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19 de abril de 2017

Afrocubanos buscan creación de instituciones propias

Más de 30 activistas, escritores, intelectuales, académicos y emprendedores cubanos, en su mayoría afrodescendientes, participaron en una reunión en la Universidad de Harvard para celebrar los logros del movimiento afrocubano y trazar una agenda para el trabajo futuro, reporta el diario El Nuevo Herald.

https://negracubanateniaqueser.com/2017/04/13/el-movimiento-afrocubano-activismo-e-investigacion-logros-y-desafios/
"Tenemos que tener conciencia de que este es un acto histórico", dijo Tomás Fernández Robaina, miembro de la Articulación Regional Afrodescendiente (ARAC) y autor del libro El Negro en Cuba, al inicio del evento el viernes, organizado por el Afro-Latin American Research Institute en el Hutchins Center de esa universidad.

Según el periódico miamense, fue "notable" la ausencia de representantes de organizaciones disidentes que trabajan el tema racial.

Alejandro de la Fuente, director del Afro-Latin American Research Institute, dijo que su exclusión fue una decisión consensuada y que se basó en la consideración de que esos grupos no tienen la lucha contra la discriminación racial como su principal objetivo, indicó el diario. Esto habría dejado fuera a proyectos con un importante trabajo de denuncia de los abusos contra la población negra y mestiza, como el Comité Ciudadanos por la Integración Racial.

Esos activistas, que llevan más de una década trabajando contra la discriminación racial, han sido en cambio invitados a paneles como los del Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, por sus siglas en inglés) para "poner en perspectiva el tema de la afrodescendencia", en los que también han participado enviados del Gobierno cubano.

De la Fuente, autor del libro Una nación para todos, dijo que la reunión de Harvard intentó celebrar y reconocer el trabajo de activistas e intelectuales que desde la década de los 90 del siglo pasado comenzaron a organizarse para denunciar el racismo, colocar el tema racial en la agenda pública y producir conocimiento sobre el papel de los afrodescendientes en la historia cubana.

Iniciativas como el Grupo Afrocubanas tratan de "romper el silencio sobre las mujeres negras en los textos maestros de la historia y la literatura cubana (…) y contribuir al desmontaje de los estereotipos racistas y sexistas negativos", comentó una de sus fundadoras, Daisy Rubiera.

Pionera en la lucha contra la discriminación racial en la Isla fue la Cofradía de la Negritud, fundada hace casi 20 años para "crear conciencia a nivel de la sociedad cubana sobre la discriminación".

"En aquel momento la población negra cubana no tenía voz y tratamos de rescatar el derecho a podernos expresar como negros", dijo uno de sus fundadores, Norberto Mesa.

Los participantes opinaron que uno de los logros del Movimiento Afrocubano ha sido que el tema racial dejara de ser tabú dentro de la Isla.

Sin embargo, el Gobierno continúa obstaculizando los intentos de visibilizar esa problemática que tiene una clara dimensión política. Varios de los asistentes al evento de Harvard son miembros de la oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba y no recibieron autorización institucional para participar, aunque pudieron realizar trámites personales para viajar. Otros invitados no pudieron viajar porque el Partido Comunista no se los permitió.

A falta de otros espacios más tradicionales, activistas e intelectuales han empleado desde boletines que envían por correo, como Desde La Ceiba, distribuido por el escritor e investigador Tato Quiñones, hasta blogs.

Existen 11 blogs dedicados al tema racial, dijo Sandra Abd'Allah-Alvarez Ramírez, autora de la páginaNegra cubana tenía que ser, en la red desde hace 11 años y el primero de su tipo que se produjo en Cuba, según El Nuevo Herald.

Durante el evento salió a relucir la polémica por una caricatura publicada por DIARIO DE CUBA que Álvarez y otras personas consideraron racista.

La caricatura, de Alen Lauzán, tenía como contexto la negativa de las autoridades cubanas a permitir la entrada a la Isla a Mariana Aylwin, exministra chilena e hija del fallecido expresidente Patricio Aylwin, quien debía recoger la mención de honor del Premio Oswaldo Payá Libertad y Vida, concedida a su padre por la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia.

Lauzán mostraba a dos mujeres chilenas que criticaban a Mariana Aylwin mientras practicaban turismo sexual en la Isla con dos cubanos negros vestidos con camisetas de propaganda castrista.

El dibujo fue calificado de racista por Álvarez y otros intelectuales que mantuvieron un debate en blogs y redes sociales.

"Sentí que estaba muy sola y que la gente que podía responder a esta caricatura racista estaban en Cuba desconectados", dijo la activista en el evento en Harvard. Añadió que recibió amenazas por sus críticas a la caricatura. No está claro si las detalló en el evento, el reporte de El Nuevo Herald no lo especificó.

"El principal aprendizaje [de esta experiencia] es que nosotros, negros cubanos, no tenemos que esperar nada del exilio cubano racista, nos quieren callados", afirmó Álvarez.

Tanto ella, como el historiador y poeta Arsenio Rodríguez Quintana y la narradora y profesora de la Universidad de Connecticut Odette Casamayor fueron invitados en privado y en público por DIARIO DE CUBA a explicar las razones por las cuales consideraban racista la caricatura de Lauzán.

Solo Casamayor respondió a esa invitación.

En el evento en Harvard, Alberto Abreu, escritor, premio Casa de las Américas y autor del sitioAfromodernidades, comentó que su blog le ha permitido introducir temáticas como las identidades sexuales disidentes y "abrir una brecha al control discursivo" de las autoridades cubanas.

No obstante, varios ponentes coincidieron en que aún no existen todos los espacios públicos necesarios para la discusión del tema racial. Otros señalaron que estos proyectos y organizaciones operan en un limbo jurídico: no son legales.

Esto es un problema importante para proyectos como Alianza Unidad Racial, que intenta fomentar una cultura de derechos entre los afrodescendientes y darle herramientas para enfrentar acciones discriminatorias de las autoridades y la policía, que usualmente detiene a jóvenes negros sin motivo aparente.

Intentos de unir las distintas iniciativas y visiones en una organización "sombrilla" para combatir el racismo, como el capítulo cubano de la ARAC —que contó inicialmente con el acuerdo del Estado— no han sido exitosos.

Los participantes discutieron también sobre el desarrollo del movimiento hip-hop en Cuba y el rol de la estatal Agencia Cubana de Rap.

Pese a haber sido un "movimiento antirracista" de vanguardia, comentó el ensayista y activista Roberto Zurbano, el movimiento cubano de hip hop no llegó a ser un movimiento social "porque fue abortado".

"Cuando tengan un proyecto que pase de un número de personas, van a ir por ustedes, si no eres hijo de [un dirigente] y si tu proyecto no responde a [los intereses de las autoridades]", comentó visiblemente frustrado Soandres de Río, del dúo Obsesión, quien ha organizado durante varios años el independiente evento de rap Puños Arriba.

Zurbano demandó "crear instituciones propias" y producir una historia del movimiento afrocubano. Tomás Fernández, por su parte, propuso "cambiar los planes de enseñanza de los estudios superiores" para "dar a conocer la historia negada, oculta, de nuestros ancestros afrocubanos".

"Se necesita un proceso de deconstrucción y tiene que haber políticas públicas", opinó la periodista e investigadora Gisela Arandia.


Artículo tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1492340848_30420.html  


4 de julio de 2012

Cuba: Escritoras negras, las menos visibles




Son poetas, ensayistas, investigadoras y narradoras que escriben, pero publican muy poco o casi nada en los circuitos oficiales y establecidos en el país. Sus obras se esparcen por blogs, páginas web, espacios de intranet y cuanta variante les permita mostrarlas, aunque son muy poco conocidas por el público en el país.


Por Sara Más (Cortesía del Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe)
Las escritoras negras se están valiendo de las nuevas tecnologías para difundir su obra en esta isla del Caribe, donde continúan siendo un segmento muy invisibilizado dentro del panorama editorial actual de la literatura contemporánea.

Son muchas más las que escriben que las que se ven”, aseguró la ensayista y narradora Inés María Martiatu, el 9 de febrero, en el espacio “Mirar desde la sospecha”, que cada mes se realiza en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), en La Habana, y que tuvo como tema de discusión “Género y raza en la narrativa femenina cubana”.

La propia Martiatu, quien recientemente obtuvo una mención en el Premio Casa de las Américas por su obra: “Y las negras qué. Pensando el afrofeminismo en Cuba”, publicó sus cuentos primero fuera de la isla, donde aún apenas se leen ni conocen.

Muy pocas personas determinan qué se publica y bajo un criterio muy cerrado”, sostuvo Martiatu en el encuentro, convocado por el Programa de Género y Cultura del no gubernamental Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero, con apoyo de la Uneac, la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude) y la Consejería Cultural de la Embajada de España en La Habana.

Sin embargo, no son pocas las escritoras negras y también algunas blancas que tratan los temas de racialidad y discriminación, reconoció Martiatu, quien recoge varios de esos textos en la antología: “El que más mira menos ve”, actualmente en preparación.

En su opinión, la invisibilidad de las narradoras afrocubanas está dada por el desinterés respecto a esa narrativa en unas pocas personas con poder de decisión acerca de lo que se publica, incluidos editores, críticos y antologadores.

Las editoriales, salvo excepciones, tienen cerradas las puertas para esta temática”, opina la historiadora y escritora Daisy Rubiera, compiladora junto a Martiatu de una antología que acaba de ver la luz en la capital cubana, bajo el sello de la Editorial Ciencias Sociales: “Afrocubanas, historia, pensamiento y prácticas culturales”.

Tras considerarse afortunada por haber podido publicar todo lo que ha escrito, Rubiera explica que gran parte de lo que logra llevarse a impresión se debe a gestiones personales en la búsqueda de financiamientos e instituciones que puedan estar interesadas en esos trabajos, o a que “nos publicamos nosotras mismas, unas a otras, en los espacios que creamos y algunas tenemos”.

Los problemas de las mujeres negras tampoco aparecen con fuerza en los debates sobre racialidad. “Se ha escrito un poco últimamente, pero quienes escriben siguen siendo hombres que no nos mencionan o apenas nos tocan con una pincelada”, explicó a SEMlac.

El tema, sin embargo, merece atención, según Rubiera. “No es lo mismo ser una mujer blanca que una negra”, insiste, sobre la base de un condicionamiento histórico, sociocultural, económico y de todo tipo que es diferente para cada una.
Cuando más se asemejan unas y otras es entre las pobres, precisa a SEMlac, y siempre las negras tendrán menos posibilidades, asegura, lo mismo para acceder a trabajos de mejor remuneración que para llegar a espacios de poder político, expone como ejemplos.

Más que de exclusión, Rubiera habla de silencios. “La ley y las políticas públicas nos dan el derecho a estar y participar en igualdad, pero el silencio que hay en torno al tema es el que impide visibilizarlo. El silencio es peor: no te excluyo, pero no te reconozco”, asegura la historiadora y escritora.

Para la cuentista Johana Depestre, en cambio, la escasa visibilidad de las escritoras afrodescendientes puede partir de cierta falta de identidad con sus orígenes, lo que se muestra en la representación que hacen de esos temas en sus tramas y personajes.

Hay narradoras negras que no muestran ser negras”, asegura Depestre, quien le llama a ese comportamiento "invisibilidad pasiva", porque “una misma se discrimina”.

Otro es el punto de vista de la poeta y narradora Carmen González, para quien son múltiples y diversas las razones. “Concluir que hemos sido invisibilizadas solo a causa del color de la piel o las posiciones de fuerza de las elites culturales que han dominado las artes y las letras en Cuba sería pecar de facilismo”, sostiene.

No obstante, reconoce que, cuando esas autoras construyen sujetos narrativos a partir del canon establecido, no se complican con la expresión de una autonomía construida por los rigores del margen o simulan el amaneramiento de su biografía, entonces clasifican para editoriales y antologías.

El canon no nos acepta porque el problema no son las negras, su arte o su literatura; el problema es el racismo como base y sus estructuras excluyentes”, señala González.

En la polémica resurgen también criterios contrapuestos en cuanto al reconocimiento de las raíces africanas, sobre todo a la hora de asumirse como afrocubanas o como cubanas, si se entiende que este último término incluye todas las raíces étnicas, culturales y procedencias que conforman la rica mezcla de la nacionalidad.

La profesora universitaria Berta Carricarte es de las que afirma no sentirse ni afrocubana ni hispanocubana, por separado, cuando ambos ancestros son parte de su existencia. “No niego ninguno y para mí ambos tienen el mismo valor”, asegura.

González, en cambio, ha decidido identificarse como afrodescendiente para poderse agrupar a personas que salen a defender sus derechos, como hace la comunidad gay.

Yo me siento afrocubana”, alega Martiatu, quien reconoció haberse distanciado de ese término y verse por mucho tiempo como cubana “porque pensé que mis dos raíces (española y africana) estaban ligadas, y ahora me doy cuenta de que en el ajiaco (mezcla) hay todavía partes duras que no se han disuelto”, explica.

La profesora universitaria Ileana González, quien impartió por muchos años la materia de Literatura del Caribe anglófobo y reconoce la subestimación que esa cultura ha padecido, cree importante el término afrocubano para remarcar, darle visibilidad y jerarquía a esa herencia africana que ha sido tan discriminada.

La esencia está en conocer la diversidad y respetarla, que las personas sean como se quieran nombrar, reflexionó la psicóloga social Mareelén Díaz Tenorio, de OAR. “Conocer nuestra diversidad es una manera de acercarnos más a la equidad y comprender que no podemos seguir discriminando”, dijo. “Para construir igualdad hay que conocer la diferencia y reconocer inequidades”.

Una de las vías empleadas por las escritoras negras para alejarse de la victimización, seguir creando y darse a conocer ha sido la de unirse en una plataforma de mujeres afrodescendientes que hacen poesía, narrativa, ensayo, testimonio, letras de rap, grabado o fotografía, expuso González.

Igualmente se expresan en contra de la visión estereotipada, folclorista y exótica con que se suele representar a mujeres y hombres de la población negra y mestiza, cuando se trata de “un mundo con una riqueza que no se puede encasillar”, opina Martiatu.

Para la también investigadora del teatro en Cuba, es particularmente interesante el segmento de las autoras afrodescendientes más jóvenes, que poseen otro punto de vista sobre el tema de la racialidad, parten de experiencias muy personales, de procesos vividos dentro de la revolución y tratan sobre su infancia, su relación con el movimiento hip hop y el performance, entre otros tópicos.

“Me inclino por trabajar para las nuevas generaciones. Nuestra escritura está encaminada a desmontar estereotipos negativos, sexistas y racistas. Es una responsabilidad de las mujeres que escribimos sobre nosotras mismas dejarles ese referente”, reiteró a SEMlac la escritora Daysi Rubiera.

Fuente: http://yenyere.org/sitio/2012/06/cuba-escritoras-negras-las-menos-visibles/