Mostrando entradas con la etiqueta Tumaco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tumaco. Mostrar todas las entradas

12 de diciembre de 2018

Tumaco, una guerra llamada posconflicto

Desde el puerto nariñense, sus habitantes narran cómo se vive una nueva oleada de violenta en la disputa entre disidencias de las Farc.


Por Alfredo Molano, vía Colombia 2020-el Espectador
El río Iscuandé marca el límite entre el Pacífico caucano y el nariñense. Sus aguas, menos turbias que las del río Guapi, desembocan en el mar en un sitio conocido como Mosquera, un entramado de manglares que parecen de esos laberintos hechos con pino. Se conocen como “los esteros del San Juan” y son ramales del río Patía, que nace cerca al Tambo (Nariño), en la Cordillera Central, y termina desembocando a la altura de las Bocas de Satinga. El Patía ha conformado una subregión rica en oro y en los últimos años también en coca. De Iscuandé a Tumaco hay seis o siete horas de recorrido, cinco de las cuales se gastan atravesando los tupidos manglares que esquivan el monótono paisaje de la costa del mar. Allí la vida se siente. El pitido de las chicharras se traga todos los sonidos de un bosque submarino que parece palpitar de lo vivo.

Mientras un biólogo navega los esteros del San Juan fascinado por su naturaleza, la gente de esta región los atraviesa con los ojos cerrados.Son tierras de dominio absoluto de la gente de Guacho. Cada cierto tiempo aparece una casa al margen del mangle, unas personas discretamente paradas o una lancha. “Aquí todo está milimétricamente controlado. Uno no se encuentra a nadie, pero ya todo el mundo sabe quién va navegando. ¿Vio a esa gente que estaba apostada en la esquina entre Cocal Jiménez y Guachacal? Son “puntos”, gente que está informando constantemente lo que pasa en el estero. Estos manglares vieron crecer a David, el man que supuestamente era de Guacho y mató el Ejército recientemente”, explica, bajando la voz, entre el misterio y la cautela, uno de los lancheros.

El recorrido es tan fascinante como largo. Es el cierre del Patía, una región de exuberante riqueza natural, donde los esclavos de las minas de Barbacoas encontraron refugio en un ambiente profuso en alimentos. Las minas fueron fundadas en la segunda mitad del siglo XVII por Francisco Parada y alcanzaron a ser una de las regiones con mayor explotación aurífera de los tiempos coloniales, lo que significó también la introducción de una enorme cantidad de esclavos que, en 1778, se calculaba que pasaban de 6.000. A finales del siglo XIX y principios del XX era tan fuerte la fiebre del oro en Barbacoas que compañías extranjeras, como la Telembí Mining Company, la San Lorenzo Gold Gravel o The Patía Syndicate Limited, explotaban los ríos Patía y Telembí. La evolución de esta feria es la llegada de las retroexcavadoras a cada río de la región y, tras el oro, llegaron también los armados: guerrillas y paramilitares, con los que también llegó la coca.

La siembra de la coca arribó a Tumaco con los colonos que salieron desplazados de Putumayo, Caquetá y Guaviare por las fumigaciones de los años 90. A mediados de esa década, el gobierno de Ernesto Samper intentó promover una sustitución de cultivos ilícitos por palma de aceite. La gente se la jugó, se empeñó con los bancos, vendió tierras a los palmeros o alquilaron sus territorios, pero las cosechas fracasaron con la epidemia de la pudrición del cogollo. Este antecedente todavía está en la memoria de campesinos, indígenas y afros de la zona rural del municipio, y ha jugado en contra del Plan de Sustitución derivado del Acuerdo de Paz. El fracaso de los cultivos lícitos —llámese palma o cacao— arraigó la economía cocalera en Tumaco y sus alrededores. Además, encontró en el cartel de Cali compradores, protectores y promotores.

Las guerrillas llegaron a la zona por los corredores del Cauca a mediados de los años 80. Llegaron por dos rutas: una que bajó por el río Micay y otra por el Patía. En la segunda mitad de los años 90, tanto el Eln como las Farc habían logrado una base social importante en la región. Sin embargo, el Plan Colombia los movió de sus posiciones de dominio. Y en los primeros años del nuevo siglo, los “paras” llegaron con unidades que se desprendieron del Bloque Libertadores del Sur y bajaron por los lados de Policarpa y Cumbitara. Su estrategia, diferente a la de las guerrillas, fue apostarle al control de los ríos en los puertos y desembocaduras. Así rápidamente asfixiaron a las Farc y controlaron el negocio de la coca.

En este contexto, vinieron los años más duros de confrontación militar. La guerra entre los dos bandos fue cerrando el anillo del área rural al área urbana. Los combates se registraban a diario en esteros, ríos y barrios de Tumaco y sus alrededores. El interés en el puerto vuelve a ser su ubicación geoestratégica para comunicar a Colombia con el Pacífico, para lo que el Estado trazó varias megaobras, como el canal seco Atrato-Truandó, la carretera Pereira-Nuquí o el puerto de aguas profundas de Bahía Cupica. En este interés económico por la llamada Perla del Pacífico, los territorios negros eran vistos como una piedra en el zapato, más cuando surgió la figura de la hermana Yolanda Cerón, madre innegable de la llamada Ley 70 (o de Comunidades Negras), quien fue asesinada el 19 de septiembre de 2001.

Cerón fue una de las más notables defensoras de los territorios colectivos de los afros. Nació en Berruecos, Nariño, en 1958, y durante los años 90 acompañó desde la Pastoral Social y la Diócesis del Pacífico a varias comunidades negras de Nariño en su constitución como consejos comunitarios. Se calcula que logró la titulación de al menos 100.000 hectáreas de territorios colectivos de comunidades negras, bajo el amparo de esa ley, que ella misma impulsó en la Constituyente. Su entrega a las comunidades del Pacífico solo fue equiparable a la insistencia con que denunció la irrupción paramilitar en la zona de influencia de Tumaco. Hasta el día de su muerte advirtió de la complicidad de la Fuerza Pública en la operación de control paramilitar del puerto. Un legado que le costó la vida a plena luz del día, frente a la Iglesia La Merced, en el centro de la población.

Con la desmovilización paramilitar, en 2005, Tumaco volvió a convertirse en territorio de disputa entre las estructuras aliadas al narcotráfico y las Farc, que logró consolidar una importante red de milicianos agrupados en la columna móvil Daniel Aldana. Estructura que tomó distancia del Acuerdo de Paz y proveyó la base del Frente Oliver Sinisterra, que lidera alias Guacho, y cuyos mandos medios, como fueron alias Don Y y alias David, dos hermanos que manejaron, hasta el día de su muerte, el control del narcotráfico en buena parte del puerto. Al primero lo mataron las Farc en noviembre de 2016 y el segundo cayó en un operativo militar en septiembre pasado. Estos dos hermanos consolidaron un importante poder en Tumaco bajo la franquicia armada de Guacho. Sin embargo, en el puerto todo el mundo sabe que la alianza fue por un tema estratégico y que al final terminaron enfrentados.

Ni la muerte de Don Y ni la de David extinguieron el poder militar de estas estructuras urbanas de disidentes de las Farc. Y hoy se vive una grave situación humanitaria que ha perdido el interés de la opinión pública, pero no la intensidad de la guerra intraurbana. “Lo que está ocurriendo en Tumaco es una carnicería. Un horror que no tiene nombre pero sí apodo: ese es el tal posconflicto. Es la muestra perfecta de lo que ocurre cuando sale una estructura armada de las dimensiones de las Farc, pero no llega la institucionalidad. Eso sí, le han metido toda la Fuerza Pública del mundo, se habla de 9.000 a 12.000 efectivos. No solo nada ha cambiado, sino que se ha puesto peor. Todos los días matan gente, la desaparecen, la desplazan, la torturan y descuartizan”, dice un poblador indignado.

Según cuentan, Tumaco volvió a los tiempos en que sus barrios se dividieron por uniformes. “La gente de David controla La Ciudadela, Viento Libre, La Y, Panamá, La Paz, Obrero y El Triunfo. Guacho mantiene el dominio de El Milenio, 11 de Noviembre, El Voladero, Exportcol y El Morro. La guerra entre los dos está prendida. La gente que vive en los barrios de Guacho no puede ir a los de la gente de David porque la matan. Y todos los días se dan candela. Acaban de matar a un niño saliendo del colegio. La cosa está muy peluda. No le recomiendo seguir averiguando nada de lo que está pasando acá”, advirtió antes de perderse.

Un habitante de uno de los barrios de la gente de David, que incluso lo conoció desde cuando era niño, contó que junto a su hermano, Don Y, eran milicianos de las Farc y crecieron en uno de los esteros cerca a Tumaco. Que provienen de una familia muy pobre y que tras la desmovilización lograron recoger muchos de los contactos de las Farc en temas de narcotráfico. El relato de cómo murió David es propio de una de esas nuevas series de “narcos”. Cuentan que era un hombre muy esotérico y que desde hace siete años tenía una bruja de cabecera que vivía en Buenaventura y que fue ella el señuelo para ubicarlo.

“Inteligencia militar compró a la bruja y ella se prestó para montar el operativo en el que lo mataron. En el barrio todo el mundo habla de que ella le iba a hacer un rezo de protección, pero le puso unas condiciones. Le dijo que tenía que ser en la madrugada de un día de luna llena y que esa noche debía ubicarse sin escoltas en una casa que ellos definieron. La bruja le mandó un bebedizo que David debía tomarse a la una de la madrugada. Él se encontraba con su hermana y con su esposa, quienes lo iban a ayudar a hacerse los baños. Lo cierto es que lo que se tomó lo dejó paralizado. El man se desplomó y empezó a botar espuma por la boca. Al tiempo, la gente que le estaba haciendo guardia advirtió que el Ejército estaba cerrando el perímetro. El propio papá de David fue a buscarlo para sacarlo alzado, pero dizque el hombre se negó, que les dijo que todo iba a estar bien, que a él lo protegían los espíritus. Al rato tocaron la puerta, cuando la hermana abrió le cayó una lluvia de plomo. David y la hermana murieron y la esposa se salvó”, dice el relato.

“Mucho le advertimos al Gobierno de que lo que se venía en Tumaco iba a ser terrible si no implementaba juiciosamente el Acuerdo de Paz. Hubo unos líderes de las milicias que se pusieron la camiseta, tanto para lograr que un grupo importante de la Aldana se acogiera al Acuerdo, como para que varias familias del área rural suscribieran los acuerdos de sustitución. Los pela’os le metieron el pecho, pero el Gobierno no los protegió: a uno lo mataron y el otro está preso. Esto minó la confianza de muchas personas y provocó una guerra terrible entre los milicianos y la base social de las Farc. La muerte de Don Y desató una guerra de desconfianzas entre antiguos aliados. Este es el caldo de cultivo que le está dando cada día más fuerza a Guacho”, explicó un hombre muy cercano al proceso de negociación con la columna móvil Daniel Aldana.


“Es que el posconflicto necesita de oportunidades para esa gente, seguridad jurídica, física y económica. Imagínese que les dan un subsidio de $400.000, mientras la disidencia les ofrece $2’000.000 a los que menos experiencia tienen. Fuera de eso los están matando. Y eso que esto está militarizado. El narcotráfico se tomó el puerto tras la salida de las Farc y es que creen que matando a los cabecillas van a solucionarlo; no se dan cuenta de que mientras sigan administrando el territorio como lo vienen haciendo, van a tener el mismo resultado”, agregó. Y las cifras le dan la razón: según información oficial, entre el 1° de enero y el 5 de diciembre de este año se han registrado 595 investigaciones por homicidios en todo Nariño, de las cuales 237 se produjeron en Tumaco, lo que representa un incremento del 22,8 % con respecto al año pasado, cuando al mismo mes se reportaron 193 denuncias de asesinatos en el puerto.

Texto y fotos tomados de: https://colombia2020.elespectador.com/territorio/tumaco-una-guerra-llamada-posconflicto 

5 de enero de 2017

¿Qué pasa en Tumaco?

El periódico más influyente de Colombia dedica su editorial del 3 de enero de 2017, a analizar la situación del municipio de Tumaco, en el marco del proceso de paz con las FARC.


En el marco de las fiestas decembrinas, no puede pasar en el olvido una región que vive una situación de otro color. El país le sigue dando la espalda a Tumaco. Mientras en muchos lugares sus habitantes comienzan a sentir el alivio del cese de la actividad ilegal de las Farc, mientras las estadísticas del Hospital Militar muestran una importante disminución en la cantidad de miembros de la Fuerza Pública atendidos, y mientras en el Congreso se sientan los pilares legales del posconflicto, en el puerto nariñense la violencia sigue presente.

Algunos habitantes afirman, con esa resignación con traje de cinismo, última defensa que queda frente a la desolación total, que en tanto estuvieron activas las Farc, las acciones delincuenciales se redujeron a sus justas proporciones. Y lamentan que su retirada con motivo del proceso de paz no marcó la llegada del Estado, pues, desgraciadamente, no corresponde aquí hablar de regreso, sino la de nuevas bandas criminales, incluido el Eln, que hoy libran una cruenta disputa por el control territorial. Guerra que tiene como apetecido botín las rutas para el envío de droga y las rentas de la extorsión, de la que nadie se salva.

El diagnóstico no es un misterio: mafias que buscan apoderarse de fuentes de ingresos provenientes de economías ilegales, en un contexto en el que ‘desconfianza’ y ‘ausencia’ son los calificativos más ajustados para referirse al papel del Estado en todo este drama. Y por más que los esfuerzos de valientes y corajudos miembros de la Fuerza Pública se traduzcan en logros como las recientes incautaciones de droga, esto no logra sanar el daño que, en términos de la pérdida de confianza de la gente hacia las instituciones, produce la cercanía de algunas manzanas podridas con dichas bandas. Ni hablar de lo corrosiva que resulta la corrupción o la ineficiencia: la misma que lleva a que los médicos del hospital tengan varios meses sin recibir salario.

Si quedan dudas de lo crítico del panorama, ahí están las cifras: 132 homicidios al finalizar el año –menos que en el 2015, pero no por ello es menos aterrador el dato–; 16.990 hectáreas sembradas de coca, 18 por ciento más que el año pasado, según denunció en este diario el padre Arnulfo Mira, vicario de la diócesis local. “Algo está pasando aquí”, sentenció en días pasados con motivo también de la explosión de una granada en un bar, hecho que dejó dos muertos y 23 heridos.
Tomada de twitter.
Foto tomada de twitter
Es un deber moral del Estado responder esa pregunta. Pero se trata apenas del primer paso. Y parte de la zozobra de los tumaqueños nace de ni siquiera saber de dónde vienen las balas, las amenazas. Luego es imperativo que este municipio se ubique a la cabeza de las listas de prioridades, llegado el momento de llevar a los hechos todo lo firmado con las Farc, para garantizar, con desarrollo y oportunidades reales para los menos favorecidos, que la paz sea estable y duradera.

Lo que hoy ocurre en Tumaco debe ser motivo de una respuesta urgente y contundente del Estado. Por el bienestar de su gente, por supuesto, pero además porque es la oportunidad de sentar un precedente: el que resultará de demostrar que las instituciones están en capacidad de responderles a los miles de colombianos que vivían en zonas en las que predominaban las Farc. En otras palabras, de que la paz es viable.

Tomado de: http://www.eltiempo.com/opinion/editorial/que-pasa-en-tumaco-editorial-el-tiempo-4-de-enero-de-2017/16785452

12 de diciembre de 2016

Comunicado de la Pastoral Social de la Diócesis de Tumaco

A continuación les compartimos el comunicado de la Pastoral Social de la Diócesis de Tumaco, ante los ocurrido entre agosto y noviembre del presente año.

El link del texto

“Sobre la situación de Derechos Humanos el Pacífico nariñense”


El texto en imagen


21 de julio de 2015

DOCENTES DEL PACIFICO CONTINÚAN TOMA DE LA IGLESIA SAN FRANCISCO EN EL CENTRO DE BOGOTÁ.

El CAEDI - BOGOTÁ, visitó este fin de semana a los profesores del Pacífico quienes a pesar del cansancio por el paso de los días y el frío de la capital, continúan con mucha firmeza en su intención de dialogar con el gobierno nacional. 

Ya hace más de diez días que unos 300 docentes venidos del pacífico colombiano, en especial del departamento de Nariño y del municipio de Buenaventura se tomaron pacíficamente la Iglesia de San Francisco, en la carrera Séptima en el centro de Bogotá. La decisión fue tomada luego de una larga búsqueda infructuosa por entrar en dialogo con el gobierno, en especial con la ministra de educación. Se cansaron de dialogar con representantes del ministerio de educación con muy bajo poder en la toma de decisiones respecto de sus exigencias. Curiosamente, ahora que han llegado a Bogotá, les han enviado a esos mismos representantes intrascendentes. Aun así, esperan que en la mañana de hoy martes, se concrete una reunión entre miembros del ministerio de Educación y representantes de los docentes.

 Los docentes se encuentran a tiempo completo en el templo, allí duermen en las bancas que han unido para simular una cama. En el lugar que antes se escuchaban cantos religiosos, se oye ahora las conversaciones entre los profes, hablando de su situación, el sonido de sus celulares por medio de los cuales se comunican muy probablemente con sus hijos y demás familiares que se han quedado en sus pueblitos y veredas. A los profes no les quedaba otra salida, o se venían para la capital o su irremediable situación acabaría por condenarlos al desempleo y a todos sus estudiantes al fracaso educativo. Nos cuenta el profesor Derby Sánchez que la deserción escolar es del 10%, pero aun así los que terminan el colegio, tienen muy pocas oportunidades para continuar sus estudios. De este modo se da la fuga de las generaciones más jóvenes a otros lugares, por supuesto ese es uno de los motivos, pues todos sabemos que la violencia, avalancha minera y narcotráfico son otros de los principales factores que obstaculizan el futuro de sus pueblos.

Nos cuentan los docentes que desarrollar la labor educativa en su región es una tarea que hacen con amor, pero se han cansado del abandono estatal, pues sus escuelas no cuentan con la infraestructura necesaria. El trabajo docente no es bien remunerado, uno de los profes nos dice que para ganarse la vida, se ocupa como peluquero y también como pescador. Tener más ocupaciones a parte del servicio docente es prácticamente una obligación entre estos maestros. Junto a esta situación están las nuevas y descontextualizadas exigencias del ministerio de educación que ha sometido los puestos de estos profesores a concurso docente. Sin tener en cuenta que hacen parte de las poblaciones afrocolombianas, las cuales reclaman un trato parecido al que desde la etnoeducación se le da a los pueblos indígenas, en la medida que pueden tener docentes pertenecientes a sus mismas comunidades. Los profesores están de acuerdo y piden que se dé vía libre al proyecto etnoeducativo afrocolombiano en la departamento de Nariño.
Por otra parte, llegar a Bogotá y ubicarse en un sector tan concurrido como la carrera séptima ha sido una experiencia muy fuerte para los profes. Por este sector de la ciudad se moviliza a diario gran cantidad de personas, algunas de ellas, se detienen un momento, preguntan qué pasa, y les alientan en su búsqueda. Pero también es cierto que por allí también pasa a diario la indiferencia del colombiano y la colombiana que poco le interesa lo sucesos a su rededor. Les ha tocado a nuestros profes sentir también de cerca el abandono de sus compatriotas.

Pero más allá de esta situación es verdaderamente loable la decisión de los docentes. Cuando todo esto pase, -y Dios quiera que sea pronto- tendrán grandes historias para contarles a sus estudiantes, de cómo se vinieron desde sus lugares de origen, hasta el corazón mismo de la capital, a reclamar por mejor educación para ellos y ellas. 

REDACCIÓN CAEDI - BOGOTÁ

10 de diciembre de 2013

Militares de EEUU estarían detrás de prostitución de menores en Tumaco


Líderes sociales denuncian que militares de Estados Unidos pagan 50 dólares por sexo con menores del puerto.
Caracol | Octubre 23 de 2013

El puerto de Tumaco, sobre la costa pacífica, está en medio del abandono por parte del Estado, la falta de energía y agua, escasez de alimentos, cierre de más de 1.000 empresas, altos índices de homicidios y desempleo y permanentes atentados terroristas.  Ahora, se les suma la utilización de niñas para actividades sexuales con militares de los Estados Unidos y de Colombia.

Según dirigentes de Derechos Humanos, docentes y habitantes de Tumaco, militares antinarcóticos del Gobierno estadounidense que realizan operaciones de fumigación aérea contra los cultivos de drogas en la costa pacífica nariñense, están pagando hasta cincuenta dólares para tener sexo con menores de edad.

Dichas personas confirmaron que el personal de las fuerzas militares de Estados Unidos que se hospeda en hoteles cinco estrellas, ubicados en la zona turística de la playa del Morro, contratan a las niñas a través de las mafias que ofrecen sus servicios con catálogos.

“Lo más triste es que los mismo militares gringos utilizan a estas niñas. Ellos son los que promueven esto. Totalmente seguro y pregúntele a cualquiera. Las autoridades callan sobre este asunto”.

Otro habitante del puerto de Tumaco aseguró que la prostitución infantil es muy delicada; las niñas, desde los doce a los quince años, se venden a las mismas autoridades policiales y a los agentes antinarcóticos de los Estados Unidos.

“Si uno va y denuncia se convierte en un problema de seguridad.  Aquí vivimos en el silencio, es más nos da miedo hasta hablar. No vemos que la autoridad municipal se manifieste, parece que le da miedo, por eso preferimos callar”.

Un defensor de Derechos Humanos advirtió que el flagelo de la prostitución infantil en este Municipio de la costa pacífica nariñense crece cada día más porque nadie le para atención a esta problemática.

“En el sector turístico de El Morro particularmente, hay hoteles que hospeda pilotos y militares extranjeros que buscan tener como compañía menores de edad. A ellos no les importa quienes son, solo les interés satisfacer sus apetitos sexuales”.

Estas afirmaciones las corroboró una docente de uno de los dos colegios donde estudian solo niñas; ella agregó que hay casos de niñas que, de un día para otro, aparecen en clase con tres celulares de gama alta, sin ninguna explicación.

“Hay una orden de que no se puede hablar de este tema porque, lamentablemente, hay militares implicados en la prostitución infantil que se registra en Tumaco”, sostuvo la profesora.

Una mujer que protege a la población vulnerable de Tumaco, a su turno, denunció que soldados de la base militar del Municipio de Francisco Pizarro, a quince minutos vía marítima, han drogando y violando menores en esta población.

Pero ahí no para todo. Ante la cantidad de grupos al margen de la Ley que operan en Tumaco, a varios menores las están violando y descuartizando si no acceden a sus pretensiones.

“El último caso se presentó en el sector de El Bajito, una de las playas de Tumaco, con una menor de catorce años; ella fue abusada por cuatro delincuentes que luego la descuartizaron. Vivía en el Nuevo Milenio”, explicó.

fuente: http://www.caracol.com.co/noticias/regionales/militares-de-eeuu-estarian-detras...
 

13 de diciembre de 2012

WOLA rechaza de manera categórica el asesinato de líder afrocolombiano



La Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés) condena fuertemente el asesinato del líder afrocolombiano Miller Angulo Rivera. El Sr. Rivera fue asesinado con arma de fuego el primero de diciembre de 2012 en la ciudad de Tumaco, en la costa pacífica de Colombia. Tenía 33 años de edad y deja una esposa, una hija y un hijo. WOLA expresa sus condolencias más sinceras a la familia del sr. Rivera.

Miembro de la Asociación Nacional de Afrocolombianas Desplazados (AFRODES), el sr. Rivera abogaba por los derechos de los afrocolombianas desplazados y sirvió como secretario técnico de la Mesa Municipal de Víctimas de Tumaco. También fue líder activo en el movimiento en defensa de las tierras de las comunidades afrocolombianas. WOLA colaboró con él en sus esfuerzos por defender los derechos de los afrocolombianas desplazados por el conflicto. El asesinato viene después de que había recibido varias amenazas de muerte por parte de dos grupos paramilitares, las Águilas Negras y el Grupo Anti-Restitución de Nariño (GAR).

El asesinato del sr. Rivera, después de haber recibido múltiples amenazas de muerte, destaca que estas amenazas tienen que ser tomadas en serio, hay que investigar sus orígenes y los amenazados necesitan medidas de protección.  El 13 de noviembre, las Águilas Negras circularon una amenaza de muerte listando a AFRODES y a otros grupos e individuos, los copartes más cercanos de WOLA.  Incluyeron a varias organizaciones afrocolombianas regionales y organizaciones de mujeres en las áreas de Chocó, Cundinamarca, Nariño, Valle del Cauca y Cauca. Se les incluyó en la amenaza del día 13 de noviembre, que WOLA denunció a las autoridades estadounidenses y colombianas; las mismas que aún no han tomado las acciones apropiadas para proteger a las personas que se encuentran en alto riesgo.

WOLA está sumamente preocupada por la seguridad de los líderes y lideresas de AFRODES, y en particular por la seguridad de 22 líderes y lideresas que han pedido medidas de protección a la Unidad Nacional de Protección y no las han recibido. El Congreso de los EE.UU. ha puesto condicionamientos a la ayuda militar a Colombia.  Afirman que este país tiene que proteger a sus líderes y lideresas afrodescendientes para recibir los fondos. Instamos al Departamento del Estado de los EE.UU. a que comunique a las autoridades colombianas la importancia de asegurar la protección de los líderes amenazados. También llamamos a que se investigue de forma inmediata el asesinato del sr. Rivera y se termine en la captura de los responsables.

En 2010, AFRODES recibió el Premio WOLA de Derechos Humanos por dedicarse durante más de diez años a la defensa de pueblo afro en situación de desplazamiento y confinación.




23 de octubre de 2012

En Tumaco, 50 jóvenes desafían un destino violento


El fútbol suele ser un alivio en medio de las balas. En esta cancha de arena, ubicada en el barrio Nuevo Milenio de Tumaco, hay jóvenes que se negaron a la violencia, que prefieren correr detrás de un balón.

Ellos no matan, ni roban, ni extorsionan. Historia de chicos anormales.
Por: Laura Marcela Hincapié Serna, enviada especial a Tumaco

Y su tío insistía. En la mañana, en la tarde, en la noche. A veces, le pasaba uno que otro billete de $20.000 para tentarlo. “Hágale mijo, no sea pendejo”. Y John Edward que no, que él no quería meterse con esa gente, que lo dejara sano.

El trabajo que debía hacer el pelado de 16 años, según su tío, era tan sencillo como el de un mensajero: parcharse en una esquina, entregar paquetes, avisar la llegada de los tombos, cobrar las cuotas a comerciantes. El sueldo: $300.000 mensuales.

En Tumaco a los menores que cumplen estas funciones se les conoce como campaneros. La mayoría trabaja para los grupos armados que se pelean, que se matan por el municipio: las Farc y ‘Los Rastrojos’. El 50% de los miembros de estas bandas, según lo estiman las autoridades, corresponde a adolescentes que empiezan así, como mensajeros, y luego se convierten en sicarios, extorsionistas, reclutadores.

John Edward sigue firme. La voz no le tiembla para rechazar a su tío. Y eso que su hermano aceptó hace un año esa propuesta y su primo también y su amigo y su cuñado y el hijo del señor de la tienda...

Pero si el muchacho tuvo que dejar el bachillerato porque no tenía plata para la matrícula; si pensar en una universidad para él es un sueño tan ingenuo como ser presidente, astronauta, estrella de rock; si su mamá es conchera (recoge piangua) y no gana más de $20.000 a la semana; ¿Por qué se niega a aceptar la propuesta de su tío? ¿Por qué no quiere ganarse $300.000 fijos al mes? ¿Acaso está loco?

En el puerto solo el 1% de los jóvenes va a la universidad, el 40% no acaba el bachillerato. En la Universidad de Nariño, la única institución pública en el municipio, las matrículas son inalcanzables para las familias que viven de la pesca: $600.000 el semestre, el doble de lo que cuesta en Pasto.

***

Francisco se amarra los guayos y se sube las medias hasta la rodilla; Steven ya está parado en la portería, un arco hecho con palos de guadua; Julián escribe en un cuaderno de ositos la lista de los jugadores de hoy sábado 20 de septiembre; Jeison, Alex, Carlos, Mauricio, están calentando en la mitad de la cancha.

El uniforme: pantalonetas, camisetas manga sisa, gorras al revés, aretes en las orejas, las cejas. No parecen futbolistas, lucen como un grupo de cantantes de rap que cayó en ese lugar por accidente.

La escena ocurre en la sede del Centro Afro del barrio Nuevo Milenio de Tumaco, uno de los más violentos del municipio, donde en cada esquina los habitantes han visto a hombres disparar; agonizar, morir.

La cancha es un rectángulo de arena encerrado por mallas de alambre. En el lugar hay un afiche de tela que se mueve con el viento de las 5:00 p.m.: “Los pacíficos somos más, te invitamos a construir la paz”. Alrededor hay 10 jóvenes sentadas en pupitres esperando que empiece el partido, parece que estuvieran listas para recibir una clase. Quizá sea así. En ese lugar a los menores se les enseña que el destino, ese que parece tan predecible en un puerto donde los niños aprenden a hablar en medio del eco de disparos y el estallido de bombas, puede cambiar de rumbo, como un partido de fútbol, como un gol en el último minuto.

Este año en Tumaco han sido aprehendidos 40 adolescentes, 28 más que el año anterior: un aumento del 122%, según la Policía Nariño. Los delitos: homicidio, extorsión, hurto a personas, porte ilegal de armas de fuego, tráfico de estupefacientes.

John Edward, el del tío insistente, es el capitán del equipo. Hace un año está a cargo de los muchachos que se reúnen todas las tardes a patear el balón. Al Centro asisten en total 50 adolescentes que, también, ayudan en lo que resulte.

La vida trae contradicciones: en el municipio donde los jóvenes están acostumbrados a matar por $100.000, transportar droga por $50.000, vigilar calles por $30.000, extorsionar a la señora de los chontaduros por $2.000, también hay pelados que trabajan gratis: limpian las calles, llevan mercados a los necesitados, construyen casas para los ancianos.

***

Curioso que un hombre llegue del otro lado del mundo para enfrentar una guerra ajena. Difícil de creer que el destino regale la fortuna de nacer lejos de la miseria, de la violencia, y, aún así, te empeñes en buscarlas. 
El sacerdote José Luis Fonsilla ahora está sentado en una silla Rimax, descarga sus brazos huesudos en una mesa redonda de madera. La casa donde vive es pequeña, oscura, con paredes de ladrillos mal pintados de amarillo, rojo, verde, rosado. 

En una de las paredes hay dos mapas pegados con cinta, uno es de Nariño, el otro de Colombia. Seguro están desde hace cinco años, cuando recién llegó de España a un país del que solo había escuchado su nombre. Al fondo del lugar hay una cocina improvisada con un mesón de madera donde están tirados vasos de aluminio, vasijas plásticas, envases de gaseosa. Todo en desorden, como si un temblor acabara de ocurrir. 

El hombre alto, pelo negro, se quita los lentes, se frota los ojos, empieza el relato. Cuenta que siempre quiso vivir así, sin lujos. Por eso hace quince años salió de Madrid huyendo de la vida cómoda que tenía. Lo hizo justo después de terminar su carrera de Química. Nunca le interesó ejercerla, él solo quería viajar por el mundo, ayudar a las comunidades pobres. Así como hay jóvenes que rompen la tradición violenta de un pueblo, también hay hombres capaces de dejarlo todo por extraños. 

Viajó a Portugal, Ecuador, Perú, hasta llegar al barrio Nuevo Milenio de Tumaco, por orden de los Misioneros Combonianos. Entonces, el hombre que no quería ser químico hizo el experimento de su vida: se le ocurrió crear un sitio donde niños y adolescentes pudieran ir a leer, trabajar en proyectos con la comunidad, formarse como líderes. Así, con el apoyo de la Iglesia, nació hace dos años el Centro Afro.

El padre recuerda que lo primero que hizo fue hallar un sitio para la cancha de fútbol: el deporte suele ser un alivio en medio de las balas. También creó una biblioteca que, luego de 24 meses, parece nueva: solo tiene 200 libros.

El Centro tiene seis computadores y dos máquinas para estampar camisetas que los jóvenes venden. José sonríe cuando recuerda lo que ha logrado en el puerto. Cuenta el caso de una muchacha de 15 años que un día llegó a su casa gritando ¡Me quiero suicidar! La jovencita había terminado el bachillerato y quería ir a la universidad, pero no tenía dinero. Su madre ya le había advertido que debía trabajar como empleada. El sacerdote le prometió ayuda, la niña confió en él: a los dos meses ya tenía una beca en el Sena.

En Tumaco cinco de cada diez niñas trabajan en el servicio doméstico porque no tienen acceso al estudio. Muchas, por eso, terminan vinculadas con los grupos armados, la mayoría como informantes. Otras se enamoran, quedan embarazadas de guerrilleros, luego viudas.

 ***

Ese sábado el partido terminó a las 7:00 p.m. La noche apenas estaría comenzando para muchos jóvenes de Tumaco que salen en sus motos a recorrer los bares de la playa El Morro, a buscar problemas en los barrios, a veces, a hacer disparos al aire para infundir miedo, para que los respeten, porque -dicen las autoridades- los muchachitos armados se sienten dueños del pueblo.

Para los pelados del Centro Afro la jornada terminó. El padre José les recuerda que al día siguiente tienen una reunión para organizar las próximas actividades. ¿Y ahora no salen por ahí, a dar una vuelta? Angie: 16 años, pelo negro, ojos grandes; se apresura a responder: “Aquí es mejor no dar lora”. Ella todos los días se encierra en su casa a las 8:00 p.m.

Sus compañeros asienten con la cabeza, dándole la razón. Francisco aclara que salir es un riesgo. ¿Acaso los pelados que le dicen no a la violencia también tienen que esconderse? Los chicos del Centro Afro explican que ser diferente resulta ser una especie de pecado. John Edward recuerda a su tío, acechándolo. Es que -dice- todos tienen un amigo, un familiar que está en los grupos armados y que siempre está allí, haciendo ofertas, presionando. Entonces, cuando se cansan, los amenazan, los obligan a irse. “Nos cogen bronca porque dicen que somos anormales”.

En los últimos cinco años más de 20 adolescentes han tenido que abandonar el barrio Nuevo Milenio debido a las amenazas de los grupos armados. Ninguno de ellos quiso vincularse con las armas; les cobraron su rebeldía.

Otras veces, los policías se convierten en enemigos. Como los ven así -dice Steven- con gorras, aretes, entonces los tildan, también, de delincuentes. El padre González cuenta que en varias ocasiones ha tenido que salir a defender a sus muchachos; ya ha jurado por varios santos que ellos son tranquilos que -así ni las autoridades lo crean- en Tumaco hay un grupo de jóvenes que no ha caído en las armas. ¿Por qué estos 50 adolescentes insisten en ser pacíficos, así los persigan, los insulten, no les crean?

Tania cuenta que, con solo 15 años, ya ha visto morir a cinco amigos que se vincularon a los grupos armados. La última fue Diana. Hace un mes a la muchacha le pegaron dos tiros. En el barrio dicen que fue un tipo de ‘Los Rastrojos’ que le cobró ser la novia de uno de sus enemigos: un guerrillero de las Farc. Carlos, Mauricio, Francisco, Marcela, Andrea, Yeison; cuentan una historia similar.

En el 2011 catorce menores de edad fueron asesinados en Tumaco. Este año, de acuerdo con la Policía, terminará con una cifra aún mayor: a la fecha ya van 16.

Entonces, el recuerdo de los cuerpos cayendo al piso es suficiente para ellos, al menos, para esos 50 jóvenes que hoy contradicen un destino violento. Ya son las ocho de la noche y Angie tiene que entrarse a la casa. El resto también.

Fuente: http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/ 

Ver también:

http://www.semana.com/nacion/maldicion-tumaco/183318-3.aspx

http://www.eltiempo.com/justicia/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12166213.html

http://www.elespectador.com/noticias/nacional/articulo-370124-se-restablece-servicio-de-energia-tumaco

http://www.elpais.com.co/elpais/economia/noticias/cultivadores-palma-tumaco-piden-apoyo-nacion

 

7 de mayo de 2012

Tumaco: El puerto registra alto índice de discriminación contra la mujer



En el país grupos al margen de la ley están utilizando a jovencitas en el conflicto armado y ese es un típico caso de desconocimiento de los derechos humanos.
El presidente de la Corte Constitucional, magistrado Gabriel Mendoza, señaló que Tumaco presenta un alto índice de discriminación contra la mujer porque la mayoría de ellas son utilizadas por los grupos alzados en armas convirtiéndolas en esclavas y objetos sexuales.

Así lo indicó el magistrado Mendoza quien fue invitado especial al Puerto al Conservatorio regional sobre Equidad de Género que organizó la Comisión Nacional de Género, la sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, el Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas (Unfpa) y el programa de Acceso a la Justicia de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid).

El magistrado Gabriel Mendoza señaló que su presencia en Tumaco fue para contribuir a la Comisión de Género que viene funcionando dentro de la Administración de Justicia y así adelantar la evolución conceptual sobre la eliminación de las distintas causas de discriminación de la mujer.

“En Tumaco, según lo que pudimos analizar y escuchar de las personas que tocaron este tema, la situación de vulnerabilidad de la mujer en la región, especialmente adolescentes que están siendo sometidas a situaciones de discriminación por motivo del conflicto armado, es bastante preocupante. Muchas de ellas presentan situaciones de abuso sexual y afectadas por factores de violencia que se presentan en la zona”, señaló Mendoza.

Se indicó que en esta región y otras del país grupos al margen de la ley están utilizando a jovencitas en el conflicto armado y ese es un típico caso de desconocimiento de los derechos de los menores, a quienes las normas no solamente constitucionales sino legales y también las que tienen que ver con el derecho comunitario prohíben que los menores (hombres y mujeres) sean utilizados en fines propios del conflicto armado.

En este foro se evidenció el respaldo de la Jurisdicción Constitucional en torno a estos temas. “Vamos a ser muy cuidadosos en la selección de los casos de tutela en los cuales estén envueltos situaciones de esta naturaleza y de acuerdo a las particularidades de cada caso qué decisiones se adopten”, señaló el magistrado.

En la actualidad cada día crece la concientización de las mujeres en torno a la necesidad de emplear todos los mecanismos como social, jurídico existentes con el fin de eliminar esa situación de victimización que viene afectando no solamente a Tumaco sino a varias regiones de Colombia, en donde se avizora una concientización clara de la mujer en la necesidad de luchar por la defensa cabal de su interés.

“La costa pacífica siempre ha sido catalogada como una de las regiones en la cual las actividades de los grupos delincuenciales ha generado gran cantidad de conflictos que, desafortunadamente, repercuten directamente en el desconocimiento y en la relación de ciertos derechos fundamentales de las mujeres que están afectando su dignidad, su rol dentro de la sociedad,” finalizó el magistrado.

Fuente: http://www.diariodelsur.com.co/nvodiariodelsur/portal/paginas/vernoticia.php


23 de abril de 2012

Tumaco, una gambeta a la violencia


Por: PABLO ROMERO ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO | 8:09 p.m. | 23 de Abril del 2012



Descalzos, en guayos desgastados o en tenis, en Tumaco se juega al fútbol para huir de la miseria (ver galería).

Ya no es el semillero de futbolistas, pero a través de un balón se combaten la pobreza y el crimen.

Tumaco (Nariño). Son las 7:30 de la mañana y el sol ya calienta con ímpetu, con algo de inclemencia, en Tumaco. Desde esa hora, Jairo* corre detrás de un balón de fútbol; lo hace descalzo, sobre arena, sin camiseta, sediento y con hambre. Persigue el sueño de ser futbolista profesional, de gambetear a la violencia, pero sobre todo, de no fallarle a su familia, de sacarla de la pobreza.

La mañana transcurre calurosa, húmeda, a 28 grados, pero es la hora ideal para el fútbol. "Al mediodía el sol deshidrata y quema los pies", cuentan los jugadores. Jairo parece inmune al calor, juega con alegría, la que contrasta con la prevención que tiene cuando está lejos de la cancha, en el barrio, cerca de la tentación. A sus 16 años, este defensor central, de piel negra, fuerte, recio y ambidiestro, ha conocido la violencia de cerca. Vive en un barrio de  bravos**, donde las bandas criminales (como 'los Rastrojos') siembran el terror. Allí, le han asesinado a varios familiares por ajuste de cuentas, pero también ha perdido amigos que se han visto tentados por el 'dinero fácil'. No quiere la misma suerte. "La violencia en el barrio es muy tesa. Buscan a los jóvenes para que se metan a los grupos. Dicen que pagan bien y más de uno ha aceptado. A mí no me ha dado por eso, yo quiero es jugar al fútbol", confiesa, aunque omite detalles de su vida.   

Una de las canchas donde los jóvenes como Jairo desahogan los dramas del barrio se llama el 'Bajito', un campo de arena que en realidad es una cancha en la playa, con palos de madera haciendo las veces de porterías. Cuentan que la llaman el 'Bajito' porque cada que el océano Pacífico quiere se lleva la arena, aunque luego la trae de vuelta. Allí, a escasos metros del mar, se forman los nuevos talentos que quieren imitar a los jugadores más importantes que ha dado el puerto, como Willington Ortiz, Jairo el 'Tigre' Castillo, Pablo Armero, entre otros.    

Ese martes, Jairo llegó al entrenamiento en moto, un familiar lo llevó, lo que le ahorró los 40 minutos que habría gastado a pie y, de paso, los mil pesos que cuesta el mototaxi, principal medio de transporte de la ciudad y una de las mayores fuentes de empleo. Vestía pantaloneta, camiseta y unas sandalias de las que rápidamente se despojó, ya que allí, en la arena, se juega descalzo para ganar potencia, esa que se pone a prueba en cada 'picadito'. "Si hay que firmar un partido, ¡lo firmo de una!, y demuestro lo que tengo: mi talento", dice Jairo, desafiante, con poca inocencia. Claro, la violencia le ha robado su niñez. "Los grupos ilegales lo tenían de mandadero, para llevar armas y cosas. Estaba cerca de ellos y, aunque no andaba en crímenes, estaba a un paso. Pero quiere salir adelante: entrena a diario, volvió al colegio y pronto jugará en otra ciudad", cuenta su DT**. 

Se vive por el fútbol

La principal señal de tránsito en Tumaco tiene algo poco convencional: es preventiva, indica que hay peatones en la vía, solo que la silueta negra de fondo amarillo patea un balón. Y es que allí el fútbol es la actividad dominante. La gente recuerda a sus figuras con lúcida memoria, repasa las actuaciones de los tumaqueños que juegan en el exterior (como Armero, en Udinese, de Italia) y se congrega en cualquier esquina para seguir un partido del América de Cali. Las escuelas deportivas abundan: se tiene un registro de 68, y un total de 161 equipos, sin contar a quienes lo practican para recrearse. Todas las canchas, sean de de cemento (como la de San Judas, que antes era de arena y donde se formó Willington Ortiz), de pasto, o de arena, permanecen llenas. El fútbol se vive con religiosa devoción. 

Aunque se calcula que hay en todo Tumaco unas 200 canchas (la mayoría en mal estado), las autoridades reconocen que existen falencias: "El fútbol en Tumaco sigue siendo la posibilidad de futuro para los jóvenes, pero se requiere preparar mejor a los técnicos y construir más y mejores canchas", dijo el secretario de Gobierno, Hernán Cortés.  

'El que no juega, lo perdemos'  

¿Qué pasa con el estudio? Jairo responde sin titubeos, sin sonrojarse: "Primero me quiero dedicar al fútbol". Aunque hace poco reinició sus estudios nocturnos de sexto de bachillerato, está obsesionado con la pelota, y esa es la mentalidad que los técnicos quieren cambiar en Tumaco. Sobre todo cuando solo el 43,6 por ciento de los habitantes alcanza siquiera la básica primaria (según un estudio del 2010), y muchos desertan hacia el crimen o el fútbol.  

"El muchacho que no escoge el fútbol en Tumaco lo podemos perder. No hay fuentes de trabajo. En el estudio se abren puertas, pero los muchachos quieren es ganar plata rápido. Lo que los formadores hacemos es tratar de quitarles gente a los paramilitares y a la guerrilla con una formación integral", dice el 'profe' Nery Estupiñán, que descubrió al 'Tigre' Castillo y quien confiesa, con nostalgia, que Tumaco ya no es el semillero de jugadores profesionales (calcula que la región entregó más de 50 en su momento).

En gran parte, la razón es la violencia. Y los índices están disparados: según el Departamento Nacional de Planeación, se alcanzaron los 128,4 asesinatos por cada 100.000 habitantes, en el 2010. Hay barrios por donde no se puede pasar con tranquilidad, como el de Jairo. "Allá hay que ir con cuidado", dicen los mototaxistas. Hay guerra por el narcotráfico y la extorsión. El personero municipal, Álex Castillo, entregó una gris radiografía. "El fútbol sigue siendo emblema de Tumaco, pero no podemos negar que la posibilidad de parir jugadores se ve limitada porque ha habido en la última década un escenario marcado de violencia, especialmente con los jóvenes. Hemos sido testigos de muchos talentos víctimas de las confrontaciones", afirma. Pero Jairo ha sido afortunado. La mano que le tendió su DT lo tiene alejado de la violencia y cerca de jugar en otra ciudad.

Con esa ilusión entrena a diario, sintiendo la brisa, el sonido del mar, los rayos del sol, que a veces son insoportables. Allí, en medio de la arena, y con los pies rojos de patear balones descalzo, Jairo se aferra al sueño de no fallarle a su familia. "A veces no hay pa' comer, pero en mi casa me dicen: 'coma usted, mijo, que es el que nos va a sacar de pobres' ".

Aún se vive con temor 

Han pasado casi tres meses del atentado en Tumaco. El pasado primero de febrero Tumaco se estremeció con la explosión de una moto bomba que dejó ocho personas muertas y más de una decena de heridos y que destruyó la estación de Policía. Desde entonces, las calles están militarizadas, el pie de fuerza aumentó y se percibe miedo en los habitantes que, incluso, pasan con timidez frente a la estación, que todavía está semidestruida. En su momento, el alcalde de Tumaco, Víctor Gallo, responsabilizó del atentado a la columna móvil Daniel Aldana de las Farc, que actúa en la zona.

(*) Nombre cambiado por ser menor de edad.   
(**) Nombre o dato omitido por seguridad.


Pablo Romero  
Enviado especial de EL TIEMPO


Fuente: http://www.eltiempo.com/deportes/futbol/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-11638242.html


11 de abril de 2012

Desplazamiento masivo y violencia sexual en zona rural de Tumaco por incursión de hombres encapuchados



logos_HV_cpdh_nar_300x164Humanidad Vigente y Comité Permanente por la Defensa de Derechos Humanos (CPDH-Nariño) denuncian la grave situación en en la vereda Bajo Comilinche, zona rural de Tumaco.

Tumaco, abril 10 de 2012

Humanidad Vigente y el Comité Permanente por la defensa de Derechos Humanos (CPDH-Nariño) denuncian la presencia de hombres encapuchados en la vereda Bajo Comilinche, zona rural de Tumaco, quienes violaron tres mujeres, entre ellas una menor de edad, e intimidaron a la población ocasionando un desplazamiento masivo. 
El 16 de marzo de 2012 siendo aproximadamente las ocho de la noche, incursionó en Bajo Comilinche, un grupo compuesto por ocho hombres vestidos de civil, quienes tenían el rostro cubierto con capuchas y camisetas. Aprovechando la oscuridad debido a que en la vereda no hay energía eléctrica intimidaron a la población, amenazaron con sus armas a los hombres y los obligaron a encerrarse en una casa, mientras hacían disparos al aire.

Los desconocidos ingresaron en todas las casas agrediendo física, sexual y sicológicamente a mujeres y niñas y adolescentes, quienes fueron víctimas de golpes e insultos; dos mujeres y una niña fueron violadas de forma repetitiva por diferentes agresores.

"A seis jóvenes los botaron al piso y maltrataron apuntándoles con un arma y los metieron a un cuarto, sacaron a la niña de 16 años y la violaron, luego fueron a las demás casas y violaron a dos mujeres sacándolas de su casa y agrediéndolas física y sicológicamente con insultos, golpeando a una niña de 5 años de edad y maltratando a una embarazada", reveló una persona de la comunidad.
La población fue saqueada, les hurtaron las pocas pertenencias, lanchas de motor, electrodomésticos, dinero e incluso ropa y utensilios de cocina; varias de estas cosas posteriormente fueron arrojadas al mar. Sin embargo y a pesar de las múltiples agresiones contra la comunidad, mujeres, niños y niñas, las autoridades y los medios de comunicación sólo han visibilizado el caso como un robo.

Bajo Comilinche es una vereda ubicada a dos horas de Tumaco, con una población de 24 familias dedicadas a la pesca y la agricultura; ante esta situación de agresión los habitantes quedaron totalmente desprotegidos, empeorando su condición económica al perder sus herramientas de trabajo.

En respuesta para proteger sus vidas e integridad personal, la comunidad se ha desplazado masivamente hacia el Ecuador y Tumaco. 21 familias, entre ellos 53 menores de edad y 3 adultos mayores, se encuentran en el casco urbano de Tumaco, atemorizados por el riesgo de que estos hechos se repitan o represalias frente a sus denuncias.

La vereda afectada se ubica entre las poblaciones de Chontal y Candelillas de la Mar, zona que se encuentra bajo el "resguardo" de la Armada Nacional, sin embargo, la comunidad señala que en febrero de 2012 sucedió algo parecido en una vereda cercana que se llama Puerto Palmas, allí al igual que en Bajo Comilinche cuando la Armada hace presencia no ha ocurrido nada pero apenas salen del lugar, llegan estos hombres armados, saqueando y violando a las mujeres.

Frente a la situación, expresamos preocupación sobre el tratamiento dado por las autoridades y la efectividad del proceso de investigación pues es de conocimiento público la impunidad que impera en estos casos en el municipio de Tumaco, especialmente cuando se trata de denuncias por violencia sexual, que no cuentan con la debida diligencia ni se cumple con el procedimiento legal.

Con alerta encontramos en los testimonios recogidos que las mujeres señalan la falta de voluntad de la Fiscalía se negó a recibir la denuncia con el argumento de la capacidad operativa y la asignación de turnos, hecho que impidió una valoración medico legal oportuna con la consecuente afectación probatoria, aún desconociendo la prioridad que se debe tener cuando las víctimas son menores de edad, generando una revictimización de estas mujeres. Solo días después de su llegada a Tumaco sus voces fueron atendidas.

Así mismo, rechazamos que estos hechos sean tomados en el marco de un hurto, reconociendo simplemente la afectación patrimonial y no las diferentes formas en que fue victimizada la población, como lo han tratado de mostrar las autoridades locales afirmando que la autoría es de un grupo de delincuencia común conformado por colombianos y ecuatorianos.

La Personería municipal en conjunto con el Departamento de la Prosperidad Social (DPS) y la alcaldía de Tumaco, realizaron la toma de declaraciones a la población desplazada, pero hasta el momento no se ha definido su inclusión en el Sistema de Información de Población Desplazada (SIPOD); a pesar de haber recibido la ayuda humanitaria de emergencia consistente en el alojamiento temporal y apoyo de alimentación, éstas familias se encuentran en condición de desprotección frente a su seguridad y necesidades básicas.

Teniendo en cuenta que el 60 por ciento de la población desplazada hacia Tumaco, son menores de edad, es necesario que se atienda de forma urgente y efectiva esta situación por parte del gobierno municipal, departamental y las instituciones competentes, puesto que a estos niños y niñas les hace falta una alimentación adecuada, pañales y agua potable para su consumo diario, no cuentan en su gran mayoría con carné de salud y se ven afectados en diferentes derechos como la salud, seguridad, educación, vivienda.

Humanidad Vigente y CPDH-Nariño denunciamos esta situación ante la comunidad nacional e internacional, instando al gobierno nacional, regional y local a cumplir con sus obligaciones constitucionales y legales, para ello exigimos:
  • Dar cumplimiento al principio del interés superior del niño, que orienta la Convención de Derechos del Niño y que obliga al Estado a actuar prioritariamente con el fin de proteger a la niñez afectada.
     
  • Realizar una investigación efectiva con plenas garantías que permita dar cuenta de los verdaderos responsables de estos hechos, y donde se reconozcan los derechos de las víctimas.
     
  • Reconocer oficialmente a esta población como víctimas del conflicto afectados por diferentes formas de violencias, especialmente reconocer la violencia sexual ejercida contra mujeres y niñas.
     
  • Incluir a éstas familias en el registro de población desplazada y garantizar sus derechos a la verdad, justicia, reparación integral y no repetición, para lo cual se debe garantizar verdaderas condiciones de retorno o una reubicación que corresponda con el principio de la dignidad humana.
     
  • Brindar atención adecuada oportuna e integral que permita la recuperación emocional y socio-económica de estas familias y la comunidad, lo que incluye tomar medidas efectivas para la protección de su vida e integridad personal y garantizar la continuidad de su proyecto de vida.
Fuente: http://humanidadvigente.net/