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26 de abril de 2018

Crónicas de la minería en territorio afrocolombiano. Francia Márquez

Francia Elena Márquez Mina, Lideró a finales del 2014, una marcha de mujeres afrocolombianas desde La Toma, corregimiento del Cauca, hasta la plaza de Bolívar en Bogotá. Ellas exigían que se detuviera la creciente explotación minera en sus territorios ancestrales. El gobierno estaba al borde de “legalizar”  el 50% del departamento como territorio minero. Desde entonces, Francia no ha cesado de hablar, estudiar, denunciar, liderar y seguir luchando por su comunidad.

Las amenazas de muerte por parte de distintos grupos armados no han detenido ni coartado sus ideales. Antes bien, ha logrado en medio de las dificultades hacer más visible la realidad del pueblo negro en Colombia. Ya el 9 de septiembre de 2015, la organización sueca Koinonia, le otorgó, el reconocimiento como: Defensora del año en Colombia. Ahora, en 2018, ha sido reconocida con el premio nobel ambiental.

A continuación, les presentamos apartes del diálogo que hemos tenido con Francia en 2015.
“Mi  familia es muy numerosa”, dice Francia, al recordar la gran olla  que ponían al fuego y de la cual comían todos juntos. De su infancia, recuerda lo difícil que fue, pues la esclavitud ha dejado huellas profundas en su comunidad. Esto se refleja en ideas como: “debes conseguir un hombre blanco para mejorar la raza; si eres más clarita tendrás mayor aceptación...” Francia soñaba casarse con un hombre blanco que tuviera los ojos verdes, porque ella no quería tener un hombre negro que fuera sinónimo de sufrimiento para sus hijos.
Francia, tiene bien claro que en sus apellidos está resumida su historia: “el apellido Márquez, tiene relación con los esclavistas que maltrataron inmisericordemente a  mi pueblo. El Mina, hace parte de mi descendencia africana”.
Ya han pasado 164 años desde que En 1851 sea abolió “oficialmente” la esclavitud en Colombia. En la mentalidad de muchos colombianos, la esclavización y el exterminio de los negros e indios es cuestión del pasado. En cambio, para las comunidades afro e indígenas, es una asignatura pendiente, pues el genocidio y sus consecuencias aún están presentes con sus actos racistas y discriminatorios.
Francia, afirma que sus antepasados no fueron “esclavos”, sino “esclavizados”, de esta forma se acentúa la acción cruel y violenta de quienes les impusieron yugos y malos tratos. Francia enfatiza con su voz las preguntas, “¿Quién quiere ser hijo de un esclavo? Si el esclavo era quien no tenía derechos. ¿Quién quiere ser hijo de una “cosa”? Si todos quieren ser hijos de quien tiene derechos y ser considerado persona y no una cosa…” Algunos decían que seguramente los negros habían hecho una cosa mala y por eso fue que los castigaron...”
Nos cuenta Francia que, La Toma, fue un asentamiento de gente negra  traída en condición de esclavitud. La mina Genima, una de las más grandes en la zona de Popayán, fue explotada desde 1635 con esclavos negros. Esto continuó cuando la mina pasó a manos de los jesuitas.
Creció en Yolombó, donde cursó su primaria, luego ingresó al Colegio Agrícola de Suárez-Cauca. De allí se retiró a sus dieciséis años al quedar embarazada. Aquellos meses trabajó en la mina. Recuerda muy bien que le tocó ir allí hasta el último día de gestación y así ganarse unos cuantos pesos para sobrevivir en los días de dieta. Su hijito nació de madrugada, la asistió su mamá que es partera; quien además le ha ayudado a criar a sus hijos porque los papás no asumieron su responsabilidad.
Después de hacer un curso técnico agropecuario en el SENA, vio que era necesario terminar su bachillerato para ingresar a la universidad en Puerto Tejada-Cauca. Decidió estudiar derecho al ver  las dificultades de su pueblo a causa del abandono estatal y en particular del inminente megaproyecto que pretendía la desviación del rio Ovejas. Con el apoyo del Proceso de Comunidades Negras – PCN, la comunidad de La Toma, logró denunciar y detener la desviación del río, lo cual hubiera causado un daño medio ambiental irreparable en la región.
A raíz de las amenazas que ha recibido, su familia le pide que no se arriesgue más, le dicen: “mire que a usted la matan y los dos primeros días la gente dice: qué pesar, pero después la olvidan, igual que pasó con Genaro García, todos muy conmovidos los primeros días pero luego todo seguirá normal… Bueno, -dice Francia-, pero también, a veces me digo, si uno no hace lo que hay que hacer, ¿entonces quién lo hará?”.

14 de febrero de 2017

COLOMBIA: EL LENTO RETORNO DE LOS AFRODESCENDIENTES E INDÍGENAS A SUS TERRITORIOS

El Estado se comprometió a otorgar el derecho a la tierra a las comunidades indígenas y afrodescendientes que sufrieron con la violencia que vivió el país. Sin embargo, los avances son pocos.

·       ¿Qué obstáculos encuentran las comunidades indígenas y afro para que su territorio les sea titulado en Colombia?
·       ¿Cómo la minería y las plantaciones de monocultivo de palma han afectado su territorio?
Por  Tatiana Navarrete - 09-02-2017
Más de ocho millones de colombianos fueron afectados por la violencia, de acuerdo con cifras de la Unidad de Víctimas. La mayoría de ellos, que corresponde al 88 por ciento, fueron obligados a salir de su tierra; otros fueron asesinados, secuestrados o violentados sexualmente. Recién en el año 2011 Colombia admitió que vive un conflicto armado interno. Lo hizo por medio de una ley que prometía reparar a las víctimas y restituir las tierras a quienes las habían perdido a causa de la violencia.
La Constitución de 1991 reconoció los territorios colectivos. Resguardos en el caso de los indígenas y consejos comunitarios para los afrocolombianos. Foto: Unidad de Restitución de Tierras.
Cerca de un millón de estas víctimas son indígenas o afrodescendientes que viven selva adentro, la misma selva donde se enquistó la guerra. Una cifra significativa si se tiene en cuenta que las comunidades étnicas representan solo 14 por ciento de la población, según el censo del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, Dane.

Como en el resto del país, el delito que golpeó con más fuerza a resguardos indígenas y consejos comunitarios de afrodescendientes fue el desplazamiento forzado. La violencia de distintos actores armados obligó a comunidades enteras a abandonar sus tierras. Incluso actualmente, cuando Colombia está en medio de un proceso de paz con las FARC, del medio millón de personas desplazadas entre noviembre de 2012 y julio de 2015, el 74 % han sido afrocolombianos e indígenas, según un informe de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

Pero el problema no termina ahí. Algunas de estas comunidades que intentaron retornar y exigir los derechos sobre su tierra descubrieron que allí se habían aprobado licencias de explotación minera, había extensos cultivos de palma de aceite en su territorio o crecieron los cultivos de coca y los yacimientos de minería ilegal.

El despojo de tierras no es un fenómeno del que indígenas y afros fueron las únicas víctimas, también  cientos de campesinos que hoy reclaman sus derechos sobre la tierra. La diferencia es que la legislación colombiana es mucho más estricta en cuanto a los territorios étnicos y exige, por ejemplo, que cualquier tipo de explotación tiene que ser consultada y aprobada por parte de la comunidad. Consulta que en la mayoría de estos casos no se hizo.
Para tratar este problema, la Presidencia de la República, en compañía de las comunidades, creó entonces dos decretos complementarios a la Ley de Víctimas que favorecen la restitución colectiva de territorios étnicos. Este se ha convertido en el camino más expedito para que las comunidades indígenas y afros pidan los títulos de propiedad que durante años no les habían concedido.
Sin embargo, más de cinco años después de la entrada en vigencia de la ley, los resultados no son los esperados. “La restitución de los derechos territoriales de las víctimas indígenas y afrodescendientes no avanza. Avanza el despojo y su legalización, y la persecución de líderes”, dijo a Mongabay Latam Yamile Salinas, investigadora del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz).
Salinas presentó un informe en diciembre de 2016 en el que muestra que solo han sido restituidas el 6 por ciento de las hectáreas que estas comunidades han reclamado. De acuerdo con datos de la Unidad de Tierras y de la Rama Judicial a agosto de 2016, de las 61 solicitudes de restitución étnica presentadas, 37 corresponden a resguardos y 24 a consejos comunitarios. De estas 61, solo cuatro han logrado que una sentencia judicial les regrese la tierra.

Esto en hectáreas significa que, de las más de 2 millones de hectáreas reclamadas por comunidades étnicas, solo 123 mil han sido restituidas por la vía judicial. El resto están siendo estudiadas por la Unidad de Tierras o en el despacho de un juez a la espera de un fallo.
El asunto se torna más preocupante si se tiene en cuenta que esta ley es transitoria y que tendrá una duración de 10 años. Es decir, solo quedan cinco más.

Los intereses tras la tierra  

Desde que se creó la constitución de 1991 en Colombia existe la figura de resguardos indígenas –que tienen autonomía sobre sus territorios– y los consejos comunitarios para el caso de los afrocolombianos. Aunque las figuras existan, el problema para muchas comunidades es que, aunque las han reclamado por décadas, aún no tienen los títulos de esas tierras
Como no todos los casos son idénticos, la Unidad de Restitución de Tierras, una entidad creada en 2011, hace el estudio de lo sucedido y si lo considera pertinente presenta una demanda ante un juez, quien tiene la última palabra sobre si se conceden los títulos o no. Son procesos que por lo general tardan más en etapa de estudio por lo amplio de los territorios reclamados.
De acuerdo con los expertos, son también decisiones complicadas porque hay intereses económicos por la tierra. Salinas coincide con otros expertos en el tema en que hay “una incongruencia en las políticas económicas y las de los derechos humanos”, pues mientras el gobierno de Juan Manuel Santos prometió el retorno de las comunidades a sus territorios, promueve lo que llama la ‘Locomotora Minera’, que implica la ampliación de las concesiones mineras en el país.
La Constitución de 1991 reconoció los territorios colectivos. Resguardos en el caso de los indígenas y consejos comunitarios para los afrocolombianos. Foto: Unidad de Restitución de Tierras.
Se refiere, entre otras cosas, a los proyectos mineros (legales e ilegales) y plantaciones de monocultivo de palma que se instalaron en el territorio, sin consultar con las comunidades, y que ahora son un obstáculo para la titulación de tierras. Este es un asunto que ya ha sido reconocido por la Corte Constitucional, que en sus pronunciamientos ha dicho que la presencia de megaproyectos agrícolas o de explotación minera en zonas históricamente habitadas por los grupos étnicos ha propiciado un nuevo escenario de amenazas por la presencia de actores armados que intimidan a la población para que abandonen sus territorios.

Así sucede en el Chocó, un departamento del Pacífico colombiano. Cocomopoca, el Consejo Comunitario Mayor de la Organización Campesina del Alto Atrato, está compuesto por 46 comunidades que viven en cuatro municipios al occidente del Chocó, en las cuencas del río Atrato. En esta región han hecho presencia distintos grupos armados: las FARC, el ELN, paramilitares y los grupos que surgieron después de la desmovilización de estos últimos en 2006. A causa de la violencia el Consejo Comunitario pasó de tener 30 000 habitantes a finales de los 90 a los 12 000 que lo componen hoy.
Entre 2007 y 2009, cuando la comunidad vivía la época más fuerte de desplazamiento forzado, el gobierno entregó 21 contratos de concesión con empresas mineras e individuos sobre más de 17 000 hectáreas del territorio colectivo.
“Nosotros creemos que la restitución ha avanzado solo como un 20 por ciento en un territorio como Chocó, donde los jueces se enfrentan a presiones de empresarios colombianos y extranjeros que tienen intereses sobre la tierra”, aseguró un líder de Cocomopoca, que pidió la reserva de su nombre por motivos de seguridad.
Sucedió igual en el Reguardo Indígena Embera Katío del Alto Andagueda, también en el Chocó, donde el gobierno había entregado concesiones para explotación de oro en el 63 por ciento del territorio. Pero en este caso, una histórica sentencia de septiembre de 2014dio un vuelco a la situación, pues el juez de restitución de tierras decidió no solo titular 50 000 hectáreas a los indígenas, sino que exigió la suspensión de las licencias mineras a las cinco empresas que tenían permisos legales para la explotación de oro, entre ellas, la compañía Continental Gold Limited Sucursal Colombia, la compañía Exploraciones Chocó Colombia S.A.S y la sociedad AngloGold Ashanti.

“En temas de minería ahorita estamos calmados, pero por la sentencia, en la comunidad la gente dice que una empresa puede entrar, siempre y cuando haya una consulta con las comunidades, como dice la ley”, indicó a Mongabay Latam Otoniel, nombre en castellano del líder indígena de esta comunidad.
De una forma similar, en julio de 2015 los jueces decidieron regresar 71 000 hectáreas al Consejo Comunitario Renacer Negro en Timbiquí, Cauca, al sur del país, la única comunidad afrodescendiente a la que hasta ahora le han restituido los derechos sobre la tierra. Allí también se suspendieron los ocho títulos de concesión minera para explotar oro, plata, plomo, hierro, manganeso, níquel, platino, cobre y zinc. Estas decisiones no han caído bien entre el empresariado colombiano.

¿Hay daños ambientales?

El impacto ambiental de estos proyectos mineros en los territorios étnicos está siendo medido por la Unidad de Restitución de Tierras cuando hace el estudio de cada caso, pero aún no existe un balance nacional sobre estos daños.
Las sentencias que han reconocido los derechos de estas comunidades han recordado que la tierra étnica no puede entenderse como un simple instrumento de producción agrícola, sino como parte fundamental de la vida de estos pueblos.  Por eso, consideran fundamental medir los daños ambientales que ha causado la minería, la palma y la erradicación de los cultivos de coca y lo han incluido así en sus órdenes.

Vista aérea del impacto de la minería en Timbiquí, Cauca. Foto: Unidad de Restitución de Tierras.

El fallo que concede la tierra al Consejo Comunitario Renacer Negro explica que la situación de conflicto armado permitió la entrada masiva de la minería a cielo abierto y, para ello, dragas y retroexcavadoras removieron grandes cantidades de tierra. Esto implicó graves afectaciones a las vegetaciones, como la perdida de conectividad ecológica por la fragmentación del habitad y la “contaminación causada por la inadecuada disposición sobre la superficie, todo ello dispersa la fauna local y crea barreras en los procesos de las especies vegetales, causando perdida la cobertura vegetal”, señala la sentencia.
  
Agrega que el paisaje ha sido removido y las comunidades han perdido la conectividad histórica que han tenido con el mismo. Este deterioro ha causado la desaparición en el territorio de especies nativas como, por ejemplo, algunas aves de corto vuelo como la pava, el paujil y las guacharacas, especies dispensadoras de semillas que contribuyen a la regeneración del bosque.
Con relación a las afectaciones sobre las fuentes hídricas, la sentencia asegura que no hay suficiente control de las autoridades sobre los residuos que llegan a los ríos. “En algunas minas de la zona, los lodos se vierten directamente a las quebradas del río Timbiquí. Estos vertidos en grandes cantidades, alteran el sustrato de los cauces del río aguas abajo, obstruyen los flujos reduciendo el habitad de pequeños peces invertebrados, alterando las áreas de reproducción y de refugio de organismos acuáticos y disponibilidad de alimentos”, dice el documento.

La mayoría de estas decisiones sobre restitución de territorios étnicos han recordado también el impacto que ha tenido la fumigación aérea con glifosato, pues no solo causó la pérdida de los cultivos de pancoger, sino problemas de salud de los habitantes, y efectos graves contra la fauna y la flora. Esta fue usada como uno de los principales métodos de erradicación forzada de los cultivos de coca en Colombia, hasta que en mayo de 2015 fue suspendida por el orden del presidente Juan Manuel Santos.
En el Consejo Comunitario de La Larga Turmaradó, en los límites de Chocó y Antioquia, los empresarios ocupan más del 50 por ciento del territorio –las áreas más productivas– de acuerdo con información del Centro de Investigación y Educación Popular, ONG que acompaña el reclamo de los afrodescendientes.
Aunque este caso no ha sido resuelto por una sentencia, un juez sí ordenó unas medidas cautelares, es decir unas medidas de protección antes que se emita un fallo, en las que reconoce el impacto de deforestación que tiene los proyectos de monocultivos a gran escala. Sin embargo, ante la escasa información que hay al respecto ordenó a distintas autoridades ambientales del país hacer un estudio detallado de cómo este cultivo ha impactado en el ecosistema.
Ocurre lo mismo en los Montes de María, una región ubicada en la costa Caribe colombiana, 44 de las 600 hectáreas que reclaman los afrodescendientes del Consejo Comunitario ‘Eladio Ariza’ han sido sembradas con palma.
Sin embargo, vale aclarar que la proliferación de los cultivos de palma en territorios que son reclamados por las víctimas de la violencia no es un fenómeno único de las comunidades étnicas, sino que es común también entre los campesinos, en especial de la costa Caribe colombiana y los Llanos orientales.

¿Es posible regresar?

Las organizaciones de derechos humanos que acompañan las demandas de estas comunidades denuncian que persiste la violencia. “Geográficamente estamos ubicados en un corredor donde pasan todos los grupos. El proceso de paz ha bajado la violencia, pero todavía hay desplazamiento”, aseguró Otoniel, líder indígena de la comunidad Embera Katío en Chocó.

Desde 2014, la Defensoría del Pueblo ha advertido en diferentes espacios que son pocos los avances de la restitución étnica y que mientras tanto las comunidades siguen en riesgo, sobre todo en Chocó, “Existe una manifiesta limitación por parte de grupos ilegales al ejercicio de la autonomía y gobierno propio de las autoridades étnicas, quienes se han visto cooptados por intereses económicos sobre los territorios colectivos o ancestrales (…) A estas presiones se suma la debilidad de los mecanismos de protección estatales que inciden en la inaplicación de los derechos reconocidos a las comunidades en su condición de sujetos de especial protección constitucional”, dice el informe ‘Crisis humanitaria en Chocó’.

De acuerdo con cifras de la ONG Somos Defensores, que hace seguimiento a los crímenes contra líderes sociales, de los 378 defensores de derechos humanos que fueron asesinados entre 2002 y 2016 en Colombia, 123 eran indígenas y 24 afrodescendientes. Por esa razón, las comunidades han insistido que el Estado les dé garantías para reclamar sus territorios.
“Yo me muevo por toda esa zona, en medio de un río caudaloso, donde hay paramilitares, guerrilleros, de todo. Nosotros estamos pidiendo medidas de protección integrales, que no solo sea para los que somos de la mesa directiva, sino para toda la comunidad”, indicó el líder del Consejo comunitario Cocomopoca que pidió la reserva de su nombre. Los líderes de este territorio han recibido amenazas de muerte en repetidas oportunidades durante los últimos dos años y en respuesta la Unidad Nacional de Protección, entidad encargada de prestar seguridad en estos casos, les ha entregado un chaleco de seguridad y un teléfono celular.
De acuerdo con Carlos Guevara, coordinador del sistema de información de Somos Defensores, en el informe que realizan cada año siempre los líderes de comunidades étnicas aparecen entre las víctimas más frecuentes. “Esto se da por varias razones. Primero porque muchas de las zonas de combate y donde confluyen varios actores armados en Colombia son resguardos indígenas. También porque desde 2013 cuando entró en marcha la llamada ‘locomotora minera’ aumentaron las disputas por la tierra que históricamente ha sido de estas comunidades”, dijo el experto a Mongabay Latam. Agregó que la Ley de Víctimas ha hecho más evidentes, además, algunos enfrentamientos de estas comunidades con campesinos que ocupan la tierra o entre las minas y comunidades étnicas.
Además de retornar y tener los títulos de sus tierras, las comunidades esperan que el Estado cumpla la deuda histórica que tiene con ellos: que se construyan vías de comunicación con los centros poblados, se instalen los colegios y centros médicos y que se pacten comúnmente los modelos de desarrollo regionales.

TOMADO DE: https://es.mongabay.com/2017/02/colombia-lento-retorno-los-indigenas-afrodescendientes-territorios/ 

29 de septiembre de 2015

Francia Elena Márquez Mina, sus orígenes y su presente

Francia Elena Márquez Mina, sus orígenes y su presente

Hemos tenido el agrado de conocer y dialogar en estos días con Francia Elena Márquez Mina, a quien recientemente le fue entregado el reconocimiento como defensora del año. Ya son frecuentes sus entrevistas y videos en internet, es algo positivo, necesitamos de hombres y mujeres con esa valentía y dedicación, con ese corazón dedicado a la causa de nuestros pueblos. Pero, quién es Francia, cuáles son sus orígenes y su caminar por este mundo. A continuación se la presentamos.

Entrevista realizada por Centro Afro CAEDI. 10-sep-15
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Francia Elena Márquez Mina tiene muchos hermanos, mi  familia es muy numerosa –dice- al recordar la gran olla  que ponían al fuego y de la cual comían todos juntos. Su  niñez la pasó muy cerca de sus abuelos. Creció en Yolombó, donde hizo su primaria, luego pasó a Suárez y estudió en el colegio agrícola. De allí se retiró a los 16 cuando quedó embarazada. Fue entonces cuando se puso  a trabajar en la mina. Francia recuerda muy bien que hasta el último día de gestación fue a la mina a ganarse su sustento, pesando en no pasar muchas penalidades en los días de dieta.  
Su hijo nació de madrugada. Su mamá que es partera, fue la encargada de recibirlo en este mundo. A sus hijos los crió también con la ayuda de su mamá porque los padres no asumieron su responsabilidad.  Sus hermanos han sido papá y mamá para sus hijos, sobre todo cuando ella ha tenido que ausentarse. A Francia le gustaban mucho las artes, cantar, danzar y hacer teatro callejero, en varias ocasiones participó en el Petronio Alvarez.
Ella tiene bien claro que en sus apellidos está resumida su historia. El “Márquez” tiene que ver con los esclavistas que maltrataron inmisericordemente a su pueblo. El “Mina” hace parte de su descendencia africana de la cual se siente muy orgullosa, eso se percibe en la pasión con que habla de sus orígenes negros. Francia, recuerda sus otros apellidos como el Charrupí y el Mandinga, que ya no los heredó.
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Francia conoce los nombres de sus bisabuelos pero de ahí para atrás, no. Ella sabe que el lugar donde habitan actualmente, fue un asentamiento de gente negra  que fue traída en condición de esclavitud. Y en esto ella es insistente, pues afirma que ellos no fueron “esclavos”, sino “esclavizados”,  porque esto sería aceptar una “condición natural” y en verdad tiene mucha razón, de esta forma se enfatiza en la acción cruel y violenta de quienes les impusieron ese yugo y violencia. 
Después de hacer un técnico agropecuario en el SENA, vio que era necesario terminar su bachillerato, lo hizo en Puerto Tejada, donde luego ingresó a la universidad. Francia al ver la dificultades de su población en el incumplimiento a sus reclamos decidió estudiar derecho; aunque si por gustos fuera hubiera estudiado antropología porque quería conocer más de África, de cuáles eran sus orígenes, cuáles eran las prácticas culturales antes de que sus ancestros fueran traídos en condición de esclavitud. Francia nos cuenta que fue de gran ayuda conocer el Proceso de Comunidades Negras – PCN. Ellos acompañaban a las comunidades afrodescendientes en las denuncias por los daños causados por la desviación del río Ovejas, la cual no se ha logrado gracias a la resitencia de la comunidad. Para ella, Carlos Rosero, es uno de sus referentes, un hombre muy humilde quien influyó en su autorreconocimiento como mujer negra. Fue entonces cuando empezó a darse cuenta de la importancia del acompañar los procesos de la gente.
De su infancia, recuerda Francia lo difícil que fue. La esclavitud ha dejado huellas profundas en su comunidad. Esto se refleja en ideas como: los negros no son aceptados por la sociedad o que se deben conseguir un hombre blanco para mejorar la raza. Esas palabras las oía dentro de su familia y al interior de las comunidades. Otras expresiones comunes eran: “que si se es más clarito se tendrá mayor aceptación, y que si uno es más negro no será muy aceptado, o sea ese tan negro y la otra más clarita”. Para ella todo eso es fruto de los Karimbas mentales de  los que habla Manuel Zapata Olivella.  zapata olivella 2
Francia reconoce que ahora la ley 70 ha permitido la generación de nuevos procesos en los cuales gente negra se reconozca como lo que es y no se sientan avergonzados. Ella enfatiza con su voz la pregunta, “¿es qué quién quiere ser hijo de un esclavo? Si el esclavo era quien no tenía derechos.  ¿Quién quiere ser hijo de una cosa? Si todo mundo quiere ser hijo de quien tiene derechos y es persona y no de una cosa. Entonces, en ese tiempo se  nos decía que éramos esclavos y no esclavizados, que éramos una cosa, ¿entonces quien quiere ser esa cosa? Y nos mostraban los peor de África, entonces África es desnutrida, los niños llenos de moscas, los niños muriéndose, y con el lenguaje típico que define a África como desgraciada. Seguramente los negros habían hecho una cosa mala y por eso fue que los castigaron”. Esa era la información oficial que se repartía por doquier.
Para el común de los colombianos la historia de la esclavización de los negros y los indios en Colombia es cuestión del pasado. Pero para las comunidades afro e indígenas el genocidio aún está presente. En realidad no han pasado ni tres generaciones desde que se abolió “seudo-oficialmente” esta institución de muerte; por ello Francia sabe muy bien que en el ambiente normal quedan muchos elementos racistas y discriminatorios.
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Nos cuenta Francia que en la mina Genima, se hizo primero la minería de los esclavistas. Fue una de las más grandes de la zona y surtía a Popayán, la cual pasó a mano de los jesuitas y luego a mano de la comunidad. Pero ella nos dice: “decir paso a…” en realidad se debió a un proceso de lucha para conseguir la tierra. Todo lo que nos cuenta es porque se lo han trasmitido vía oral, y luego lo ha corroborado con investigaciones en los archivos del Cauca. De hecho la universidad del Cauca hizo un libro con la comunidad de la Toma, en el que se demostró que allí hubo presencia de gente negra desde 1635. De esa época datan los relatos en los archivos históricos en los que dicen que tenían cuadrillas de esclavos. O sea, hay una verificación documental desde cuando ellos habitan estas tierras. Más allá de esta comprobación histórica, Francia sabe que hay un gran silencio, muchos silencios sobre aquellos años; ahora ha llegado el tiempo de reconstruirlos.
Francia se resiste a creer en las religiones; sobre todo en la religión católica, porque fue ella quien esclavizó a su pueblo, aun así, tiene una especial sensibilidad por la espiritualidad. Nos cuenta que así como las generaciones pasadas fueron obligadas a perder su lengua y aprender el español, así mismo les obligaron a hacerse cristianos. Hoy quienes más defienden la iglesia y la cruz son las mismas comunidades nuestras, porque los obligaron y eso se volvió una costumbre que pasó de generación en generación. Ella afirma que en esto se nota  un sincretismo, porque a pesar de que la gente es tan religiosa, se ve presente lo afro en expresiones religiosas, como son los actos fúnebres. De hecho los ritos funerarios negros son muy distintos a lo que hace el resto de la comunidad.
Ella se sorprende que en lugares como Haití, Cuba y Brasil las expresiones afro sean más fuertes, claras y visibles que aquí en Colombia. A ella le gustaría saber por qué en Colombia estas expresiones no son tan evidentes, lógicamente eso tiene que ver con la forma y manera violenta como se impuso la religión. Aurora Vergara llevó a cabo una investigación en el norte del Cauca en la que se comprobó que muchas mujeres negras acusadas de brujería fueron quemadas vivas, lo anterior hizo que en las mismas comunidades, como medida de protección se generara un alejamiento de sus propias tradiciones. Francia reconoce que hay muchos religiosos buenos dentro de la Iglesia Católica, que llevan un trabajo comprometido con la lucha social y la defensa de los derechos; pero en el lleno de la iglesia no ve una línea como tal. Eso sí claro, se muestra sorprendida de la postura del Papa en especial cuando proclama la defensa del ambiente, y  se alegra de saber que en el mundo hay buenas excepciones.
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Fue Entonces cuando Francia empezó a conocer más sobre  las comunidades negras, y a conocer personas que se sentían orgullosas de ser negras y que proclamaban con fuerza su identidad. Fue entonces cuando se empezó a enamorar de lo que realmente ella era. Antes Francia soñaba casarse con un hombre blanco que tuviera los ojos verdes, porque ella no quería tener un hombre negro que fuera sinónimo de sufrimiento para sus hijos. Ella quería que sus hijos  no sufrieran cuando los peinaran y que ellos vivieran más bonitos y más aceptados en la sociedad. Esa era la supuesta belleza que les vendían; pero hoy gracias a Dios hay muchas organizaciones afro y gente que promueve la cultura negra. Es así como Francia se ha ido auto reconociendo como mujer negra, se sienta orgullosa de ser descendiente de hombres y mujeres de ascendencia africana, de hacerse sus trenzas. Ella irradia la alegría de caracteriza a su gente y también el amor que la gente negra le pone a todas las cosas que hacen; es felizmente negra, de eso no se avergüenza para nada.
Cuando Francia empezó a oír realmente de la historia, se dio cuenta que los negros no eran eso que siempre le habían dicho, que si los negros utilizaban su mañas para no trabajar, era porque sencillamente no querían sacrificarse para conseguirle ganancias a los ricos. Esa nueva manera de ver las cosas ya es otra visión muy diferente, la Iglesia por ejemplo les impuso la religión, no porque la gente fuera sumisa, sino porque la Iglesia les hizo agachar la cabeza para que obedecieran al amo, pues en últimas esa era la única manera de salvarse. Al Francia darse cuenta de todas estas diferencias fue reafirmando más su identidad, depurando y volviendo más firme su criterio, ella se ha quitado esas mentiras y cadenas, los karimbas mentales que les habían colocado.
Francia reconoce que en este camino  van a su lado muchas personas, no está de acuerdo con las idolatrías ni en poner a x  o y persona como salvadora de los demás. Es consciente de que una sola persona no hará nada si no hay una comunidad y un mundo al lado apostándole a la construcción de un mejor mañana. De hecho Francia se siente un poco avergonzada y hasta no merecedora del premio recibido, pues considera que hay mucha gente que hace los mismo y hasta mucho más y mejor que ella.pacifista Aun así este premio también es un reconocimiento para todas las personas que están acompañando estos procesos.
En cuanto a los movimientos afro, Francia cree que hay muchas visiones y formas de pensar el camino, de igual manera lo hubo en el proceso de esclavitud.  Hubo negros que esclavizaron a sus hermanos negros, hubo negros que los vendieron a sus hermanos. Hubo negros que le “lamboniaron” al amo y recibieron el título de capataz, y luego lastimaban a sus hermanos negros a punta de látigo. Pero también hubieron negros que lucharon por liberar a su pueblo y gracias a ellos existen actualmente las comunidades negras.
Francia afirma que en la actualidad hay ciertos rasgos de esas categorías, pues de alguna manera todavía hay gente que cree  que va llegar a la libertad si se alía con el esclavista, hay gente que cree que va a llegar a libertad si se alía con el gobierno, hay gente que cree que va a llegar a la libertad si resuelve el día a día. También hay quienes piensan que siendo más radicales lo conseguirán, y se muestran indiferentes.  Se podría decir que todas esas visiones son válidas. El tener orígenes africanos no significa que tengan las mismas tradiciones, las mismas creencias. Francia cree que lo importante es que la gente negra en este país logre articularse y construir su camino en medio de las dificultades. Pero no construyendo a partir del sufrimiento de los demás, ni haciéndole la vida imposible a las otras personas, solo porque ella va echando pa’ lante… entonces ahí sí aparece el que le pone la zancadilla para que caiga.
Francia mira positivamente los avances que se están dando en cuanto al autorreconocimiento, pues antes había una negación del yo, del ser. Ella ve que hoy la gente se autorreconoce en este país, orgullosamente como negros a pesar de las dificultades, y ve qué es el momento para emprender caminos juntos, haciendo comunidad para fortalecer los procesos.
Para Francia es claro que cada vez más personas van entendiendo mejor este proceso histórico, que son solidarias. Para nadie es un secreto que el racismo es un fruto de la colonización y de la esclavitud, y esto hace que hoy en Colombia exista el racismo estructural. Si el estado mismo no reconoce los derechos de la gente negra, eso responde a que el estado te sigue viendo con su lente como “esclavo”, o sea como quien no tiene condiciones ni derechos, y por tanto es una idea loca reconocérselos. Por otra parte –dice Francia- si el estado nos catalogara como como esclavizados, tendría que reconocer su responsabilidad histórica, pues fue el estado quien adoptó de la colonia, y sigue aplicando un, racismo estructural. Para Francia lo anterior es un elemento fundamental en la compresión de la historia porque entonces ahí cabe la pregunta, ¿quién fue el que nos esclavizó?, eso lo entiende muy bien en lo que dice Walter Mignolo, cuando afirma que: la modernidad no se baja de encima de la colonialidad.
En cuanto a la celebración del Decenio Internacional Afrodescendiente, Francia espera que no sea un show mediático, donde solo se hagan reuniones y eventos, donde asistan los líderes y lideresas con coloridos trajes, desfilando. Ella espera que realmente se dé un proceso en que la gente negra de Colombia obtenga las garantías frente a la protección de su territorio, que se les garantizara hoy mismo la consulta previa. También espera que se les reconozcan sus planes de gobierno propio de buen vivir, donde puedan ejercer gobiernos propios en sus territorios para que reafirmen su identidad. También es importante un óptimo acceso a una educación que les permita reafirmar lo que son como pueblo. Pero sin duda todo lo anterior no está pasando, y no lo está, porque no es del interés de la agenda del estado y de ciertos sectores de la comunidad internacional que obedecen al show. Aun así hay que seguir trabajando.
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Francia ha visto grandes cambios en su vida, de hecho ella ve que su vida personal se volvió comunitaria. Ella antes era feliz cantando, bailando. A pesar de todo ella siente que estar trabajando por el bien de su comunidad, le llena y le da paz. A raíz de las amenazas que ha recibido, su familia le pide que no se arriesgue más, le dicen: “mire que a usted la matan y los dos primeros días la gente dice que pesar pero después la olvidan, igual que pasó con Genarotodos muy conmovidos los primeros días pero luego todo seguirá normal…” Bueno, dice Francia, pero también a veces me digo, si uno no hace lo que hay que hacer, ¿entonces quién lo hará?
Para Francia está claro que todos los reconocimientos en cuestión de derechos,  de territorios colectivos, de derechos ancestrales, no han sido regalos. Para que eso se haya logrado muchas personas arriesgaron su vida, y gracias a ellos las nuevas generaciones puedan decir con orgullo que tienen una identidad negra. Ella no pretende mostrarse como una futura mártir, pero ocurre que esas situaciones hacen parte de los proceso de liberación. Al final como ella dice: “Dios es el que sabe hasta cuánto va uno a vivir, y lo que toca es seguir luchando. Yo amo este proceso, yo me siento feliz haciendo lo que hago, aunque a veces muy frustrada pero…”
A veces escribe algo de música cuando está muy dolida y cuando tiene mucho sentimiento, ha escrito algunas canciones, se ríe un poco y dice: “si las grabo me vuelvo famosa y me pierdo, y término creyéndome la fama”. De hecho en el 2001 cuando hubo la masacre del Naya, escribió una canción, la cual cantó en su reciente visita a Cuba. Aquí le dejamos una de esas canciones.