esquina, entregar paquetes, avisar la llegada de los tombos, cobrar las cuotas a comerciantes. El sueldo: $300.000 mensuales.

En Tumaco a los menores que cumplen estas funciones se les conoce como campaneros. La mayoría trabaja para los grupos armados que se pelean, que se matan por el municipio: las Farc y ‘Los Rastrojos’. El 50% de los miembros de estas bandas, según lo estiman las autoridades, corresponde a adolescentes que empiezan así, como mensajeros, y luego se convierten en sicarios, extorsionistas, reclutadores.

John Edward sigue firme. La voz no le tiembla para rechazar a su tío. Y eso que su hermano aceptó hace un año esa propuesta y su primo también y su amigo y su cuñado y el hijo del señor de la tienda...

Pero si el muchacho tuvo que dejar el bachillerato porque no tenía plata para la matrícula; si pensar en una universidad para él es un sueño tan ingenuo como ser presidente, astronauta, estrella de rock; si su mamá es conchera (recoge piangua) y no gana más de $20.000 a la semana; ¿Por qué se niega a aceptar la propuesta de su tío? ¿Por qué no quiere ganarse $300.000 fijos al mes? ¿Acaso está loco?

En el puerto solo el 1% de los jóvenes va a la universidad, el 40% no acaba el bachillerato. En la Universidad de Nariño, la única institución pública en el municipio, las matrículas son inalcanzables para las familias que viven de la pesca: $600.000 el semestre, el doble de lo que cuesta en Pasto.

***

Francisco se amarra los guayos y se sube las medias hasta la rodilla; Steven ya está parado en la portería, un arco hecho con palos de guadua; Julián escribe en un cuaderno de ositos la lista de los jugadores de hoy sábado 20 de septiembre; Jeison, Alex, Carlos, Mauricio, están calentando en la mitad de la cancha.

El uniforme: pantalonetas, camisetas manga sisa, gorras al revés, aretes en las orejas, las cejas. No parecen futbolistas, lucen como un grupo de cantantes de rap que cayó en ese lugar por accidente.

La escena ocurre en la sede del Centro Afro del barrio Nuevo Milenio de Tumaco, uno de los más violentos del municipio, donde en cada esquina los habitantes han visto a hombres disparar; agonizar, morir.

La cancha es un rectángulo de arena encerrado por mallas de alambre. En el lugar hay un afiche de tela que se mueve con el viento de las 5:00 p.m.: “Los pacíficos somos más, te invitamos a construir la paz”. Alrededor hay 10 jóvenes sentadas en pupitres esperando que empiece el partido, parece que estuvieran listas para recibir una clase. Quizá sea así. En ese lugar a los menores se les enseña que el destino, ese que parece tan predecible en un puerto donde los niños aprenden a hablar en medio del eco de disparos y el estallido de bombas, puede cambiar de rumbo, como un partido de fútbol, como un gol en el último minuto.

Este año en Tumaco han sido aprehendidos 40 adolescentes, 28 más que el año anterior: un aumento del 122%, según la Policía Nariño. Los delitos: homicidio, extorsión, hurto a personas, porte ilegal de armas de fuego, tráfico de estupefacientes.

John Edward, el del tío insistente, es el capitán del equipo. Hace un año está a cargo de los muchachos que se reúnen todas las tardes a patear el balón. Al Centro asisten en total 50 adolescentes que, también, ayudan en lo que resulte.

La vida trae contradicciones: en el municipio donde los jóvenes están acostumbrados a matar por $100.000, transportar droga por $50.000, vigilar calles por $30.000, extorsionar a la señora de los chontaduros por $2.000, también hay pelados que trabajan gratis: limpian las calles, llevan mercados a los necesitados, construyen casas para los ancianos.

***

Curioso que un hombre llegue del otro lado del mundo para enfrentar una guerra ajena. Difícil de creer que el destino regale la fortuna de nacer lejos de la miseria, de la violencia, y, aún así, te empeñes en buscarlas. 
El sacerdote José Luis Fonsilla ahora está sentado en una silla Rimax, descarga sus brazos huesudos en una mesa redonda de madera. La casa donde vive es pequeña, oscura, con paredes de ladrillos mal pintados de amarillo, rojo, verde, rosado. 

En una de las paredes hay dos mapas pegados con cinta, uno es de Nariño, el otro de Colombia. Seguro están desde hace cinco años, cuando recién llegó de España a un país del que solo había escuchado su nombre. Al fondo del lugar hay una cocina improvisada con un mesón de madera donde están tirados vasos de aluminio, vasijas plásticas, envases de gaseosa. Todo en desorden, como si un temblor acabara de ocurrir. 

El hombre alto, pelo negro, se quita los lentes, se frota los ojos, empieza el relato. Cuenta que siempre quiso vivir así, sin lujos. Por eso hace quince años salió de Madrid huyendo de la vida cómoda que tenía. Lo hizo justo después de terminar su carrera de Química. Nunca le interesó ejercerla, él solo quería viajar por el mundo, ayudar a las comunidades pobres. Así como hay jóvenes que rompen la tradición violenta de un pueblo, también hay hombres capaces de dejarlo todo por extraños. 

Viajó a Portugal, Ecuador, Perú, hasta llegar al barrio Nuevo Milenio de Tumaco, por orden de los Misioneros Combonianos. Entonces, el hombre que no quería ser químico hizo el experimento de su vida: se le ocurrió crear un sitio donde niños y adolescentes pudieran ir a leer, trabajar en proyectos con la comunidad, formarse como líderes. Así, con el apoyo de la Iglesia, nació hace dos años el Centro Afro.

El padre recuerda que lo primero que hizo fue hallar un sitio para la cancha de fútbol: el deporte suele ser un alivio en medio de las balas. También creó una biblioteca que, luego de 24 meses, parece nueva: solo tiene 200 libros.

El Centro tiene seis computadores y dos máquinas para estampar camisetas que los jóvenes venden. José sonríe cuando recuerda lo que ha logrado en el puerto. Cuenta el caso de una muchacha de 15 años que un día llegó a su casa gritando ¡Me quiero suicidar! La jovencita había terminado el bachillerato y quería ir a la universidad, pero no tenía dinero. Su madre ya le había advertido que debía trabajar como empleada. El sacerdote le prometió ayuda, la niña confió en él: a los dos meses ya tenía una beca en el Sena.

En Tumaco cinco de cada diez niñas trabajan en el servicio doméstico porque no tienen acceso al estudio. Muchas, por eso, terminan vinculadas con los grupos armados, la mayoría como informantes. Otras se enamoran, quedan embarazadas de guerrilleros, luego viudas.

 ***

Ese sábado el partido terminó a las 7:00 p.m. La noche apenas estaría comenzando para muchos jóvenes de Tumaco que salen en sus motos a recorrer los bares de la playa El Morro, a buscar problemas en los barrios, a veces, a hacer disparos al aire para infundir miedo, para que los respeten, porque -dicen las autoridades- los muchachitos armados se sienten dueños del pueblo.

Para los pelados del Centro Afro la jornada terminó. El padre José les recuerda que al día siguiente tienen una reunión para organizar las próximas actividades. ¿Y ahora no salen por ahí, a dar una vuelta? Angie: 16 años, pelo negro, ojos grandes; se apresura a responder: “Aquí es mejor no dar lora”. Ella todos los días se encierra en su casa a las 8:00 p.m.

Sus compañeros asienten con la cabeza, dándole la razón. Francisco aclara que salir es un riesgo. ¿Acaso los pelados que le dicen no a la violencia también tienen que esconderse? Los chicos del Centro Afro explican que ser diferente resulta ser una especie de pecado. John Edward recuerda a su tío, acechándolo. Es que -dice- todos tienen un amigo, un familiar que está en los grupos armados y que siempre está allí, haciendo ofertas, presionando. Entonces, cuando se cansan, los amenazan, los obligan a irse. “Nos cogen bronca porque dicen que somos anormales”.

En los últimos cinco años más de 20 adolescentes han tenido que abandonar el barrio Nuevo Milenio debido a las amenazas de los grupos armados. Ninguno de ellos quiso vincularse con las armas; les cobraron su rebeldía.

Otras veces, los policías se convierten en enemigos. Como los ven así -dice Steven- con gorras, aretes, entonces los tildan, también, de delincuentes. El padre González cuenta que en varias ocasiones ha tenido que salir a defender a sus muchachos; ya ha jurado por varios santos que ellos son tranquilos que -así ni las autoridades lo crean- en Tumaco hay un grupo de jóvenes que no ha caído en las armas. ¿Por qué estos 50 adolescentes insisten en ser pacíficos, así los persigan, los insulten, no les crean?

Tania cuenta que, con solo 15 años, ya ha visto morir a cinco amigos que se vincularon a los grupos armados. La última fue Diana. Hace un mes a la muchacha le pegaron dos tiros. En el barrio dicen que fue un tipo de ‘Los Rastrojos’ que le cobró ser la novia de uno de sus enemigos: un guerrillero de las Farc. Carlos, Mauricio, Francisco, Marcela, Andrea, Yeison; cuentan una historia similar.

En el 2011 catorce menores de edad fueron asesinados en Tumaco. Este año, de acuerdo con la Policía, terminará con una cifra aún mayor: a la fecha ya van 16.

Entonces, el recuerdo de los cuerpos cayendo al piso es suficiente para ellos, al menos, para esos 50 jóvenes que hoy contradicen un destino violento. Ya son las ocho de la noche y Angie tiene que entrarse a la casa. El resto también.

Fuente: http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/ 

Ver también:

http://www.semana.com/nacion/maldicion-tumaco/183318-3.aspx

http://www.eltiempo.com/justicia/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12166213.html

http://www.elespectador.com/noticias/nacional/articulo-370124-se-restablece-servicio-de-energia-tumaco

http://www.elpais.com.co/elpais/economia/noticias/cultivadores-palma-tumaco-piden-apoyo-nacion

 

10 de mayo de 2012

Resumen de noticias abril - mayo 2012


Lista Panamá para realizar festival internacional afro este mes
Kayra Harding, dirigente de la Red de Mujeres Afro Panameñas, aseguró que el AfroFestival 2012 hará que el país tome el liderazgo regional al ser sede de un evento que busca resaltar la imagen social de esa etnia en la sociedad.
Nos próximos dias 11 e 12 de maio (sexta e sábado), a São Paulo Turismo (SPTuris, empresa municipal de turismo e eventos) estará presente no “Seminário de Turismo Afro-brasileiro: Desafios e Oportunidades”, organizado pela Coordenadoria de Assuntos da ... (Traducción automática [T. A.] en http://is.gd/PNRpw2)

Uma das apostas certeiras para noivas com cabelo afro é o penteado com fios soltos eum arranjo na cabeça. Esse look lindo e simples valoriza o tipo físico e deixa a mulher deslumbrante. No entanto, assumir os cachos e deixá-los com o contorno... (T. A. en http://is.gd/fBLTyn)

Festival Luso Afro Brasileiro inicia atividades no dia 13 de maio
O Ceará se transforma, esse ano, em pólo catalizador e irradiador do intercâmbio cultural, social e econômico dos países de língua portuguesa, com a realização do FestFilmes – Festival do Audiovisual Luso Afro Brasileiro. (T. A. en http://is.gd/dQRTGf)


Canadá

OPINION: The growing challenges of the Afro Canadian Caribbean community
While there is no denial of its liberal immigration policies, there are going concerns and observations that the nation is becoming more exclusive than inclusive and the population facing the brunt of social exclusion are people of Afro Canadian and ...  (T. A. en http://is.gd/u2Wh83)


Perú
 
Patrulla Barbadillo, el afro entre las sombras
De tanto comer fútbol, por el empacho de la actualidad, me ha apetecido contar sobre el negro del afro que regateaba jugadores más ricos que él en el calcio 80. De una sombra que está sentada, tomando mate, en el hemisferio derecho de mi cabeza.


Venezuela

Un pueblo afrovenezolano que defiende y preserva su pasado
La música, determinada por el tambor indudablemente, es uno de los elementos que nos hace identificar y distinguir a nivel local, regional e internacional como pueblo afrovenezolano, cargado de historia y valores culturales...


Grupo afrovenezolano Herencia, una vuelta a los ancestros
La Habana (PL) Una retrospectiva hacia los ancestros materializa el grupo afrovenezolano Herencia desde su nacimiento en 1999. Sus éxitos sobrepasan hoy los límites de América Latina y el Caribe, para llegar a países de Europa y África.   Ver noticia alterna

Día de la Afrovenezolanidad recordará la rebelión de José Leonardo Chirino
Recalcó que es a partir de la llegada de la revolución cuando el afrovenezolano ha logrado reivindicaciones importantes y mencionó que el año pasado se promulgó la Ley contra la Discriminación Racional y se está creando el Instituto contra la ...


23 de abril de 2012

El boxeo de Soplaviento pelea contra la miseria



Por: ESTEWIL QUESADA FERNáNDEZ ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO | 7:33 p.m. | 23 de Abril del 2012


Plácido Ramírez (i) y Luis Miguel Ruiz (d), boxeadores de Soplaviento (ver Galería)

En corto tiempo, el boxeo se convirtió en el deporte símbolo de este pueblo de Bolívar.

Aunque jamás había lanzado atarraya, Luis Miguel pensaba, a los 13 años, que su futuro marcaba ser un pescador más de Soplaviento, el municipio bolivarense a orillas del canal del Dique, ese brazo del río Magdalena construido por el hombre que desemboca en Cartagena.

Pero todo cambió después de una jornada de estudios de tercer grado, una tarde del 2007, cuando salió de su casa a la calle del Comercio, paralela y a 30 metros del Dique, y llegó al patio de la Cooperativa Integral de Pescadores, donde había visto días atrás a un grupo de adultos entrenar boxeo. 

-Profe, ¿yo puedo entrenar? -le preguntó de inmediato a quien impartía órdenes.

-Sí -respondió Jaime Cassiani, el director técnico-. ¿De quién eres hijo?

-De 'Nino' -dijo (en Soplaviento todos sus habitantes tienen apodos y por estos se conocen).

-Ese es como mi hermano -manifestó el hombre-. Ve a casa, ponte ropa deportiva y enseguida comenzamos.

Al rato, estaba de nuevo en el patio con camiseta, pantaloneta y unos zapatos que él mismo dice "eran de salir" (de cuero). Cassiani no lo aceptó por ese calzado. "Te joden los riñones", esgrimió. Regresó a casa frustrado. Eran los únicos que tenía y, por consiguiente, no podía practicar.

-¿Qué te pasa, Luis Miguel? -le preguntó una vecina, al llamarlo a su casa tres días después, al notar su tristeza.

-Quiero entrenar boxeo y no tengo tenis -contestó.

-No te preocupes, espérame un momento -dijo Consuelo Ramírez, la vecina, mientras de la sala pasaba a un cuarto-. Mira estos: se le quedaron a mi hijo, pero a ti te quedan bien... Te los regalo.

Así, esa misma tarde, con esos zapatos azules con figuras blancas, cuya marca no recuerda, sin importar que eran talla 37 cuando él calzaba 35, comenzó en firme la carrera de Luis Miguel Ruiz Mendoza, el actual campeón nacional juvenil de boxeo en la división de los 49 kilogramos.

El deporte del pueblo

Soplaviento es un municipio sin corregimientos, ubicado a 55 kilómetros de Cartagena y fundado por Pedro de Heredia, en 1533. Está ubicado a 26 metros sobre el nivel del mar y, según la creencia popular, el nombre lo tomó cuando era vereda, en un paso de Simón Bolívar. Dicen que el Libertador, agobiado por el calor, se refugió bajo un árbol y exclamó: "¡Sopla viento!".

El boxeo se practicaba desde hace tiempo. Pero nunca de manera organizada. Hasta que hace cinco años -luego de 20 de ausencia- regresó un hijo del pueblo, Jaime Cassiani, exboxeador aficionado en Barranquilla, y se decidió a fundar el Club de Boxeo El Coimbre, con el apoyo de amantes del deporte de los puños.

En estos cinco años, han ganado un centenar de medallas, buena parte recolectada por siete campeones nacionales surgidos de los últimos torneos infantil, júnior y juvenil, siendo la base de la selección Bolívar. Tanto que ahora, con miras a Juegos Nacionales, aportan a tres de los 14 preseleccionados concentrados en Cartagena (Ruiz y los primos Plácido y Saider Ramírez), los tres residentes de la misma calle del Maracaná, barrio que nació como invasión hace cerca de un cuarto de siglo.

Pero el prestigio obtenido contrasta con la pobreza en la que se preparan sus boxeadores, todas las tardes, de lunes a viernes. El lugar sigue siendo el patio de la Cooperativa Integral de Pescadores, una casa de esquina, de barro, pintada de blanco y verde, que solo se ocupa en reuniones los sábados y domingos.  

Ese patio, en tierra, al lado de un estadero, sin pared que los separe, y donde se escucha música vallenata a toda hora, en medio de discusiones de los jugadores de tres mesas de buchacara, cuenta con un árbol de trupillo, otro de dividivi y un tercero de totumo, donde cuelgan cinco sacos. Además, enterrados en la arena, dos tubos de PVC rellenos, una vara atravesada y una cabuya. Todo esto sirve para preparar a los muchachos con sueños de campeones. 

El lunes de la visita de EL TIEMPO, el 26 de marzo pasado, cada vez que Delkin Miranda -una tromba con guantes que ha ganado tres títulos nacionales en infantil y júnior- golpeó un saco negro con la figura de Muhammad Alí el trupillo se estremeció.

"Un día, a un pupilo, José Jinete, campeón nacional infantil, un totumo le partió la cabeza", cuenta Cassiani, cuya casa, a 80 metros del gimnasio, con el Dique como patio, es la bodega de implementos: además de los sacos, 2 peras, 7 guantes, 6 cabezotes y 2 pares de guantaletas.

Realidad estremecedora

Pero si es rudimentario el escenario, la realidad de algunos púgiles resulta estremecedora. Como el caso del campeón nacional Luis Miguel Ruiz, quien en un rancho de barro y madera de no más de 42 metros cuadrados, sin piso y con plásticos haciendo de pared, comparte con cinco de sus ocho hermanos y su madre, Mirna. Su padre, Marcelino, llevaba tres meses hospitalizado en Barranquilla. 

"Aprendí a pescar a los 14 años y tengo dos atarrayas que yo mismo tiro, para rebuscarme unos pesos, pero lo mío es el boxeo -dice Ruiz, a quien apodan 'Chicanerito' y es admirador del excampeón mundial 'Happy' Lora-. Me siento soplaventero porque llegué aquí a los 7 años de Barranquilla, donde nací y practiqué por corto tiempo boxeo bajo la dirección de Pedro Marchena".

Está dentro del rancho, cuya puerta de la calle, de zinc, no cubre todo el espacio y puede ponerse en cualquier lugar porque carece de bisagras y seguridad. Dos sillas en la sala y una mesa en el fondo, en la cocina, son todo en el ala derecha. A la izquierda, al fondo, un cuarto de San Alejo, donde reposa una bicicleta dañada. Adelante, en un espacio de 3 por 5 metros, el único cuarto, lleno de almanaques y con un televisor de 14 pulgadas a blanco y negro que no sirve, junto con dos camas dobles de 1,40 por 1,90 metros.

"Yo duermo en esta -dice, señalando la del fondo, que tiene un toldo para contrarrestar los mosquitos-. Duermo con dos de mis hermanos. Y en la otra, mi mamá y mis dos hermanas. El sábado, que regresé a Soplaviento por primera vez en dos meses, por estar concentrado en Cartagena, no dormí por incomodidad. El domingo ya me acostumbré".

Esa concentración en Cartagena le ha servido porque es deportista apoyado por Iderbol y recibe 500.000 pesos mensuales, 400.000 de los cuales le entrega a Mirna, que ya los debe por fiados en tiendas para los gastos de la casa.

"En el barrio la gente me quiere -sostiene Ruiz, estudiante de octavo grado en Cartagena-. Durante semanas, como en la inundación de diciembre del 2010, cuando el agua nos llegó a las rodillas, me alimenté en casa del entrenador Cassiani. La hija de mi vecina que me regaló los zapatos, Yazmín Ibarra, cuando sabe que tengo hambre me da yuca y pescao". 

El campeón Ruiz ha pensado en retirarse, pero sigue porque a través del boxeo quiere sacar de la pobreza a su familia. Y por eso, asegura, ha llorado de felicidad, como ocurrió en Barranquilla, cuando ganó en octubre pasado el Nacional Juvenil, y de tristeza, en febrero último en Cartagena, en la Copa La Candeleria, por no estar con su papá. 

Y el último llanto fue el Jueves Santo, a las 6:37 de la mañana, cuando llamó al celular del periodista: "Profesor -dijo sin poder contener sus lágrimas-, me llamaron ahora para informarme que acaba de morir 'Nino', mi papá...". 

Pueblo con malos servicios públicos 

En sus 12 calles y 28 carreras, Soplaviento apenas cuenta con 150 metros de pavimento. El gas llegó hace poco, carece de alcantarillado y el servicio de energía es tan deficiente, con irregularidades en el voltaje, que afecta los electrodomésticos y no permite que el agua llegue de manera normal a las casas. Es cuna de Catalino Parra, el afamado integrante del grupo musical Gaiteros de San Jacinto.

Sus 9.000 habitantes dependen económicamente de la pesca de mojarra lora, bagre, arenca, entre otras especies, del canal del Dique y de la ciénaga Capote. La cobertura educativa es del ciento por ciento, pero solo hay un escenario deportivo como tal: el estadio de béisbol menor, también utilizado para sóftbol. Y deportistas de élite no han salido del municipio (el exboxeador Tomás Orozco, selección Colombia, nació en Soplaviento, pero se crió y se hizo en Cartagena).

Estewil Quesada Fernández
Enviado especial de EL TIEMPO


Fuente: http://www.eltiempo.com/deportes/otrosdeportes/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-11638022.html


La vida, una carrera de obstáculos para este semillero de atletas en Turbo



Por: FABIáN M. ROZO CASTIBLANCO ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO | 9:41 p.m. | 23 de Abril del 2012


Sin zapatos, sobre canchitas de 'banquitas', entrenan las jóvenes promesas del atletismo en Turbo (ver galería).

En Turbo, los sueños de títulos y campeonatos desafían la pobreza y la violencia.

La pregunta buscaba un detalle y encontró una realidad.

-¿Que cuánto calzo...? 

Ese, se convirtió en uno de los tantos interrogantes sin respuesta en la vida de Diana*, cuyo silencio pronunciado y mirada perdida terminan hablando por ella. Lo desconoce, está claro, pero no es cuestión de descuido. La razón se cae de su peso: desde niña está acostumbrada a andar sin zapatos.

Antes que a leer o escribir, aprendió a correr descalza en las calles de tierra y piedras del sector más deprimido de Turbo.  Primero lo hizo para no dejarse alcanzar de sus padres cuando querían castigarla por una que otra travesura y, luego ya de adolescente, emprendió innumerables carreras cuando las riñas entre pandillas así lo obligaron.

 - ¿Por qué no soy de Bocas del Atrato como mis padres y mi hermano mayor?

Por el desplazamiento forzoso de sus papás, nació en este municipio antioqueño hace 17 años, refugio transitorio y aparente de la violencia que los desterró. 

Una mañana de septiembre del 2005, se despidió de papá. Sin saberlo, lo hizo para siempre. Fue la última vez que lo vería con vida. Salió a comerciar artículos a un corregimiento aledaño y nunca regresó. 

Sin figura paterna y con una madre que tuvo que multiplicarse en labores para llevar dinero y comida a sus tres hijos, Diana optó por la calle. Y la calle en Turbo, como en tantos otros lugares, es riesgosa, más si se habla de la calle en lugares marginales, en barrios en los que lo poco que hay se disputa a muerte, en un mundo de hurto y drogas. 

Cordones sueltos

 - ¿En qué momento decidí cambiar?

La delincuencia parecía amarrarla, pero el deporte la liberó. En mayo del año pasado, mientras veía a sus primos jugar fútbol, se le acercó uno de los  entrenadores** de atletismo en la zona de Urabá, quien la invitó a que hiciera una prueba de 100 metros.  

"No fue fácil convencerla, me dejó hablando solo, pero a las dos semanas se apareció y, una vez corrió, no paró de hacerlo". La propia Diana lo confirma: "Al practicar deportes aprendes cosas y recapacitas. Cambié el desorden, ya que me gustaba hacer maldades, y desde que soy atleta ya no callejeo más".   

En casi un año, su elección ha dejado huella. Es ejemplo del barrio y a diario, una romería de niños y adolescentes tocan la deteriorada puerta de madera de su casa. "Me despiertan y todo para que nos vayamos a practicar", dice mientras sonríe. Esa risa se la ha devuelto de a poco el deporte.   

Hoy, son 307 los jóvenes de Turbo que se forman en atletismo (velocidad, saltos, relevos, pruebas múltiples y vallas), y pesas. Número considerable, pero escenarios insuficientes e implementación precaria o nula, por lo que la programación de entrenamientos arranca a las 5 de la mañana y termina a las 9:30 de la noche. "Nos toca entre el polvo o el barro cuando llueve, pero no nos preocupamos por lo que no tenemos sino que queremos y apreciamos demasiado lo poco con lo que contamos para trabajar",  dice con resignación su técnico.

"Valoramos una barra de pesas así esté oxidada o un disco roto, todo nos sirve. Carecemos de implementos, pero colocamos palos atravesados o hacemos el salto alto sin colchonetas", explica el instructor, que les enseña los movimientos, luego los turna para mostrarles videos en su casa y ya en la competencia es que los muchachos vienen a experimentar la caída real. Aún así ganan y son potencia en la región al aportar, en promedio, el 60 por ciento de los atletas de las selecciones Antioquia. 

Suelas rotas

- ¿En qué condiciones vivo?

No solo contra las limitaciones luchan los jóvenes prospectos, también intentan ganarle la carrera a la violencia, tan presente como la misma pobreza en Turbo, el municipio que más población desplazada recibe en el país, proveniente de Córdoba, Chocó e incluso territorio antioqueño.

Según estudios, en el casco urbano existen nueve pandillas, de las que hacen parte 208 adolescentes. "La intención es rescatarlos de ese entorno, como se logró hace ocho años cuando de 360 muchachos que sacamos de la calle, solo dos reincidieron", destacó Martha Cecilia Moreno, directora del Instituto Municipal para la Protección de la Niñez y la Juventud (Imupronj). 

"En estos grupos se han detectado jóvenes entre 14 y 18 años, que enfrentan las mismas necesidades de pobreza, comparten intereses comunes y llegan a esta situación por la falta de oportunidades y de educación, además de pertenecer a un núcleo familiar desarticulado, por ausencia de padre o de madre, o de los dos", explica Jhon Chávez, capitán de la Policía y comandante de la estación municipal desde hace dos meses.

Moreno, al conocer de cerca la problemática, se muestra alarmada por la cifra de asesinatos de jóvenes: 70 en los últimos cuatro años. En el primer trimestre de este 2012 no más, cinco perdieron la vida. Por eso le apuesta al proyecto de rehabilitación de jóvenes, en el que el deporte "es un componente esencial en esa estrategia de ofrecerles otras alternativas de manejo del tiempo libre".

Pregunta final

Diana lo entendió a tiempo y en cuestión de meses, gracias al atletismo, ya montó en avión y estrenó pasaporte. Fue en noviembre pasado por el Plan Integral de Prevención 20+ de la Cancillería, que pudo conocer al mismísimo Usain Bolt, que le regaló unas zapatillas para correr. Fue entonces cuando apareció la pregunta que buscaba un detalle y se encontró la realidad.

- ¿Qué cuánto calzo? 

Tuvo una idea. Fue al escaparate que hace de ropero y tomó los tenis, los spike especiales para correr que le quedaron de recuerdo de aquel viaje. Su valor puede superar el costo de todo lo que encierran esos dos metros cuadrados de ladrillo, que comparte con su hermana menor y dos primas. Diana, entonces, dice "7" al ver el número que está en los zapatos con los que seguirá huyendo de la pobreza y la violencia.

*Nombre cambiado por ser menor de edad. 
** Nombre o dato omitido por seguridad.


Fabián M. Rozo Castiblanco 
Enviado Especial de EL TIEMPO


Fuente: http://www.eltiempo.com/deportes/otrosdeportes/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-11638884.html


Tumaco, una gambeta a la violencia


Por: PABLO ROMERO ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO | 8:09 p.m. | 23 de Abril del 2012



Descalzos, en guayos desgastados o en tenis, en Tumaco se juega al fútbol para huir de la miseria (ver galería).

Ya no es el semillero de futbolistas, pero a través de un balón se combaten la pobreza y el crimen.

Tumaco (Nariño). Son las 7:30 de la mañana y el sol ya calienta con ímpetu, con algo de inclemencia, en Tumaco. Desde esa hora, Jairo* corre detrás de un balón de fútbol; lo hace descalzo, sobre arena, sin camiseta, sediento y con hambre. Persigue el sueño de ser futbolista profesional, de gambetear a la violencia, pero sobre todo, de no fallarle a su familia, de sacarla de la pobreza.

La mañana transcurre calurosa, húmeda, a 28 grados, pero es la hora ideal para el fútbol. "Al mediodía el sol deshidrata y quema los pies", cuentan los jugadores. Jairo parece inmune al calor, juega con alegría, la que contrasta con la prevención que tiene cuando está lejos de la cancha, en el barrio, cerca de la tentación. A sus 16 años, este defensor central, de piel negra, fuerte, recio y ambidiestro, ha conocido la violencia de cerca. Vive en un barrio de  bravos**, donde las bandas criminales (como 'los Rastrojos') siembran el terror. Allí, le han asesinado a varios familiares por ajuste de cuentas, pero también ha perdido amigos que se han visto tentados por el 'dinero fácil'. No quiere la misma suerte. "La violencia en el barrio es muy tesa. Buscan a los jóvenes para que se metan a los grupos. Dicen que pagan bien y más de uno ha aceptado. A mí no me ha dado por eso, yo quiero es jugar al fútbol", confiesa, aunque omite detalles de su vida.   

Una de las canchas donde los jóvenes como Jairo desahogan los dramas del barrio se llama el 'Bajito', un campo de arena que en realidad es una cancha en la playa, con palos de madera haciendo las veces de porterías. Cuentan que la llaman el 'Bajito' porque cada que el océano Pacífico quiere se lleva la arena, aunque luego la trae de vuelta. Allí, a escasos metros del mar, se forman los nuevos talentos que quieren imitar a los jugadores más importantes que ha dado el puerto, como Willington Ortiz, Jairo el 'Tigre' Castillo, Pablo Armero, entre otros.    

Ese martes, Jairo llegó al entrenamiento en moto, un familiar lo llevó, lo que le ahorró los 40 minutos que habría gastado a pie y, de paso, los mil pesos que cuesta el mototaxi, principal medio de transporte de la ciudad y una de las mayores fuentes de empleo. Vestía pantaloneta, camiseta y unas sandalias de las que rápidamente se despojó, ya que allí, en la arena, se juega descalzo para ganar potencia, esa que se pone a prueba en cada 'picadito'. "Si hay que firmar un partido, ¡lo firmo de una!, y demuestro lo que tengo: mi talento", dice Jairo, desafiante, con poca inocencia. Claro, la violencia le ha robado su niñez. "Los grupos ilegales lo tenían de mandadero, para llevar armas y cosas. Estaba cerca de ellos y, aunque no andaba en crímenes, estaba a un paso. Pero quiere salir adelante: entrena a diario, volvió al colegio y pronto jugará en otra ciudad", cuenta su DT**. 

Se vive por el fútbol

La principal señal de tránsito en Tumaco tiene algo poco convencional: es preventiva, indica que hay peatones en la vía, solo que la silueta negra de fondo amarillo patea un balón. Y es que allí el fútbol es la actividad dominante. La gente recuerda a sus figuras con lúcida memoria, repasa las actuaciones de los tumaqueños que juegan en el exterior (como Armero, en Udinese, de Italia) y se congrega en cualquier esquina para seguir un partido del América de Cali. Las escuelas deportivas abundan: se tiene un registro de 68, y un total de 161 equipos, sin contar a quienes lo practican para recrearse. Todas las canchas, sean de de cemento (como la de San Judas, que antes era de arena y donde se formó Willington Ortiz), de pasto, o de arena, permanecen llenas. El fútbol se vive con religiosa devoción. 

Aunque se calcula que hay en todo Tumaco unas 200 canchas (la mayoría en mal estado), las autoridades reconocen que existen falencias: "El fútbol en Tumaco sigue siendo la posibilidad de futuro para los jóvenes, pero se requiere preparar mejor a los técnicos y construir más y mejores canchas", dijo el secretario de Gobierno, Hernán Cortés.  

'El que no juega, lo perdemos'  

¿Qué pasa con el estudio? Jairo responde sin titubeos, sin sonrojarse: "Primero me quiero dedicar al fútbol". Aunque hace poco reinició sus estudios nocturnos de sexto de bachillerato, está obsesionado con la pelota, y esa es la mentalidad que los técnicos quieren cambiar en Tumaco. Sobre todo cuando solo el 43,6 por ciento de los habitantes alcanza siquiera la básica primaria (según un estudio del 2010), y muchos desertan hacia el crimen o el fútbol.  

"El muchacho que no escoge el fútbol en Tumaco lo podemos perder. No hay fuentes de trabajo. En el estudio se abren puertas, pero los muchachos quieren es ganar plata rápido. Lo que los formadores hacemos es tratar de quitarles gente a los paramilitares y a la guerrilla con una formación integral", dice el 'profe' Nery Estupiñán, que descubrió al 'Tigre' Castillo y quien confiesa, con nostalgia, que Tumaco ya no es el semillero de jugadores profesionales (calcula que la región entregó más de 50 en su momento).

En gran parte, la razón es la violencia. Y los índices están disparados: según el Departamento Nacional de Planeación, se alcanzaron los 128,4 asesinatos por cada 100.000 habitantes, en el 2010. Hay barrios por donde no se puede pasar con tranquilidad, como el de Jairo. "Allá hay que ir con cuidado", dicen los mototaxistas. Hay guerra por el narcotráfico y la extorsión. El personero municipal, Álex Castillo, entregó una gris radiografía. "El fútbol sigue siendo emblema de Tumaco, pero no podemos negar que la posibilidad de parir jugadores se ve limitada porque ha habido en la última década un escenario marcado de violencia, especialmente con los jóvenes. Hemos sido testigos de muchos talentos víctimas de las confrontaciones", afirma. Pero Jairo ha sido afortunado. La mano que le tendió su DT lo tiene alejado de la violencia y cerca de jugar en otra ciudad.

Con esa ilusión entrena a diario, sintiendo la brisa, el sonido del mar, los rayos del sol, que a veces son insoportables. Allí, en medio de la arena, y con los pies rojos de patear balones descalzo, Jairo se aferra al sueño de no fallarle a su familia. "A veces no hay pa' comer, pero en mi casa me dicen: 'coma usted, mijo, que es el que nos va a sacar de pobres' ".

Aún se vive con temor 

Han pasado casi tres meses del atentado en Tumaco. El pasado primero de febrero Tumaco se estremeció con la explosión de una moto bomba que dejó ocho personas muertas y más de una decena de heridos y que destruyó la estación de Policía. Desde entonces, las calles están militarizadas, el pie de fuerza aumentó y se percibe miedo en los habitantes que, incluso, pasan con timidez frente a la estación, que todavía está semidestruida. En su momento, el alcalde de Tumaco, Víctor Gallo, responsabilizó del atentado a la columna móvil Daniel Aldana de las Farc, que actúa en la zona.

(*) Nombre cambiado por ser menor de edad.   
(**) Nombre o dato omitido por seguridad.


Pablo Romero  
Enviado especial de EL TIEMPO


Fuente: http://www.eltiempo.com/deportes/futbol/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-11638242.html


26 de marzo de 2012

Racistas en los estadios - Editorial del El Tiempo

 

Marzo 25 del 2012

"Nos parece excelente que la Dimayor actúe de manera enérgica contra los que ensucian el fútbol con su grosera actitud. Es norma universal que el equipo local responda por sus hinchas.

Mal hacen las autoridades de Pasto y de su club en sentirse vejadas por la Dimayor. Un reciente libro acerca del célebre ingenio de los nariñenses para poner apodos (Sobrenombres pastusos, de Álvaro Córdoba Obando) demuestra que la historia del fútbol de esa capital fue siempre una mezcla de colores donde no existía el racismo. Por el contrario, los jugadores morenos de los equipos tradicionales -el Deportivo Pasto y el Club Javeriano- recibían simpáticos remoquetes, resultado del cariño, no del vituperio. No podría ser de otra manera. Por su elevada composición indígena, Nariño sabe bien lo que es ser víctima de los mentecatos que desprecian o atacan a sus semejantes por diferencias en la pigmentación de la tez.

No se entiende, entonces, que haya suscitado indignadas reacciones la sanción impuesta a unos hinchas por insultos racistas contra dos futbolistas afrodescendientes del club La Equidad. Se jugaba el encuentro entre Deportivo Pasto y el onceno bogotano en la sede de aquel el pasado 18 de marzo cuando un grupo de fanáticos del conjunto local dio en la lamentable flor de burlarse de Dahwling Leudo y Carmelo Valencia, jugadores de raza negra. Comprensiblemente, Leudo y Valencia anunciaron al árbitro su decisión de retirarse del campo si los insultos seguían. No lo hicieron, pero la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor) sancionó unos días después al Deportivo Pasto con multa de algo más de 11 millones de pesos por la deplorable conducta de esta panda de racistas.

Nos parece excelente que la Dimayor actúe de manera enérgica contra los que ensucian el fútbol con su grosera actitud. Es norma universal que el equipo local responda por sus hinchas. En Europa, donde llegó a prosperar el racismo neonazi en algunas tribunas, la mano dura -multas, denuncias legales, fechas de suspensión de la plaza- redujo a los bárbaros. Ya no solo se inhiben de agraviar al rival con menosprecios étnicos, sino que los demás espectadores, una mayoría correcta, son los primeros en acallarlos y echarlos de las graderías.

Mal hacen las autoridades de Pasto y de su club en sentirse vejadas por la Dimayor. Quienes irrespetan la tradición amable de su fútbol son los aficionados racistas. Las críticas y medidas preventivas y punitivas deben dirigirse contra ellos, no contra quienes pretenden desterrar de los estadios a los energúmenos inaceptables".

editorial@eltiempo.com.co

 

1 de noviembre de 2011

Juegos Panamericanos Guadalajara 2011



Los deportistas afro en representación de Colombia en estas competencias deportivas aportaron al país 24 de las 84 medallas obtenidas por Colombia. Con 7 de oro, 8 de plata y 9 de bronce, los deportistas afrocolombianos mostraron su fortaleza y disciplina en cada escenario deportivo. Con muchísimo esfuerzo pasión y disciplina cada uno de ellos a través del deporte han conseguido engrandecer el nombre de su nación.

Más información en: http://www.elespectador.com/deportes/otrosdeportes/articulo-308468-colombia-finalizo-exito-los-juegos-panamericanos-guadalajara