6 de enero de 2017

MANAOS, TUMBA DEL HOMBRE NEGRO

En el siguiente artículo se hace una reflexión en torno a los trágicos acontecimientos en las cárceles brasileras y la histórica situación de marginación vivida por los afrobrasileros

Por Omer Freixa 6 de enero de 2017
@OmerFreixa
Brasil comenzó 2017, al igual que Turquía, Irak y Nigeria, en forma sangrienta, pero por motivos distintos al terrorismo yihadista que volvió a golpear a las tres naciones mencionadas en último término. En Manaos, la ciudad más importante de la región amazónica, la finalización de tres motines carcelarios y a continuación una guerra de bandas en la principal cárcel de la capital del estado de Amazonas ha dejado el trágico saldo de unos sesenta muertos, la mayoría de ellos afrobrasileños, quienes componen una fracción muy considerable de la población carcelaria. De 56 víctimas, se informó que 30 fueron decapitadas y no se halló evidencia del uso de armas de fuego. Brasil cuenta con cien millones de afrodescendientes, casi la mitad de la población total del país más habitado de América del Sur, con poco más de 205 millones de habitantes.
Una mujer con el periódico local, Manaos, Brasil
Reuters, Ueslei Marcelino
Hay una población carcelaria del orden de los 622 mil reclusos en el país sudamericano, la mayor del mundo tras los Estados Unidos, China y Rusia, lo que permite inferir hacinamiento y pésimas condiciones habitacionales. Según datos oficiales, el 40% de los presos está detenido en forma provisional y por delitos menores. Las penitenciarías del estado brasileño indicado cuentan con 8.800 internos, 2,59 reclusos en el lugar en donde cabe uno. Este hecho lamentable, que muestra el desborde de una política de control interno, además sirve como un botón de muestra más para considerar que, al tercer año de iniciado el Decenio Internacional de los Afrodescendientes (2015-2024), las declaraciones de intenciones sólo parecen quedar en el papel. Las Naciones Unidas postularon este decenio con el fin de, como indica uno de sus tres objetivos: "Promover el respeto, la protección y la realización de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de los afrodescendientes, como se reconoce en la Declaración Universal de Derechos Humanos".

Lo acontecido en el penal de Manaos, como muchas otras situaciones de violencia que cotidianamente padece América Latina, permite vislumbrar y concluir que si, en general, la vida humana en estas épocas convulsionadas vale poco, la del pobre importa aun menos.

El afrodescendiente en América carga con el estigma, incluso hoy, de haber sido sus antecesores esclavizados en otros tiempos. En el pasado, entre 10 y 20 millones de africanos regaron la tierra con su sangre y su sufrimiento a lo largo de casi tres siglos y medio de trata y esclavitud, mientras las metrópolis coloniales se hinchaban los bolsillos. Esas jugosas rentas, producto de la gran trata atlántica, permitieron a Gran Bretaña preparar el terreno para llevar a cabo su fastuosa Revolución Industrial que la posicionó por décadas como la nación más poderosa del planeta. Del caudal de africanos esclavizados a América, una parte cuantiosa llegó a Brasil para dedicarse a trabajos como la siembra y la recolección de caña de azúcar en la región del nordeste, una actividad que demandó mucha mano de obra sumada a la escasa capacidad reproductiva de la población de esclavos, puesto que el perfil del africano ingresado entre cadenas era el de hombre joven y, si las mujeres fueron poco frecuentes en el tráfico salvo contadas excepciones, los portugueses en Brasil (y luego de la independencia también) buscaron renovar el stock a través de la compra-venta.

De modo que, como resultado de un negocio millonario, en unos 350 años de historia brasileña ingresaron al territorio alrededor de nueve millones de esclavizados, muchos a cuenta de los traficantes británicos. Eso explica por qué hoy Brasil es la nación con mayor cantidad de afrodescendientes del mundo, sólo detrás de Nigeria. Los de origen africano, pese a la nobleza de intenciones de la Declaración del Decenio Internacional aludido, y no sólo en Brasil, continúan marginados, discriminados y no exentos en muchas situaciones de ser invisibilizados. En América Latina y el Caribe son alrededor de 150 millones de personas. El Decenio Internacional de los Afrodescendientes rescata la valoración de que a estos, parafraseando el objetivo citado arriba, se los considere personas en el sentido cabal del término, no rémoras de la extinta esclavitud colonial y hoy mano de obra barata ávida de ser explotada.

A su vez, otro de los objetivos del decenio es reconocer la diversidad cultural a la que contribuyen los afrodescendientes. En ese sentido, sería provechoso que los afrobrasileños fueran noticia por el aporte cultural (como en 2014, cuando el Círculo de Capoeira fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad), y no, en calidad anónima, objetos de tapas de diarios por noticias trágicas como lo ocurrido en Amazonas.

Tomado de: http://www.infobae.com/opinion/2017/01/06/manaos-tumba-del-hombre-negro/

5 de enero de 2017

¿Qué pasa en Tumaco?

El periódico más influyente de Colombia dedica su editorial del 3 de enero de 2017, a analizar la situación del municipio de Tumaco, en el marco del proceso de paz con las FARC.


En el marco de las fiestas decembrinas, no puede pasar en el olvido una región que vive una situación de otro color. El país le sigue dando la espalda a Tumaco. Mientras en muchos lugares sus habitantes comienzan a sentir el alivio del cese de la actividad ilegal de las Farc, mientras las estadísticas del Hospital Militar muestran una importante disminución en la cantidad de miembros de la Fuerza Pública atendidos, y mientras en el Congreso se sientan los pilares legales del posconflicto, en el puerto nariñense la violencia sigue presente.

Algunos habitantes afirman, con esa resignación con traje de cinismo, última defensa que queda frente a la desolación total, que en tanto estuvieron activas las Farc, las acciones delincuenciales se redujeron a sus justas proporciones. Y lamentan que su retirada con motivo del proceso de paz no marcó la llegada del Estado, pues, desgraciadamente, no corresponde aquí hablar de regreso, sino la de nuevas bandas criminales, incluido el Eln, que hoy libran una cruenta disputa por el control territorial. Guerra que tiene como apetecido botín las rutas para el envío de droga y las rentas de la extorsión, de la que nadie se salva.

El diagnóstico no es un misterio: mafias que buscan apoderarse de fuentes de ingresos provenientes de economías ilegales, en un contexto en el que ‘desconfianza’ y ‘ausencia’ son los calificativos más ajustados para referirse al papel del Estado en todo este drama. Y por más que los esfuerzos de valientes y corajudos miembros de la Fuerza Pública se traduzcan en logros como las recientes incautaciones de droga, esto no logra sanar el daño que, en términos de la pérdida de confianza de la gente hacia las instituciones, produce la cercanía de algunas manzanas podridas con dichas bandas. Ni hablar de lo corrosiva que resulta la corrupción o la ineficiencia: la misma que lleva a que los médicos del hospital tengan varios meses sin recibir salario.

Si quedan dudas de lo crítico del panorama, ahí están las cifras: 132 homicidios al finalizar el año –menos que en el 2015, pero no por ello es menos aterrador el dato–; 16.990 hectáreas sembradas de coca, 18 por ciento más que el año pasado, según denunció en este diario el padre Arnulfo Mira, vicario de la diócesis local. “Algo está pasando aquí”, sentenció en días pasados con motivo también de la explosión de una granada en un bar, hecho que dejó dos muertos y 23 heridos.
Tomada de twitter.
Foto tomada de twitter
Es un deber moral del Estado responder esa pregunta. Pero se trata apenas del primer paso. Y parte de la zozobra de los tumaqueños nace de ni siquiera saber de dónde vienen las balas, las amenazas. Luego es imperativo que este municipio se ubique a la cabeza de las listas de prioridades, llegado el momento de llevar a los hechos todo lo firmado con las Farc, para garantizar, con desarrollo y oportunidades reales para los menos favorecidos, que la paz sea estable y duradera.

Lo que hoy ocurre en Tumaco debe ser motivo de una respuesta urgente y contundente del Estado. Por el bienestar de su gente, por supuesto, pero además porque es la oportunidad de sentar un precedente: el que resultará de demostrar que las instituciones están en capacidad de responderles a los miles de colombianos que vivían en zonas en las que predominaban las Farc. En otras palabras, de que la paz es viable.

Tomado de: http://www.eltiempo.com/opinion/editorial/que-pasa-en-tumaco-editorial-el-tiempo-4-de-enero-de-2017/16785452

19 de diciembre de 2016

Te venimos a Cantar, Afrocolombianos le cantan a Colombia y a la Paz

Como parte de nuestra iniciativa de visibilización de los afrocolombianos en la construcción de paz, este año propusimos a diferentes artistas afrocolombianos, negros, raizales, palenqueros la creación de una canción por la paz, que plasmara desde sus voces, sentires, tradiciones, ritmos y propuestas lo que como pueblo hacemos para construir una mejor Colombia, una Colombia en paz. El resultado fue la canción Te Venimos a Cantar, la cual fue lanzada el pasado 13 de diciembre en Bogotá.

Por: CNOA-Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas

Con ella visibilizamos los derechos de las comunidades afrocolombianas, negras, raizales y palenqueras, así como nuestros aportes a la construcción de nación desde diferentes áreas: política, música, economía, arte, literatura, emprendimiento, entre muchos otras, que demuestran además de nuestros talentos, las apuestas a la construcción de una sociedad más justa y equitativa, sin racismo ni discriminación; una nación que construye paz día a día desde el trabajo de cada uno de los colombianos, el reconocimiento de la diferencia, de diferentes etnias y en diferentes territorios.



La Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas agradece a todos los artistas, a las organizaciones afrocolombianas de las Mingas C.N.O.A., a los participantes del Diplomado Afroemprendedores creadores de Paz y a los aliados en este proceso de construcción colectiva:

Realización Audiovisual: Estrategia En Común. Dirección: Dianne Rodríguez Montaño. Cámara: Paúl Reny Muñoz, Jesús Durán y Carlos Chaparro. Dianne Rodríguez. Animación: Darío Trujillo.

Composición y producción: Ignacio Vélez Cárdenas. Interpretación: Dilma Mosquera, Jhon Harrinson Palacios, Lino Agualimpia, Jahir Córdoba de Explosión Negra; Diana Pereira “La Profe”; niñas y niños de la Fundación Ebony; maestra Zully Murillo; Miller Bueno; Monica Castillo de la Máquina del Caribe; Yesid Córdoba "El Perseverante"; Victor Angulo Avincula“Stan”, Nereida Montaño, Leonard Rentería de Rostros Urbanos; Tairon Andres Molina “Kingblack”; Andris Padilla Julio “Afroneto”, Keila Regina Miranda Perez “KRMP”, Ali Fernando Navarro Salas “MCPM”, José de Jesús Valdez Salas “MC Ukibe” de Kombilesa Mi; Larry Viveros Ararat de La Timbrika; Hugo Candelario Gonzalez.

Grabado en los estudios: JJB Producciones - Medellín, Epia Estudios - Bogotá, Albatros Record - Medellín, Mares Productions - Cartagena, San Andrés Music Records - San Andrés y Chonta Music - Cali.

Este material fue elaborado por la Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas CNOA, con el apoyo de la Fundación FORD, el Fondo Sueco-Noruego FOS y la Organización Católica Canadiense para el Desarrollo y la Paz. Equipo Técnico CNOA: Pbro. Emigdio Cuesta Pino svd, Adriana Rodríguez Quiroz, Ángela Patricia Valencia, Ariel Palacios Angulo, Clara Inés Valdés Rivera, Claudia Patricia Oviedo, Danny Ramírez Torres, Dora Inés Vivanco Julio, Juan Alberto Carabalí Ospina, Lilian Paola Osorio, Luis Martelo Ortiz, Nathalia Villegas Ruiz, Olga Lucía Ramírez Carmen, Sandra Lasso, Tatiana Palacios Angulo, Yaneth Reyes Bejarano, Yersson Alejandro Valbuena.