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18 de enero de 2018

Pedro Blas Julio Romero, el poeta descolonizador del Caribe colombiano

“A los 8 años ganó su primer premio con un poema y un dibujo, alentado por la erudición de su tío Pedro Florez, e inspirado en la vida febril de Getsemaní, el antiguo barrio cartagenero de esclavos negros que le vio nacer, un 30 de enero de 1949. Hijo único de Inés Romero, negra descendiente de dominicanos, y Clemente Julio, capitán de barcos”.

Por: Arturo Rodríguez Bobb

El Caribe colombiano fue desde la llegada de los españoles (etnocentristas jerárquicos dominadores) una invención europea. Tanto su nombre, por ejemplo, el de la ciudad de Cartagena y su historia, la “del paseo de los mártires” y su literatura fueron impuestos por una orden imperial-monárquica que construyó su “Otro” (el mismo, el afrodescendiente), para mejor manipularlo. Desde el siglo XIX hasta nuestros días, sin embargo, hay intentos tanto desde la sociología sobre los afrodescendientes, (Rodríguez Bobb, A. (2005): La nación en cuestión. La homogeneización cultural y racial en Cartagena (Colombia). Exclusión, integración e inclusión, como desde el mismo discurso poético a través de Candelario Obeso, Jorge Artel, Pedro Blas Julio Romero, Ashanti Dinah Orozco Herrera y Rafael Bashir Orozco Figueroa, de descolonizar esta zona transfronteriza.


El reconocido poeta afrodescendiente sin fronteras, Pedro Blas Julio Romero, escribe sobre nuevas formas de pensar, ver y sentir la Cartagena de las y los afrodescendientes. “A los 8 años ganó su primer premio con un poema y un dibujo, alentado por la erudición de su tío Pedro Florez, e inspirado en la vida febril de Getsemaní, el antiguo barrio cartagenero de esclavos negros que le vio nacer, un 30 de enero de 1949. Hijo único de Inés Romero, negra descendiente de dominicanos, y Clemente Julio, capitán de barcos”.

Pedro Blas Julio Romero es poeta, pensador y escritor. Desde mediados del siglo XX forma parte de diversas instancias organizativas del pueblo afrodescendiente o interculturales en la ciudad de Cartagena. En la actualidad, trabaja en una novela y es promotor cultural.

En Facebook, Pedro Blas Julio Romero, publica el 23 de octubre de 2017:

Descolonizar la ciudad de Cartagena

Te lo estoy diciendo hace mucho rato. Tienes que aguzarte negro. El racista no quiere verte. Has de ser para el mismo una pila de mierda. Puedes recordar con los primeros futbolistas negros cuando anotaban un gol, donde ni a las tribunas ni a sus compañeros de cancha les valía un chingo aquello. ¿ no ves que era un negro? Una pila de mierda? Siendo que anterior proceder no abandonaran jamás. Es su tónica, la que no abandonaran jamás. Ante todo acá en estas desgraciadas patrias de Simón Bolívar hijueputandose entre todos a todo momento. Donde se da el racismo más infame y maldito por ser el de mayor miseria más hipócrita.

Vieras cómo se complacen, y con alevosía celebrándose entre estos el chiste racista provinciano de mal gusto, de ese mismo provincianismo racista burlón. Les vieras a estos engendros lo más de felices en diversión a carcajada festejando la desconsiderada afrenta escarnecedora , la que hiere, la de la burla que saca roncha. Porque cuando te tienen de burla te tienen de cagadero. La del ultraje, el irrespeto. La misma antipatía de engreimiento feudal de una perfidia de “corronchos” con platica ensañándose con los negros. Algo que no va a desaparecer nunca de acá. Vas a tener que aguantar, escúchame bien negro, aguantar por mucho tiempo tales fetideces racistas. ¿Porque no copias a los del Ku-Klux-Klan, que salen encapuchados a asar vivos a los negros ofreciéndoselos colgados a su cristo?

¿Porque no copias a los judíos? Los judíos que a nombre del ETERNO, salen a matar. No descansan estos. Se relevan por generaciones buscando por el entero globo terráqueo a los que pretendían sacarlos del planeta. A los que pretenden cogerlos de cagadero como cogen a los negros acá. Grábate más bien lo de los ancestros negros que proclamaban—:¡a quién intente sitiarte…! ¡sitiale tú…! Unos negros en Europa ya regresaron con algo empezado en los años 80 y salen a cazar nazis y toda suerte de racistas. Eso debe empezar acá…Te estás demorando mucho negro… No continúes poniendo la mejilla que eso lo aconsejan los traficantes de negros… Ya padre Oggún, en la primera foto aquí te está indicando algo… cumple-le.

Pedro Blas Julio Romero ha escrito un texto valiente, con un lenguaje sincero y desestructurador sobre el racismo de los “blancos-mestizos”, de los afrodescendientes intelectuales de clase media, hipócritas, excluyentes, que aún arrastran complejos. Pedro Blas dice: “Donde se da el racismo más infame y maldito por ser el de mayor miseria más hipócrita. Vieras como se identifican entre si estos racistas. Vieras como se complacen, y con alevosía celebrándose entre estos el chiste racista provinciano de mal gusto, de ese mismo provincianismo racista burlón. Les vieras a estos engendros lo más de felices en diversión a carcajada festejando la desconsiderada afrenta escarnecedora, la que hiere, la de la burla que saca roncha.

El texto de Pedro Blas expone los problemas del imaginario de lo “masculino”, del conflicto psicosocial y los mecanismos de defensa del agresor, del “descolonizador o de los descolonizadores” no descolonizados, del racista o los racistas en Cartagena, que aún padecen y esconden sus problemas de tipo étnico-sexual identitarios, que no son ni primariamente de época colonial, sin embargo, sus portadores aún se relacionan como si estuvieran en la Colonia. Lo que Pedro Blas sin proponérselo, ha demostrado en este texto, que la hermenéutica freudiana y junguiana son imprescindibles para comprender aspectos centrales con respecto a la subjetividad agresora; pero está claro que tanto Freud como Jung, en este sentido, no son suficientes.

Mi preocupación en esta intervención, muy por el contrario, es la de contribuir a una proyección concepcional (epistémica y política) ante este tipo de agresiones, alrededor de la sociedad y en la sociedad cartagenera alternándola en centros de estudios, paralela e interactuante con cierto tipo de proceso que llamo desmontaje, deconstruccionista. La opción deconstruccionista es la opción que surge enfrentando a la persona agresora y, al mismo tiempo, desenmascarando la agresión (es decir, hacerla pública). En este sentido, la experiencia de nuestras vidas, historias personales e inserciones sociales, ilustrarán los espacios en los cuales la opción deconstruccionista podría formularse. Este aspecto, igualmente, se extendería a otras instancias en la que muchas personas en Cartagena, verdaderamente descolonizadas, en forma conjunta, trabajarían con proyectos académicos y no académicos. Esta claro, que en Cartagena es díficil aliarse para semejante proyecto, pues, la mafia facio-lince y la del suero, ejercen una fuerte influencia sobre un porcentaje alto de la población cartagenera.

Articulando, las personas agredidas deberían de ocuparse en hacer una defensa de la dignidad humana y, al mismo tiempo, un análisis sobre la agresión (describirla), el sujeto agresor y el sujeto agredido. No analizar al agresor desde una perspectiva unilateral, sino que traten de que un mayor número de personas tanto como puedan concientizar, entiendan la dimensión de la agresión. Que el agredido o los agredidos procuren analizar esta agresión, no para atacar al agresor, sino para demostrar el contenido de su falacia. Conceptualmente, falacia quiere decir engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a una persona (con actos racistas). O, con el clásico hábito de emplear falsedades en daño ajeno, por ejemplo, con las siguientes palabras: huevón; pendejo; gilberto; el envíado del gobierno se los mete; uribista; moimerto; mamerto; se le moja la canoa; bateman reparte foticos por email rifando sus glúteos; albertico tan delgadito él, es el masajista de los boxeadores; cuando se ha tomado unos tragos, hasta hasta el buen plante pierde; a fulano de tal le dicen la boba, pues, el moco no se le levanta; se las da de muy macho, visitando búrdeles, pero, que va!, si los visitadores de búrdeles son homosexuales; ese man se la pasa de mujer en mujer, ya una mujer bien brava, le dijo, que más bien se busque a un macho para que lo enderece; ese carajo mete tanto alcohól, que ya está alcoholizado, como será, que hasta el aro lo tiene hincho; te doy en la cara marica; etc.

De otro modo, la opción deconstructivista que debe cumplirse no se encuadra en las opciones de derecha, centro o de izquierda. Es literalmente otra cosa: la opción deconstructivista precisamente, como la derecha, la izquierda o el centro, abunda en su propia diversidad. En este sentido, la opción descolonizadora navega impulsada por su propio interés aclaratorio, en otras palabras, esto implica que en lugar de ateneese (el agredido o la agredida) al contenido-espectáculo de la agresión, debería abocarse a mostrar las reglas de juego de la falacia y, la necesidad, desde luego, de deconstruirla), desmontarla o desestructurarla. La falacia está centrada precisamente sobre el concepto de exterioridad e interioridad, es decir, es una fachada pública, que argumenta en términos de colonización y que justifica su accionar hacia una táctica definida dentro de los propósitos imperiales: intimidar!. De este modo, el pensamiento de los sujetos agresores (que señala, en su texto Pedro Blas, ya no es el de un humanista, descolonizador, sino, que él, (ella ellos o ellas), se sitúan dentro de las estrategias del colonialismo y del imperialismo epistemológico.

En este sentido, la agresión contra la subjetividad del afrodescendiente agredido (en el texto de Pedro Blas) por parte del sujeto agresor o de los sujetos agresores, tiene un contenido de capital importancia a analizar dentro del mundo de la colonización. Precisamente, cuando el agresor agrede la subjetividad del afrodescendiente está recurriéndo fundamentalmente a la tradición castellana mantenida por la élite de la clase media mafiosa blanco-mestiza-afrodescendiente en Cartagena: no obstante el color de la piel de la subjetividad agredida (el afrodescendiente), la subjetividad agresora lo reafirma negro y como negro lo agrede. Es más, desde este punto de vista, también intenta colonizarlo. Como se ve, la subjetividad agresora, asume un argumento construido a partir del cuerpo “negro”, humillado por la conceptualización racial trasvasada al orden de la esfera pública: conceptualización erigida sobre un aparato conceptual construido a partir de la mente del sujeto agresor en detrimento contra los cuerpos de las personas negras que, la agresión, expulsa de la plena humanidad. Articulando: Por esta misma razón, el derecho internacional, los derechos del hombre y del ciudadano y los derechos humanos universales son, precisamente, derechos asignados a ciertas personas, mientras que para otras personas se necesitan derechos especiales, no universales: derechos de la mujer, derechos indígenas, y ley 70 para la comunidad negra en Colombia, etc. Pero, estos derechos y estas leyes, las agresoras y los agresores se los pasan por la faja, los pisotean.

En consecuencia, la falacia es una conceptualización imperial, que trata por todos los medios de marginar al ofendido. No obstante, ella, genera en el ofendido una reacción de toma de conciencia, que en este sentido implica, asumir la posición de estar y de ser frente a la agresión, re-articulándolo y re-orientándolo. En efecto, a partir de este instante, y, a través de la agresión, el sujeto agredido se vuelve hacia el sujeto agresor para dar comienzo a su opción descolonizadora (epistémica, política y ética). Por eso y con justeza, Frantz Fanon cierra su ensayo: Piel Negra, Máscaras Blancas (1970), con una plegaria: “¡oh, cuerpo, hazme siempre un hombre que pregunta!”

Así las cosas, millones y millones de personas son agredidas en la sociedad cartagenera, del Caribe colombiano y mundial. Sin embargo, estas se guardan la agresión sufriendo silenciosamente. De ahí la importancia de la deconstrucción, del desmontaje, de la estima, la autoestima y del coraje desde el punto de vista liberador. Este corto comentario propone que las personas ofendidas lleven a las subjetividades agresoras (con nombre y apellidos) a la condena pública, así como lo está haciendo Pedro Blas Julio Romero; no hay otra alternativa. Al que degenere biografías de personas hay que condenarlo públicamente.

Al unir Pedro Blas Julio Romero, la poesía, el ensayo y la denuncia contra las prácticas racistas en la ciudad de Cartagena, no solo quiere difundir las ideas sobre la descolonización, sino también mostrar que la forma en que él concibe actualmente al arte en la ciudad de Cartagena, ese, no aporta estimulantes rutas para explorar conjuntamente cómo se descoloniza una sociedad desde las artes y, a la vez, cómo las relaciones interraciales pueden descolonizarse.

Pedro Blas Julio Romero recoge el accionar de las y los intelectuales afrodescendientes en Cartagena. La inclusión, dice, no está en los afrodescendientes que la esgrimen como apología de su libertad y antirracismo, sino que son las y los intelectuales afrodescendientes de la clase media cartagenera quienes quieren ir hacia atrás, manteniendo el combate contra la exclusión social y racial atrasado. La progresiva regresión colonial, por lo tanto, es una continúa labor de auto-engaño, en que la cultura colonizadora se aleja cada vez más de su verdad. El colonizado, en cambio, sabe que la visión del mundo y el discurso del colonizador son falsos, como aquel titulo de un libro: ¿Descolonizándonos?

La descolonización del colonizado, en este sentido, ya se avizora cuando la (auto)colonización del colonizador, en realidad, apenas ha comenzado. Lo que la pequeña burguesía afrodescendiente, arribista, conservadora y derechista en Cartagena, no le perdona al pensador y poeta, Pedro Blas Julio Romero, no es el haberlos desenmascarados, sino, denunciado, su falsedad, contra las y los afrodescendientes deconstructores, verdaderos des-colo-ni-za-do-res. El valor de Pedro Blas Julio Romero es haberlos confrontados y haberles dicho de frente: ¡basta! De seguir aplicando a las y los afrodescendientes críticos en Cartagena: procedimientos colonialistas, que hasta ahora solo provenían de los blancos y mestizos racistas!

El alcance del contenido de una poesía o de un libro descolonizador trasciende su propia época, y muchas veces, en el mejor de los sentidos, al autor mismo: el juicio más acertado de su valor proviene justamente de la sanción y el veto que le infligen los racistas blancos, mestizos y, ahora de moda, de los afrodescendientes arribistas en Cartagena. Las poesías y los libros críticos, aquellos cuyos análisis determinan los debates de una época, están todavía mucho más expuestos y son más excluidos a esa prueba. En ese sentido la obra de Pedro Blas Julio Romero es un modelo. Este escritor, pensador e intelectual afrodescendiente del Caribe, denuncia en sus poesías, ensayos y novela la condición inaceptable de las y los afrodescendientes colombianos, “decolonialistas”-co-lo-ni-za-do-res -aliados con los neoliberales y ultraderechistas-, cuyos orígenes africanos, han sido explotados y humillados durante siglos. Pero también, a través de esos ataques esquizofrénicos, desarrolló un discurso que es un llamado a la dignidad y la justicia para todas y todos (incluso, para todos aquellos que padecen trastornos hormonales, producto del consumo etílico) con una sorprendente actualidad. Como si precisamente la época tuviera la virtud de recuperar el vigor del grito libertario para darle mayor retumbe y valor a las palabras del poeta.

Al momento de su publicación, Las Cartas del Soldado Desconocido, (1971) y Poemas de la Calle de Lomba, (1988), de Pedro Blas Julio Romero suscitaron tanto entusiasmo como rechazo. A menudo excluido social y racialmente, el escritor no participó en polémicas inútiles ni en discusiones mundanas. Confiado en lo justo de su causa y en el alcance de su palabra, no eludió los combates más intensos del momento, incluso, iba al encuentro, allí donde otros afrodescendientes que viven de las vacaciones de la corrupción, presentaban (presentan) los escritos de otros como si fueran de sus autorías. Hoy es necesario reconocer que sus libros, ensayos y artículos no han perdido vitalidad y que muchos de los problemas socio-económicos y raciales que vienen de la Colonia están presentes en su obra, lograda, como lo confesó él mismo, a fuerza de observar el ayer y el hoy.

El triste encuentro desencuentro que marcó el comienzo de Pedro Blas Julio Romero como personaje público en Cartagena fue el siguiente: el Prof. Dr. Mark Sanders (afronorteamericano, especialista en literatura y poesía afro, de la Universidad Emorty, Georgia, Atlanta) llegó directamente a esa ciudad atraido por la escritura del poeta afrodescendiente cartagenero, donde permaneció algunos días, sin embargo, no faltaron los oportunistas para hacerse de la presencia de tan prestigioso acádemico y desplazar a pérfiles secundarios a Pedro Blas Julio Romero. Antes de llegar a Cartagena, el profesor Sanders, ya se había informado sobre el poeta del barrio Getsemaní, la obra de Pedro Blas, lo había impactado! No obstante el Prof. Dr. Sanders, descubrió las reflexiones del poeta cartagenero y, sobre todo, su obra completa. No dudó en calificar su obra literaria como “el mayor monumento lírico de los siglos XX-XXI, del Caribe colombiano”.

Para ambos hombres afrodescendientes y verdaderos descolonialistas, el encuentro resultó trascendental, pero además fue el primer reconocimiento a una obra hasta entonces situada en perfiles silenciosos. En Poetas Siglo XXI – Antología Mundial + 20.000 Poetas, el editor Fernando Sabido Sánchez, (2012), escribió su famoso texto: “Pedro Blas Julio Romero (…). Vive en Gesetmaní, barrio emblemático de las luchas sociales, al que llama ‘solemne desorden untado de vida’. Al lado de su producción literaria, dirige un taller de poesía en una emisora cultural universitaria y hace parte de un programa enciclopédico investigativo acerca del latin jazz y la música afrolatina. A comienzos de los años sesenta sostuvo un intercambio epistolar con los poetas nadaistas y vivió con intensidad la revolución juvenil de esa época. Con el libro ‘Rumbos’ obtuvo el premio nacional de poesía Jorge Artel 1993”.

En abril de 2016, retorna a Bogotá, invitado por la Profesora Dra. Graciela Maglia, a las sesiones Herencia Africana: Poéticas del Caribe Poscolonial, Decenio Internacional de los Afrodescendientes, organizadas por el Instituto Caro y Cuervo, las Naciones Unidas y la Universidad Javeriana. En esa introducción a Pedro Blas Julio Romero, Sabido Sánchez, hace un elogio al poeta y a su poema largo: “una creación crítica frente al orden social reivindicativa y poblada de referentes populares. Su estética neobarroca y su entramado africano y amerindio dan cuenta de una memoria de resistencia en el microcosmos de Getsemaní, al equiparar este barrio-arrabal de Cartagena con el continente americano. El delito de su héroe es ser negro, costeño, hijo natural —(que cosa tiene la vida, todas las personas venimos a este mundo así, nacemos de forma natural, salvo que se presente un imprevisto)—, proceder de un barrio pobre y sobre todo, haber soñado un cuerpo“.

Tal como escribió el profesor Mark Sanders y Fernando Sabido Sánchez acerca del poeta afrodescendiente Pedro Blas Julio Romero: “la palabra de Pedro Blas, hermosa y vigorosa como el sol naciente, verdaderamente descolonizadora”. Ese poema largo, agitado, torturado, violento y gracioso, cínico y agresivo, tierno y amenazador, se publicó en Bogotá por la revista Nadaismo 70, pero sin lograr mayor resonancia; tenía una circulación restringida y, por otra, la agitación social del 68, naturalmente acaparó la atención de las personas. Sin embargo, ese texto fundamental es la manifestación poética de las angustias y de las reflexiones del joven intelectual cartagenero en la década del 70, quien muestra con orgullo al lector su revuelta y una nueva forma de ser al mundo: un afrodescendiente descolonizado.

En efecto, esa ciudad de Cartagena fue uno de los numerosos lugares de destino de las esclavas y los esclavos negros llevados a las colonias de los países occidentales por medio del comercio triangular. Ese sistema consistía en paliar la falta de mano de obra local con la importación de esclavas y esclavos de África. Junto con los seres humanos de piel negra, llegaron los cantos y las maneras de cocinar, la ropa y los imaginarios, las culturas que sobreviven y se mezclan hasta el día de hoy. Pedro de Heredia pudo haber llegado a Cartagena en 1553. La ciudad de Cartagena, aunque no representaba una enorme apuesta económica, constituyó un importante centro colonial para los usurpadores españoles y para el comercio de seres de piel negra arrastrados desde África. En nombre de la monarquía española, los colonialistas tomaron posesión del territorio. Siguieron cuatro siglos de explotación y esclavización contra los seres humanos de África negra por parte del poder colonial. De ello se desprende una estructura social que proviene de una división racial: una ínfima minoría de blancos dirigía el destino de una gran mayoría de seres humanos de piel negra, con muy pocos mestizos entre los dos grupos. Actualmente, esa estructura prevalece. Hasta la mal llamada “abolición” de la esclavización en 1851, gracias sobre todo a los esfuerzos del combate de las cimarronas y los cimarrones, las revueltas fueron numerosas y violentamente reprimidas a través de las mentiras de las y los colonialistas, que siempre les hicieron conejo a las cimarronas y los cimarrones. De ahí proviene la figura de las africanas esclavizadas y los africanos esclavizados que escapaban y vivían, no libres, pero, lejos de la esclavización de la europea y del europeo, etnocentristas dominadores.

En 1970, la palabra de Pedro Blas Julio Romero adquiere una nueva dimensión. Asume una posición política, y desde la poesía combate la exclusión racial. La relación de Pedro Blas Julio Romero con la política es la de un intelectual comprometido contra la pobreza, la corrupción y la hipocresía de las personas políticas en Cartagena. La actividad política de Pedro Blas Julio Romero se manifiesta en estas tres actividades, mientras en sus textos poéticos grita contra las personas de piel blanca racistas y los afrodescendientes de la clase media hipócritas en una lengua que toma las formas del español nada formal y más lírico; en política, se afilia a los movimientos barriales desde la cual interroga y reflexiona acerca de la relación entre los afrodescendientes intelectuales de la clase media y la periferia barrial, en particular. No cree en la independencia de Cartagena del siglo XIX. Ni en la capacidad de la población blanca o de los pardos como para haber podido sentar los principios de la democracia racial, para Pedro Blas, la democracia racial en Cartagena en el siglo XIX, jamás!, existió.

Pero nunca cesará de buscar un estatuto particularmente liberador para las y los afrodescendientes en Cartagena, siempre dentro del marco de las posibilidades sinceras. Esta es la manera de evolucionar de Pedro Blas Julio Romero, una capacidad para tomar lo mejor de cada quien y juntos luchar hombro con hombro contra la exclusión social y racial.

Ante las personas intelectuales afrodescendientes conservadores, que lo atacan, Pedro Blas Julio Romero, no se esconde. Y ante la mayordoma, que una vez lo quizo humillar, creando la duda sobre su honestidad; ella, que compra con su dinero los “favores” y las relaciones del Festival de la Cultura Hay en Cartagena, a través de la violencia y la corrupción, Pedro Blas Julio Romero explica sin rabia que en nombre de los valores mismos de las y los afrodescendientes honestos, jamás!, podrá aceptar sus ataques. Conoce las contradicciones del “humanismo” neoliberal en Cartagena, de las personas eurocéntricas-etnocentristas-dominadoras y de las personas intelectuales afrodescendientes conservadoras, esos postulados mal intencionados en los que jamás no se cuestionan la peor humillación de una población afrodescendiente: la esclavización por parte de los ilustrados blancos y afrodescendientes (llamados jocosamente mulatos), en el siglo XIX.

Obviamente Pedro Blas Julio Romero milita desde su condición de poeta y pensador porque es un hombre que está contra la injusticia, las mafias políticas y la corupción política, venga de donde venga. Pero sobre todo, se decide por la oposición consciente contra la racionalidad colonial de las y los intelectuales de piel blanca, mestizos y afrodescendientes encerrados en la academia que proyectan la imagen colonial en las y los afrodescendientes. Es decir, de la misma manera y por motivos similares, como cuando le correspondió a Jorge Artel que perteneció al movimiento contra la injusticia y la corrupción política en Cartagena. En sus poesías, Pedro Blas Julio Romero, el activista anti-racista y el poeta, son uno solo; más allá de los ataques de las personas enemigas que quieran afectar su imagen, en este sentido, Pedro Blas Julio Romero establece las cuestiones fundamentales dentro del marco de sus principios políticos acerca del combate contra la corrupción política y el desdén de las personas intelectuales afrodescendientes de tendencia derechista.

Él, escribe con fervor y justeza que no habrá nunca en Colombia unas relaciones conciliadores entre la racionalidad colonial y los afrodescendientes, porque la racionalidad colonial en las personas intelectuales (blancas, mestizas o afrodescendientes) se encuentran desde una posición de tiranía imponiéndonos cada más una imagen colonial, que de ninguna manera corresponde con nuestra verdadera biografía. Pedro Blas Julio Romero, pronuncia frases fundamentales en sus poesías y ensayos para entenderlo: “Ya llegó nuestra hora para las y los afrodescendientes en Colombia” Y lo que él dice en este sentido, no sólo es válido para las y los afrodescendientes. En otras palabras, Pedro Blas Julio Romero reclama el derecho de todas las personas humilladas al respeto y a la dignidad, es decir, al reconocimiento de los valores de cada persona y a la vida. Esa famosa poesía completa el gran texto de reflexión política del poeta Pedro Blas Julio Romero: Eres un Piano Plaza de la Santísima Trinidad. Ese poema es el ataque más feroz de Pedro Blas Julio Romero en contra del repugnante estado de cosas instalado por el poder colonial y, en consecuencia, sobre las nuevas relaciones mercantiles de su barrio Getsemaní. En varias páginas inspiradas, coloca al mundo de las personas blancas frente a sus contradicciones, utilizando sus propias armas y palabras.

Ya para finalizar este ensayo en honor y homenaje al poeta más significativo del Caribe colombiano, Pedro Blas Julio Romero, hermano en la adolescencia y desde el barrio y socio en el combate contra la exclusión, la mentira y la maledicencia de los intelectuales afrodescendientes de derecha. Me resta decir, si Pedro Blas Julio Romero ha estado tan marginado como poeta, ha sido ante todo porque la originalidad de su tono y la sinceridad exuberante de su pluma y pensamiento no permiten colocarlo en ninguna corriente de la poesía cartagenera y colombiana de su época. Sorprenden la popularidad y el respeto que inspira en otros países. Si su reconocimiento aún no lo han hecho en Cartagena y en Colombia, las tesis sobre su obra literaria abundan en América Latina, el Caribe, Estados Unidos y hasta en África. La otra característica notable de su obra poética es el predominio de la imagen sobre la idea. Este fundamento de su poesía pesa indudablemente sobre la marginalización de su obra en el universo poético cartagenero, más preocupado entonces por las banalidades y el narcisismo intelectual. Lo afirman los estudiosos que pertenecen al tema de la descolonización de manera más precisa: históricamente, la poesía de las y los afrodecendientes surge antes de la llamada racionalidad colonial. Pedro Blas Julio Romero se ve en el combate contra la exclusión racial y la marginalización de personas afrodescendientes distantes de sus principios y de su pensamiento solidario; prefiere el poeta, Pedro Blas; dibujar en su poesía una imagen impactante (como la denuncia, contra los derechos humanos por ejemplo) a desarrollar una temática abstracta y sin impulso. Su universo es del orden de lo real, sabe que una imagen a favor de la justicia conmueve más que una idea y que un discurso banal que no atrapa y que sólo está hecho de mentira y narcisismo.


 Artículo tomado de: https://www.las2orillas.co/pedro-blas-julio-romero-el-poeta-descolonizador-del-caribe-colombiano/

25 de septiembre de 2017

San Pedro Claver y los Derechos Humanos

El 18 de noviembre de 1985 el Congreso de Colombia presentó solemnemente en una ley a Pedro Claver como el precursor del alivio y defensa de oprimidos en América, y a la ciudad de Cartagena de Indias, donde ejerció su apostolado, como sede de los derechos humanos en Colombia.


Por: Tulio Aristizábal S.J.

Curioso que ese extraño jesuita, quien durante la primera mitad del siglo XVII gastó su vida protegiendo a los esclavos africanos de las tropelías y desmanes de tantos españoles, merezca ser exaltado en forma tal en este siglo XX. Nosotros ahora, cuando vivimos obsesionados por lo científico, por lo presentado en limpias estadísticas, ansiosos de profundizar en complejas teorías; que rechazarnos como caduco lo que se ha dado en llamar "paternalismo", desearíamos un paradigma más conforme con nuestro gusto.

Porque este empecinamiento en lo teórico nos lleva a llenar páginas y páginas de los más profundos tratados sobre las injusticias y desequilibrios en los que naufraga nuestra sociedad. Esperaríamos, por tanto, que Claver hablara. Si es el modelo de defensores, que nos muestre lo que piensa; que se reediten hoy, en impecables publicaciones, sus tratados sobre la libertad y dignidad del hombre.

Lejos de ello, nos encontrarnos ante la realidad de un hombre que no dejó escritos. Sólo dos o tres cartas a sus familiares y a sus compañeros de apostolado. Y no que entonces fuera imposible acudir a la imprenta para exponer y defender las propias ideas. Ahí están, como ejemplos bien patentes, Las Casas y Sandoval.

El fraile dominicano Bartolomé de Las Casas cruzó 14 veces el Atlántico, durante dos años siguió a la Corte de Carlos V en busca de audiencia del soberano. Todo ello para clamar contra las injusticias que aniquilaban las razas indígenas de América. Y dejó, a más de otros escritos, un tratado breve pero cruel, al que dio por título "Brevísima relación de la destrucción de las Indias". Algunos lo tachan de exagerado, mentiroso y poco objetivo. Pero ahí está, como testimonio de una ignominia ante la que no podernos cerrar los ojos.

El otro fue un jesuita, Alonso de Sandoval, bien cercano a Claver puesto que podemos decir que fue su mentor y compañero en la brega. También él dejó un juicioso tratado sobre el tema, referente éste a los esclavos africanos. Le dio un título extraño, complicado para nosotros pero muy del gusto de la época, lo llamó: "De instauranda aethiopum salute: El mundo de la esclavitud negra en América". El libro de Sandoval no es de fácil lectura; denso y muchas veces monótono. Pero pone el dedo en la llaga, se rebela contra la injusticia de la esclavitud, a la que nada ni nadie puede justificar.
Uno de estos dos personajes bien podría haber servido de modelo para la defensa de los derechos humanos. En cambio Claver no viajó ni escribió. Fuera de su salto de Sevilla a Cartagena, y dos o tres viajes Magdalena arriba hasta Santafé de Bogotá, Claver se la pasó en la ciudad amurallada y en su provincia de la llanura atlántica. Nada dejó escrito. Ni un profundo tratado catequético como el de Sandoval; ni el alegato, descarado si se quiere, de los escritos de Las Casas. Claver siguió el ejemplo de su modelo, Jesucristo, quien "comenzó a obrar y a enseñar". No escribió, sino hizo. ¡Y cuántas cosas hizo!

Era Claver la primera sonrisa que veían en mucho tiempo aquellos pobres africanos desarraigados salvajemente de sus tierras, el primer contacto con una mano amiga. Más con los ademanes que con las palabras los reconciliaba con la vida. Entonces sabían que al menos no venían a servir de alimento a los hombres blancos ni a proporcionar el aceite de sus cuerpos para calafatear los navíos. Por fin alguien les hacia sentirse de nuevo personas, seres humanos a quienes se ama, se compadece y se comprende. Narra su biógrafo que por medio de los intérpretes les decía "que él venía a serles amparo y padre, como  lo experimentarían en su amor. Era tan tierno el que les mostraba en el semblante, que mirándolos y mirado de ellos, los decía más a los ojos, que las palabras de los intérpretes al oído. Entendíanle, aunque bozales, aquella habla muda del mirar, más elocuente que toda la retórica para dar a conocer los afectos del alma; y con una oculta simpatía, se les iba el amor al venerable padre".

Venía después el recoger a los moribundos en su propia capa, curarles las llagas, darles alimento, recibir en su rostro las lágrimas y el dolor de tantas almas, hasta volverlos a la vida. Una vida que continuaba esclava en el cuerpo, pero libre en el espíritu gracias a la fe que sembró por el bautismo y quedó enraizada en un pueblo creyente como es éste nuestro, a pesar de los horrores que vivimos.

Y recorrer las calles de Cartagena. Aquí un negro se arrodilla y le besa la mano; el santo lo deja hacer, le suelta algunas palabras en su dialecto que iluminan con amplia sonrisa la cara del esclavo. Más allá, en la casa del capitán Villalobos, se agolpa la gente porque ha muerto Agustina, la esclava angolesa. Claver llega, ora, llama a la mujer "¡Agustina! ¡Agustina", y ésta vuelve en al para recibir el bautismo y morir en paz. En aquella otra morada hay un pobre apestado. Nadie se le acerca; el olor es insoportable; aun el sacrificado hermano González, su compañero de siempre, tiene que abandonar la habitación. Pedro sonríe, se acerca al enfermo, llega hasta acariciarlo para que no se sienta avergonzado. Lo limpia, lo enjuga con un paño impregnado en vino, le sugiere oraciones. Y sale a tocar otras puertas. Más enfermos, más lágrimas qué enjugar. Un día lo encontró el sargento Jerónimo Jiménez en la puerta de la Medía Luna. "¿A dónde va el padre?" le pregunta. "A Carnestolendas" le contesta Claver, es decir, al carnaval. Y el carnaval para él era San Lázaro, el hospital de los leprosos, donde pasaba las horas consolando y llevando una luz de esperanza.

Desnudó ante los blancos las injusticias que cometían con los esclavos, y los obligó a tratarlos como hermanos. Unos años antes de Claver vivió en la misma Cartagena otro hombre, también enloquecido por la defensa del esclavo ante el injusto. Se llamaba Luis Beltrán, y cuentan, entre leyenda y realidad, que un  día, sentado a la mesa con algunos nobles españoles de los que maltrataban sin misericordia a los indios sometidos, el frailecito dominicano tomó en sus manos un pan, y exprimiéndolo a la viste de todos, hizo salir gotas de sangre de él. "Esta sangre, les dijo, es el sudor de los pobres indios; piensen de dónde sacan ustedes el alimento". Fue lo mismo que hizo Claver con su ejemplo: plantarse frente a ellos, frente a nosotros, y contamos qué hizo por los esclavos, para preguntamos qué estamos haciendo nosotros ante las injusticias de este tiempo.

Sí, Claver no escribió. No dejó tratados polémicos de protesta contra la esclavitud. Nos enseñó lo que es necesario hacer ante la miseria humana. Lección difícil de comprender y que muy pocas veces nos atrevemos a seguir. Mejor y más cómodo es enviar al periódico, desde nuestro escritorio, artículo muy bien hilvanados para desnudar ante el mundo las injusticias de esta sociedad.


Ojalá con todo el papel en que se han escrito tantas cosas bellas a favor de los derechos humanos en Colombia, con todas las revistas y periódicos, con todos los libros y afiches publicitarios adornados con la palomita de la paz, hiciéramos una inmensa hoguera y en ella consumiéramos de una vez para siempre el odio y la injusticia que están acabando con esta patria nuestra a la que tanto queremos. Estas, tal vez, podrían ser palabras de Pedro Claver, el defensor de los derechos humanos.

Publicado originalmente en El Tiempo, el 12 de septiembre de 1999.

17 de enero de 2017

Cartagena tendrá un Centro de Memoria de la Diáspora Africana en Colombia

El proyecto busca recuperar todo el legado que los africanos le aportaron a la conformación del país y a la identidad de los colombianos.


La salvaguardia y rescate de oficios, saberes, tradiciones, manifestaciones culturales e investigaciones académicas, es el objetivo principal del proyecto piloto que se pondrá en marcha en Cartagena en el primer semestre de 2017, y que se prevé concretar mediante la habilitación de un centro de memoria afro en el que tendrán lugar las comunidades negras de todo el país. 

El anuncio se hizo en una reunión realizada el jueves 12 de enero de 2017 en la sede de la Escuela Taller Cartagena de Indias (ETCAR), la cual fue liderada por la viceministra de Cultura del país, Zulia Mena García, y contó con participación de delegados de entidades que apoyan esta iniciativa, como es el caso de la Alcaldía Mayor de Cartagena y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Se estudian varios espacios de las Fortificaciones de Cartagena como posibilidades para albergar este proyecto piloto, que se espera sea el primero de un circuito que se prevé generar en la ciudad como parte de un estrategia que contempla acciones afirmativas que promuevan la inclusión social y el diálogo intercultural.

Así va el proyecto

El director de Patrimonio del Ministerio de Cultura, Alberto Escovar Wilson- White, dice que: “El viceministerio de Cultura lidera un proyecto para recuperar la memoria de la diáspora africana en Colombia y ha decidido que el piloto se realice en Cartagena. La tarea se le encomendó a la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura, que históricamente ha encontrado en el Escuela Taller Cartagena de Indias un aliado ya que desde el 2012 la ETCAR administra todas las Fortificaciones de la ciudad”.    

Explica que el proyecto, que se encuentra en etapa de formulación, busca recuperar todo el legado que los africanos le aportaron a la conformación del país y a la identidad de los colombianos, siendo Cartagena la principal puerta de ingreso de africanos a América durante La Colonia y uno de los territorios con mayor evidencia de la herencia africana en Colombia.

Moisés Medrano Bohórquez, director de Poblaciones del Ministerio de Cultura, asegura que mediante este proyecto se da continuidad y se fortalece el trabajo que se inició en 2016 en conjunto con la Alcaldía de Cartagena y el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC), con miras a la reivindicación y visibilización de lo afro en esta capital.

Dicho trabajo se tradujo, por ejemplo, en el diseño e implementación en 2016 de la llamada ‘Ruta del Esclavo’ en el Centro Histórico de Cartagena, la cual toma el nombre y va en consonancia con el proyecto liderado por UNESCO en el mundo para abordar temas sensibles y antes vedados, como la trata negrera, la esclavitud y la incidencia de la diáspora africana en los diferentes continentes.

Igualmente, el proyecto se alinea con el programa de actividades del Decenio International para los Afrodescendientes (2015-2024), mediante el que se incentiva a los Estados a adoptar medidas eficaces para el reconocimiento, la justicia y el desarrollo de las comunidades negras.

Vinculación de la Escuela Taller de Cartagena de Indias -ETCAR-

Luis Ricardo Dunoyer González, director encargado de la ETCAR, asevera que “la Alcaldía de Cartagena, a través de la Escuela Taller, respalda esta iniciativa y pone al servicio de la misma su experiencia en la formación de jóvenes en oficios en cuyo rescate va implícita la salvaguardia de nuestra herencia africana. Para la muestra están nuestros talleres de cocina, costura y lutería, mediante los que podemos garantizar la transmisión de conocimientos y saberes ancestrales que dan cuenta de nuestro origen común que viene precisamente de África”.

Con experiencias como la de Cartagena se prevé fortalecer una Red Nacional de Sitios de Memoria Afrodescendiente que contribuya a promover las contribuciones de las personas de ascendencia africana a la construcción de las sociedades contemporáneas.

Publicado originalmente en: http://hsbnoticias.com/noticias/nacional/apuestan-por-consolidacion-de-cartagena-como-sitio-de-memori-266693

16 de agosto de 2016

¿La Etnoeducación en Cartagena, solo para los afros?

Todos los colegios de Cartagena deberían tener una cátedra afrocolombiana, por ser la minoría poblacional más importante de la ciudad. Aunque la ciudad no está en ceros en este tema, lo que sí es claro que estas clases se están impartiendo, por ahora, solo en colegios donde prevalece la comunidad de niños afrocolombianos.

Foto: Julio Castaño - El Universal
Desde 2005 existe la Red de Docentes Etnoeducadores, compuesta por todos los maestros de la ciudad que están vinculados a este proceso de etnoeducación y de Cátedra de Estudio Afrocolombiano. Aunque existe desde hace 11 años -la componen 50 profesores, la mayoría en colegios públicos-, parece poco para una ciudad con 103 instituciones oficiales y 266 privadas. 
“De acuerdo a la ley, todas las instituciones privadas y públicas deben implementar -en preescolar, primaria y bachillerato- la propuesta pedagógica del estudio afrocolombiano. La idea es que estos conocimientos, que históricamente se quedaron en el olvido, se incorporen nuevamente en el plano educativo en las áreas de humanidades y sociales para que se reconozcan los aportes que le ha brindado la gente afro al desarrollo del país”, afirmó Miguel Ángel Obeso, asesor externo de la Secretaria de Educación en el tema de Etnoeducación, Interculturalidad y Cátedra de Estudio Afro.
No es el área urbana cartagenera la más educada en temas étnicos, lo es su zona rural y municipios cercanos: Pasacaballos, Barú, Tierra Bomba, Caño del Oro, Punta Arena, Tierra Baja, Santa Cruz del Islote, La Boquilla, Manzanillo del Mar, Pontezuela, Arroyo de Piedra, Arroyo Grande, Bayunca, son algunos de los lugares donde se está educando con más fuerza en temas afro (y donde se encuentra la gran mayoría de la población afrocolombiana de la ciudad).
Por su parte, en el casco urbano se está implementando la etnoeducación en zonas donde el contexto de la etnicidad tiene mayor presencia, como en los barrios aledaños a las faldas de la Popa, Nariño, La María, La Esperanza, Nelson Mandela y Pablo Sexto. 
“Hemos hecho presencia en varios de los barrios populares de la ciudad donde vive el mayor número de grupos étnicos, porque de nada sirve hablar de los pueblos étnicos si dejamos por fuera a las personas con quien interactuamos. Son propuestas de diálogo, saber y conocimiento donde debe estar tanto en población mestiza como afrodescendiente”, aseguró Obeso.
Capacitación de etnoeducadores - foto El Universal
Sin embargo, falta un largo camino por recorrer. William Arrellano Cartagena, decano de la facultad de Educación y director del Observatorio de Educación de la Universidad Tecnológica de Bolívar asegura que “el distrito tiene que hacer un mayor esfuerzo para que el tema etnoeducativo esté más incorporado a los proyectos educativos de las instituciones que como tal se reconocen, es decir que cuando una institución se declara como un proyecto educativo etnoeducativo hay que hacer un trabajo de apropiación de toda la comunidad educativa para efectos de que el proyecto se pueda desarrollar. Eso, hasta el momento no se está haciendo”.
De hecho sí hay declaratorias etnoeducativas, pero no hay un trabajo de fondo que permita trabajar con este modelo. Muchos colegios se reconocen como etnoeducativos, pero es muy poco lo que hacen en ese sentido. Las actividades son muy comunes al resto de las instituciones que no lo son.
“Hay que empoderar mucho más al equipo designado por el Distrito para los trabajos etnoeducativos, ya que la ley señala que para que se dé la etnoeducación es vital darles a las comunidades étnicas un proyecto educativo que esté ajustado a sus características y necesidades”, concluyó el experto. 
Por su parte, Estela Simancas, coordinadora del Observatorio de Antidiscriminación de Cartagena opina que el trabajo debería incluir a todos los colegios, no solo a los que se reconocen como centros educativos afro. “El asunto de los aportes de la herencia africana a nuestra cultura debería ser un asunto transversal en el proceso de formación de nuestros estudiantes, de tal manera que no debe ser un asunto de las escuelas focalizadas, por el contrario debe ser un asunto también de todas las escuela en general. No deberían existir esas divisiones en Cartagena”.
Si todos los estudiantes recibieran esta cátedra –sean o no afrocolombianos-, los episodios de discriminación serían cada vez más escasos, “entonces pienso que falta mucho camino por labrar en términos de la superación del racismo cotidiano a través de los colegios”, indica Simancas. En una ciudad ideal, habría que construir un modelo educativo que permita el conocimiento y reconocimiento de las diferentes culturas que la conforman.
Material etnoeducativo - foto Andrea Rodríguez
Pero, ¿qué es la etnoeducación?
Etnoeducación es fortalecer la identidad y las manifestaciones tradicionales de los grupos étnicos a través de la educación. En el país oficialmente hay 5 grupos étnicos, los cuales se dividen en Indígenas, Afrocolombianos, Palenqueros, Raizales de SanAndres-Santa Catalina y Providencia y Gitanos o Romanies.
Con esta se busca potenciar las prácticas productivas tradicionales, el desarrollo económico, la diversidad lingüística, todo lo que tiene ver con el fortalecimiento del acervo cultural ancestral, la revitalización de los valores culturales y la conservación de la lengua.
Sin embargo, aportar una educación propia y particular para estas comunidades no ha sido tarea fácil para el Gobierno y en muchos casos el tema se ha quedado sólo en la teoría.
Proyectos etnoeducativos
Son contadas las propuestas que se están desarrollando en la ciudad con relación al proceso de etnoeducación en los colegios. Aquí le contamos 4, algunas ya están en marcha y otras comenzarán a implementarse con el plan actual de Desarrollo del Distrito de Cartagena.
• ‘Cartagena Piel de Cimarrones’. Esta propuesta, que se trabaja de la mano de la Agencia Española de Cooperación Internacional y el Instituto de Estudios del Caribe, apunta a la labor de la Cátedra de Estudio Afro en instituciones privadas por proyectos específicos, es decir que a través de asignaturas como humanidades y sociales los estudiantes visibilicen y reconozcan los aportes étnicos en el país.
• ‘Decenio Afro en la Escuela’. Consiste en el compromiso de todos los pueblos afro de establecer políticas específicas diferenciales para las comunidades afro del país.
“La propuesta del ‘Decenio Afro Desde la Escuela’, la estamos trabajando a partir de este año, aunque está muy débil porque el gobierno no se ha sensibilizado sobre el tema”, explicó Obeso.
• Campaña ‘No Machista-Racista’. Consiste en explicarles a los estudiantes lo perjudicial que pueden llegar a ser los comentarios, chistes o maltratos que conduzcan al racismo y discriminación. Así se formarán personas menos racistas y con mayor empoderamiento de las raíces étnicas.
• Eventos y conferencias mensuales. Estas actividades van de la mano de la Secretaría de Educación, El Instituto de Patrimonio y Cultura (IPCC) y el Ministerio de Cultura, quienes por medio de charlas sobre decenio afrodescendiente, procuran dar a conocer la importancia de la conservación y defensa de la cultura afro en la ciudad.
Aunque el camino es extenso y falta mucho para que Cartagena sea una ciudad incluyente y cero racista, la ruta está labrada. Los colegios tienen mucho por hacer, pero también las familias y universidades. La etnoeducación empieza también por cada uno.
RECUADRO: Algunos logros de Cartagena en el tema
• La expedición del Acuerdo 015 del 2 de agosto de 2004, por medio del cual el distrito de Cartagena adopta como política educativa permanente, para fortalecer y reafirmar la identidad étnica y cultural en las Instituciones Educativas Oficiales y Establecimientos Educativos Privados, el programa de Etnoeducación y la Cátedra de Estudios Afrocolombianos
• La expedición de la Secretaria de Educación, de la Resolución 019 de 2004, que crea e institucionaliza la Red de docentes etnoeducadores del distrito de Cartagena 
• La vinculación formal de más de 300 educadores nombrados como directivos y docentes etnoeducadores para las instituciones educativas oficiales, esto en virtud a la Circular MEN 025 de 2004, El Decreto MEN 140 de 2006 y el Decreto Distrital 670 de 2013 que fijaron y orientaron los criterios para estas vinculaciones.
• Entre el año 2005 al 2015, la capacitación y formación de más 2000 educadores en etnoeducación, interculturalidad, diversidad étnica y cultural y en lineamientos curriculares para la implementación de la cátedra de estudios afrocolombianos tal como lo establece el Decreto MEN 1122 de 1998. 
• A partir del 2014, 26 instituciones focalizadas como etnoeducativas en procesos de resignificación  con  acciones orientadas a la construcción de modelos pedagógicos que permitan incluir en su Proyecto Educativo Institucional, saberes, estrategias, metodologías que garanticen a las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras el derecho a un proceso educativo acorde con sus necesidades y aspiraciones en concordancia con su contexto socio-culturales 
• Activa y efectiva participación en los procesos de fortalecimiento identitario, que ha permitido que en el Censo DANE 2005, en Cartagena más de 330.000 personas esto el 36% de su población censada oficialmente, se auto reconoció como negro, afro, raizal o palenquera.}
Tomado de: http://www.eluniversal.com.co/educacion/en-cartagena-la-catedra-afro-es-solo-para-pieles-negras-232631


9 de julio de 2015

"Cartagena de Indias y de los Negros"

Afrodescendientes en Cartagena de Indias: una memoria incómoda

El 9 de junio de 1862 el Senado de EE.UU. votó la abolición de la esclavitud en todos sus estados. Aquí, una mirada al pasado esclavista de La Heroica.

El 6 de agosto de 1915 apareció el siguiente aviso en el periódico La Unión Comercial, de Cartagena de Indias: «Permanentemente tengo a la venta […] ‘bolas de cascarilla’ para el cutis, que iguala las razas; oh! Las trigueñitas se ponen como circasianas! No se olvide de este aviso; acuda donde Ricardo E. Román que la dejará buena, bonita y blanca». Estas expresiones cotidianas de racismo no eran extrañas en la vieja ciudad esclavista. Eran parte de la cotidianidad del puerto, cuya élite, para entonces, luchaba a brazo partido por recrear un pasado hispanista.

En la imagen, ‘Mercado de Cartagena’, grabado de A. De Neuville (1875).
Por eso no era raro que en una monografía de la ciudad, publicada en 1929, se ilustraran las primeras páginas, dedicadas a la ‘raza’, con un grabado que remitía la iconografía del Medioevo. Un jinete acorazado, con todos los aparejos que nos trasladaban a la simbología de la tradición medieval, aparecía como una figura tutelar que bajaba del cerro de La Popa a irradiar luz sobre la ciudad. Esta construcción simbólica, que mandaba a la trastienda a la población negra, venía de mucho tiempo atrás. En 1822, cuando en la ciudad todavía se escuchaba el eco de la artillería por las batallas de independencia, una geografía de Colombia –atribuida a un cartagenero– decía que la población de Cartagena se componía de «descendientes de indios y de chapetones».

Todo parece indicar que la población negra, que a todas luces superaba en número al resto de habitantes de la ciudad, resultaba incómoda en la visión que se pretendía construir ante el mundo de que éramos un país libre y civilizado. De modo que había que borrarlas de un plumazo. Dentro de la simbología en formación de la nueva nación, era absolutamente claro que lo negro no tenía cabida, y la exclusión se convertía en una tradición.

Las prácticas cotidianas de exclusión y discriminación contrastan con la fuerte presencia de la población negra en la ciudad. Cartagena adoptó un temprano rostro negro y en medio de la crudeza del sistema esclavista y de las jerarquías que hacían del color de la piel un referente del lugar que se ocupaba en la sociedad, la población negra desarrolló variadas alternativas para hacer sus vidas más llevaderas. Se movían por toda la ciudad y gracias a ello convirtieron la calle en espacio de encuentro, de intercambios y de solidaridad; sin descartar la fuga hacia espacios de difícil acceso. Así, en el tránsito del antiguo régimen a la República, negros y mulatos serían fundamentales en el proceso de consolidación de la independencia.

Entrado el siglo XIX, después del proceso independentista, la calle, que desde los tiempos coloniales –ante la primacía de una esclavitud doméstica y a jornal– fue el espacio propicio para el proceso de intercambio relacional de los negros y mulatos, esclavizados y libres, seguiría siendo escenario de movilización. En esta ocasión espoleada por los discursos políticos en boga.

Sin embargo, a pesar de que en ninguna ciudad del territorio colombiano se nota tanto el legado de la diáspora africana como en Cartagena de Indias, y de que la traída de esclavizados es el hecho de mayor impacto en su conformación histórica, ningún tema ha sido más soslayado. Las dinámicas de exclusión trascienden lo discursivo. Los procesos de modernización urbana, desde los primeros años del siglo XX, hasta los de los tiempos actuales, se han caracterizado por establecer procesos de marginalización y desplazamientos fundamentados en componentes raciales. La historia de la ciudad está llena de referencias a la jerarquización de los espacios públicos y al desarrollo de prácticas de negación del disfrute de esos lugares a la población negra pobre.

En 1984, la Unesco declaró a Cartagena de Indias como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad. El uso de esta patrimonialización se ha basado fundamentalmente en la valoración estética de la arquitectura y poco o nada en la implementación de políticas públicas que defiendan o incluyan el patrimonio inmaterial de quienes hicieron posible, con su trabajo cotidiano, la edificación de las obras históricas que tanto se veneran. La valoración al componente humano se queda en los límites del reconocimiento a los arquitectos o a los ingenieros militares, pero no hay un interés por entender al pueblo negro que participó en este proceso.
Foto: periódico El Universal

Hace cinco años, Howard Donson, director del Centro para la Investigación de la Cultura Negra de Estados Unidos, dijo en la ciudad que «la restauración y conservación de las ciudades coloniales como Cartagena deben servir para mostrar el aporte de los afrodescendientes, que fueron sus verdaderos maestros y constructores, y no para honrar la memoria de la élite colonial, como pareciera suceder». De modo que el reconocimiento de los sitios de memoria afrodescendiente es una forma de reconocer el valor de esta población en la construcción de la sociedad y la cultura, y de buscar estrategias de inclusión ciudadana, en un espacio que ha estado marcado históricamente por las dinámicas de exclusión y marginalización sustentadas en el color de la piel.

Superando la exclusión y el racismo imperante contra esta población, es necesario fomentar una memoria histórica cotidiana que destaque la importancia de la influencia afrodescendiente en la construcción cultural y material de la ciudad. A pesar de que los recientes estudios históricos han demostrado hasta la saciedad que no se puede entender la formación de Cartagena desconociendo el aporte negro, la ciudad no se ha reconciliado con su memoria afrodescendiente.

Las prácticas sociales y los referentes urbanos existentes no han permitido convertirla en un lugar de memoria que recuerde la importancia histórica de esta población y resalte sus valores actuales. En el desarrollo de su vocación turística se ha privilegiado un discurso con pretensiones hispanistas y neocolonialistas, que ha dejado de lado toda la riqueza cultural y material de su herencia negra.

Hoy en día, en sitios como la Plaza de la Aduana y la Plaza de los Coches, escenarios por excelencia donde se desarrolló la compra y venta de esclavizados, no existe la más mínima referencia que les recuerde a quienes por allí se mueven, que en ese lugar se ubicaba el principal mercado de compra y venta de seres humanos traídos del continente africano.
Barrio Getsemaní de Cartagena. foto tomada de: http://lachachara.org/ 
En el barrio de Getsemaní existe también una traición a la memoria negra que se expresa de otra manera. En este vecindario se formó un importante grupo de artesanos negros y mulatos que jugaron un papel decisivo en el proceso independentista a comienzos del siglo XIX. Sin embargo, cada vez más, los descendientes de quienes construyeron su historia heroica son obligados a salir del espacio que habitaron toda la vida. Su pasado libertario terminará convirtiéndose en un simple suvenir para sus nuevos ocupantes y para quienes lo visitan.


Mientras la memoria de la población negra en Cartagena de Indias siga siendo incómoda –en pleno siglo XXI– la ciudad estará condenada a seguir repitiendo, como lo ha venido haciendo por años, modelos de desarrollo incapaces de construir soluciones de vida digna para la mayoría de sus habitantes negros y pobres.

Por Javier Cassiani, El Heraldo. 14 junio de 2015
http://www.elheraldo.co/cultura/afrodescendientes-en-cartagena-de-indias-una-memoria-incomoda-199528