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27 de abril de 2017

El Quilombismo, una Filosofia de Vida en Brasil

El Quilombismo, una Filosofia de Vida en Brasil

Durante la época de la conquista, en vastos espacios de la América colonial se constituyeron centros de acogida de esclavos africanos huidos que hicieron causa común y se defendieron de la invasión y reconquista del amo y sus secuaces. Algunos alcanzaron dimensiones impresionantes, como el Quilombo (o República) de Palmares, una verdadera “República negra” en el Brasil del siglo XVII, que resistió el embate de los portugueses más de medio siglo.

 
Abdias Nascimento hablando desde la tribuna de la Cámara de Representantes durante la convención nacional del PDT 1982.
Fueron miles los esclavos convertidos en cimarrones en la colonia, y se los denominó de diferente forma de acuerdo a la región: en Brasil se los llamó quilombolas, en áreas del caribe español cimarrones, en Colombia palenqueros, mientras en Venezuela a las comunidades de esclavos fugados se las llamó "cumbes". El término "quilombo" llegó a la Argentina, y denomina un espacio desordenado y de costumbres reprochables, en relación a esas comunidades de resistencia del pasado, desde la mirada del colonizador.

En Brasil, la nación del mundo con mayor cantidad de afrodescendientes fuera de África y la segunda del mundo, según el Censo de 2010, unos 100 millones, las muestras de la cultura quilombola, una manifestación de contra-hegemonía y de resistencia pretérita presente hoy, así como las comunidades quilombolas, son numerosas. Se las agrupa en lo que se llama la “Actitud Quilombola” y ejemplos de ello son diferentes grupos musicales, literarios y publicaciones.

Entre las últimas sobresale el Manifiesto Quilombista (1968), del activista afrobrasileño Abdias do Nascimento, del cual este año se cumple un lustro de su muerte.

Esta creación literaria busca la redención de los afrodescendientes y centra su atención en la experiencia del Quilombo de Palmares, como un caso de plena democracia racial en un espacio habitado no solo por esclavos fugados sino también por amerindios y blancos autoexcluidos de la sociedad colonial, en perfecta armonía e igualdad. Para la época de escritura del Manifiesto, la propaganda oficial observaba a Brasil como ejemplo perfecto de una democracia racial, al punto que se hizo un mito de aquello.

Pero do Nascimento, en su Manifiesto, construyó de forma alternativa un discurso para denunciar la falsa “democracia racial” en el país del siglo XX y su crítica fue un motor que tomó la academia para pulverizar el mito en cuestión.

En el Quilombo del siglo XVII se conformó una sociedad justa y libre, erigida por los oprimidos del régimen portugués, en la cual se respetó el medioambiente, siguiendo la perspectiva afrocéntrica, en contraposición a la explotación salvaje y capitalista del colonialismo, acompañando el marco de una economía comunitaria y solidaria, enraizada en la pauta africana.

La proclama del líder afrobrasileño se centra también en la infancia, puesto que, conforme enuncia, los niños negros han sido las primeras víctimas indefensas de la destitución material y moral impuesta a las comunidades afrobrasileñas por siglos y, en consecuencia, son la prioridad del Quilombismo.

La educación no puede faltar en la argumentación del Manifiesto. En el modelo de sociedad por éste diseñado, su acceso es completamente gratuito y abierto, sin ninguna clase de distinción, en todo nivel educativo. El final del artículo 7º agrega:

“La historia, cultura, política y sistema económico, artes y civilización africana tiene un lugar eminente en la currícula escolar. Crear una universidad afrobrasileña es una necesidad en el programa Quilombista.”

No obstante, una casa de estudios de nivel superior debió esperar un largo tiempo hasta ser una realidad, como así la necesidad de una educación inclusiva, con cuotas de acceso para estudiantes afro en las universidades brasileñas, entre otros aspectos. En la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva, quien hoy está en la mira por la acusación sobre escándalos de corrupción del pasado, fueron tomadas importantes medidas que favorecieron a afrodescendientes, así como a otros grupos siempre marginados.

Haciendo alusión al referido artículo 7º, la Universidad Federal para la Integración Luso-Afro-Brasileña (UNILAB) abrió sus puertas en 2010 en el Estado norteño de Ceará, lo cual mejoró la participación negra en la matrícula universitaria, sin pasar por alto que en 2012 se aplicó la Ley de Cuotas que estableció en forma gradual el aumento de miembros de las poblaciones desfavorecidas en la educación universitaria. Dicha norma planteó que para 2013 el 12,5% de las matrículas universitarias deberían estar reservadas a afrodescendientes, originarios y alumnos provenientes de la enseñanza pública, y que en 2016 la Ley preveía llevarlas al 50%.

Actualmente, la población afrodescendiente en Brasil es el 51% pero en la universidad pública la matrícula de esa extracción es del 23%, por lo que esas instituciones son consideradas baluartes de la élite blanca. Como si de hacer caso al artículo 7º se tratara, en 2004 se sancionó la obligatoriedad de dictar contenidos de historia africana en la educación de nivel primario.

Por último, el Estatuto de Igualdad Racial de 2010, en sus 65 artículos, apuntó a mejorar ostensiblemente la calidad de vida de todos los afrodescendientes y de miembros de otros grupos discriminados en general. Sin embargo, superar el racismo continúa siendo una asignatura pendiente en Brasil, donde buena parte de la población afro convive con la pobreza, la exclusión y la marginalidad. Las cifras dan una buena idea de lo anterior. De algo menos de 400.000 estudiantes de posgrado a nivel nacional, los estudiantes afros en 2010 eran apenas el 32%.

Asignaturas pendientes
En resumen, cumplir el Manifiesto Quilombista es un anhelo lejano a la realidad. Lo que vale rescatar es que el Quilombismo, como lo definió do Nascimento en 1968, construyó y legó una práctica quilombista (y una teoría) que actualmente la han apropiado muchos afrodescendientes en pos de conseguir sus metas.

Es un movimiento político que ve en Zumbi, líder de Palmares y último soberano del Quilombo, a su fundador, como advirtiera el creador del Manifiesto. El propósito del movimiento es la creación de un Estado Quilombista, inspirado en la República de Palmares, que dignifique al hombre y se aparte totalmente del colonialismo, el capitalismo, la esclavitud y el imperialismo. A diferencia de muchos otros grupos de activistas a lo largo de la historia, plantea la llegada a ese estadio ideal a partir de medios no violentos, como proclama el artículo 13 del Manifiesto:

“El Quilombismo considera la transformación de las relaciones
de producción y de la sociedad en general, por medios
no violentos y democráticos, como una alternativa posible.”

Como un activo militante por los Derechos Humanos, la vida de Abdias do Nascimento estuvo consagrada a la lucha contra el racismo. El haber publicado el Manifiesto, visto como una crítica tenaz a las autoridades y al modelo de sociedad, principalmente le costó el exilio durante 13 años de la última dictadura brasileña (1964-1985). Su lucha valió. En una victoria simbólica, gracias a su reiterado pedido, el Día de la Conciencia Negra fue movido de un 13 de mayo (fecha de abolición de la esclavitud, en 1888) a un 20 de noviembre para homenajear al deudor intelectual de su Manifiesto Quilombista, el héroe Zumbi do Palmares, ejecutado en 1695.

Fiel a la efeméride observada en el mundo hoy, en el artículo final del Manifiesto su autor remarcó que Brasil es firmante de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, tres años anterior al texto. Y agrega que el Quilombismo:

“…contribuirá a la investigación y preparación de un reporte bianual sobre racismo en Brasil, que incluya todo la información y hechos relativos a la discriminación racial en el país, con el objetivo de asistir al Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas, en su trabajo.”

Pese a estas nobles intenciones y al compromiso de Abdias do Nascimento en la lucha contra el racismo, en Brasil la situación no ha mejorado sustancialmente para la comunidad afro. Por ejemplo, una investigación del ámbito público arrojó que el 68% de las víctimas de homicidios son afrobrasileños. Entre 2003 y 2013 los feminicidios aumentaron 54% entre las mujeres afro y disminuyeron un 10% en las blancas. Es como si Brasil todavía no asumiese el problema de la cuestión racial.


Afrobuku
Artículo tomado de:http://latinoamericaexuberante.org/876f-3/

6 de enero de 2017

MANAOS, TUMBA DEL HOMBRE NEGRO

En el siguiente artículo se hace una reflexión en torno a los trágicos acontecimientos en las cárceles brasileras y la histórica situación de marginación vivida por los afrobrasileros

Por Omer Freixa 6 de enero de 2017
@OmerFreixa
Brasil comenzó 2017, al igual que Turquía, Irak y Nigeria, en forma sangrienta, pero por motivos distintos al terrorismo yihadista que volvió a golpear a las tres naciones mencionadas en último término. En Manaos, la ciudad más importante de la región amazónica, la finalización de tres motines carcelarios y a continuación una guerra de bandas en la principal cárcel de la capital del estado de Amazonas ha dejado el trágico saldo de unos sesenta muertos, la mayoría de ellos afrobrasileños, quienes componen una fracción muy considerable de la población carcelaria. De 56 víctimas, se informó que 30 fueron decapitadas y no se halló evidencia del uso de armas de fuego. Brasil cuenta con cien millones de afrodescendientes, casi la mitad de la población total del país más habitado de América del Sur, con poco más de 205 millones de habitantes.
Una mujer con el periódico local, Manaos, Brasil
Reuters, Ueslei Marcelino
Hay una población carcelaria del orden de los 622 mil reclusos en el país sudamericano, la mayor del mundo tras los Estados Unidos, China y Rusia, lo que permite inferir hacinamiento y pésimas condiciones habitacionales. Según datos oficiales, el 40% de los presos está detenido en forma provisional y por delitos menores. Las penitenciarías del estado brasileño indicado cuentan con 8.800 internos, 2,59 reclusos en el lugar en donde cabe uno. Este hecho lamentable, que muestra el desborde de una política de control interno, además sirve como un botón de muestra más para considerar que, al tercer año de iniciado el Decenio Internacional de los Afrodescendientes (2015-2024), las declaraciones de intenciones sólo parecen quedar en el papel. Las Naciones Unidas postularon este decenio con el fin de, como indica uno de sus tres objetivos: "Promover el respeto, la protección y la realización de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de los afrodescendientes, como se reconoce en la Declaración Universal de Derechos Humanos".

Lo acontecido en el penal de Manaos, como muchas otras situaciones de violencia que cotidianamente padece América Latina, permite vislumbrar y concluir que si, en general, la vida humana en estas épocas convulsionadas vale poco, la del pobre importa aun menos.

El afrodescendiente en América carga con el estigma, incluso hoy, de haber sido sus antecesores esclavizados en otros tiempos. En el pasado, entre 10 y 20 millones de africanos regaron la tierra con su sangre y su sufrimiento a lo largo de casi tres siglos y medio de trata y esclavitud, mientras las metrópolis coloniales se hinchaban los bolsillos. Esas jugosas rentas, producto de la gran trata atlántica, permitieron a Gran Bretaña preparar el terreno para llevar a cabo su fastuosa Revolución Industrial que la posicionó por décadas como la nación más poderosa del planeta. Del caudal de africanos esclavizados a América, una parte cuantiosa llegó a Brasil para dedicarse a trabajos como la siembra y la recolección de caña de azúcar en la región del nordeste, una actividad que demandó mucha mano de obra sumada a la escasa capacidad reproductiva de la población de esclavos, puesto que el perfil del africano ingresado entre cadenas era el de hombre joven y, si las mujeres fueron poco frecuentes en el tráfico salvo contadas excepciones, los portugueses en Brasil (y luego de la independencia también) buscaron renovar el stock a través de la compra-venta.

De modo que, como resultado de un negocio millonario, en unos 350 años de historia brasileña ingresaron al territorio alrededor de nueve millones de esclavizados, muchos a cuenta de los traficantes británicos. Eso explica por qué hoy Brasil es la nación con mayor cantidad de afrodescendientes del mundo, sólo detrás de Nigeria. Los de origen africano, pese a la nobleza de intenciones de la Declaración del Decenio Internacional aludido, y no sólo en Brasil, continúan marginados, discriminados y no exentos en muchas situaciones de ser invisibilizados. En América Latina y el Caribe son alrededor de 150 millones de personas. El Decenio Internacional de los Afrodescendientes rescata la valoración de que a estos, parafraseando el objetivo citado arriba, se los considere personas en el sentido cabal del término, no rémoras de la extinta esclavitud colonial y hoy mano de obra barata ávida de ser explotada.

A su vez, otro de los objetivos del decenio es reconocer la diversidad cultural a la que contribuyen los afrodescendientes. En ese sentido, sería provechoso que los afrobrasileños fueran noticia por el aporte cultural (como en 2014, cuando el Círculo de Capoeira fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad), y no, en calidad anónima, objetos de tapas de diarios por noticias trágicas como lo ocurrido en Amazonas.

Tomado de: http://www.infobae.com/opinion/2017/01/06/manaos-tumba-del-hombre-negro/