13 de diciembre de 2016

Pacífico colombiano, una región por construir

La disminución del conflicto armado permitirá dinamizar esta región azotada durante décadas por toda suerte de violencias provocadas por el tráfico de drogas, los cultivos ilícitos y la corrupción. Para ello se requiere de una apuesta permanente por políticas públicas enfocadas en reducir la brecha social y económica.


Dec. 10 de 2016
By: Ricardo Mosquera Mesa, ex rector y profesor
- Universidad Nacional de Colombia

El pasado 29 de noviembre arribó un megabarco asiático –con casi 300 metros de longitud y capacidad para 800 contenedores– al nuevo puerto Aguadulce de Buenaventura (Valle del Cauca). Su llegada evidencia no solo los avances en infraestructura, sino la importancia de la inversión extranjera en el Pacífico colombiano.

Las potencialidades del Pacífico están asociadas con su ubicación estratégica y con los medios promisorios para preparar y asumir los nuevos retos que impone el proceso de globalización internacional.
Foto: archivo unimedios
Está región, olvidada por muchas décadas del poder central, ha vivido toda suerte de violencias provocadas por el tráfico de drogas, los cultivos ilícitos y la corrupción, que la convirtieron –a diferencia de la costa Caribe– en la zona con los más altos índices de pobreza, desempleo y desigualdad. Datos del Dane indican que en 2015 el Chocó registró el 62,8 % de pobreza (seis veces más que Bogotá), seguido del Cauca (54,2 %) y La Guajira (53 %), donde más de la mitad de la población no accede a la canasta básica de bienes y servicios.

Según el coeficiente de gini (1 es la peor situación) el mejor departamento es Cundinamarca, que en 2015 tenía 0,438, seguido del Atlántico con 0,440, mientras que los peores en desigualdad son el Chocó (0,598) y La Guajira (0,551). En cuanto al Índice de Competitividad, en 2015 el primer lugar lo ocuparon Bogotá (8,13 puntos), Antioquia (6,55) y Caldas (6,06), mientras que los últimos lugares fueron para La Guajira (2,97), Putumayo (2,58) y Chocó (2,36).

El caso del Pacífico colombiano es uno de los más severos en los que se le ha dado la espalda a una de las regiones más ricas de Latinoamérica. Quizá tenga razón el profesor Álvaro Tirado cuando sostiene que “si queremos conquistar la gran cuenca del Pacífico, primero tenemos que descubrir el nuestro. Quedan más cerca Quibdó, Buenaventura o Tumaco que Hong Kong, Seúl o Tokio. ¿Cómo pretendemos integrarnos con el mundo cuando ignoramos lo que pasa con nuestros compatriotas?”.
No se trata de lo que está primero, sino de entender que mal se podría repetir la experiencia de convertir esta región solo en una vía de penetración y tránsito de las mercancías de los puertos al interior, sin integrarlo con el resto del país y del mundo.

Rica y olvidada

Mientras las regiones Andina y Caribe crecen, el Pacífico es una región por construir. El departamento de Nariño tiene más relación con Ecuador que con Cauca y Valle del Cauca, en tanto que Chocó ni siquiera cuenta con una vía de acceso terrestre a su costa pacífica. Su aislamiento en pleno siglo XXI no se compensa con el papel que jugó antaño como enclave estratégico para las bonanzas mineras y madereras del país.

En los últimos años se han diseñado planes de desarrollo local que buscan la integración regional. Uno de ellos fue el “Protocolo de constitución de la región Pacífico de Colombia, tierra de paz, mar de prosperidad”, firmado por los gobernadores de Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño. La iniciativa, conocida como “Tierra de Paz, Mar de Prosperidad”, enfatiza en desarrollo integral y desarrollo rural, conectividad, energía, seguridad y servicios públicos.

De otra parte, el “Plan estratégico de la macrocuenca del Pacífico 2013” –Chocó, Valle, Cauca y Nariño– reitera el proceso de integración regional liderado por las respectivas gobernaciones. El propósito del Plan es conectar el Pacífico colombiano con el asiático como nuevo polo de desarrollo por donde transitan más de la mitad de los bienes y mercancías del comercio internacional. El documento señala que esta zona del país cuenta con grandes riquezas biológicas, ambientales y culturales, y excelentes condiciones topográficas y climatológicas.

Otras fortalezas son sus recursos pesqueros de 450.000 toneladas al año, su alta pluviosidad –la más alta del planeta–, que la convierte en una de las mayores reservas mundiales de agua dulce, y su impresionante patrimonio en biodiversidad, la segunda después de Brasil, lo cual es un importante atractivo para el turismo ecológico, que cada vez prolifera más en el mundo.

Sin embargo, el Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014, con enfoque regional en la integración del Pacifico, advertía que para apalancar el desarrollo regional –a través de la eliminación de las brechas sociales y buscando un equilibrio con respecto a otras zonas del país– se requiere promover un modelo económico alternativo que supere el predominio en la extracción de recursos; superar la baja conectividad tecnológica y la baja integración inter e intrarregional que limita la competitividad territorial, e impulsar estrategias para generar empleo y reducir la pobreza.

A mediados del año pasado, la Dirección Nacional de Planeación anunció que el Pacífico colombiano contaría con su propio “Plan Marshall”, haciendo referencia al plan que permitió la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Para ello, el artículo 178 del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 creó un patrimonio autónomo de 3 billones de pesos para esta región del país, el cual se llamará “Fondo para el desarrollo del plan todos somos pazcífico”.

Según el Gobierno las metas son claras, y dichos recursos se destinarán a proyectos focalizados de infraestructura y desarrollo socioeconómico. Por ejemplo, la ampliación de la cobertura en acueducto y alcantarillado, electrificación y mayor conectividad para mejorar los costos y la facilidad en el transporte. También para disminuir la mortalidad infantil del 24,79 % al 18,5 %, además de incrementar la tasa de cobertura en educación media, que se prevé pasará del 73,31 % al 86,64 %, el acceso a agua potable y a vivienda.

Integración local y global

Lo anterior permitirá impulsar una política de integración, primero con el país de manera que sirva para aprovechar las ventajas de la Alianza del Pacífico y las nuevas dinámicas de la geopolítica global, donde se encuentran las economías más dinámicas del mundo.

China, país que lidera las inversiones asiáticas en América Latina, invirtió más de 150.000 millones de dólares el año pasado en la región. Así mismo, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Chile, Perú, Argentina y Venezuela se han convertido en su principal socio comercial, mientras que en México es el segundo después de Estados Unidos.

No cabe duda de que en la coyuntura global el Pacífico es el nuevo tablero en el gran juego del intercambio comercial. En este, plataformas como la Alianza del Pacífico –con el 36 % del pib de América Latina– podrían convertirse en jugadores de élite. Por eso Colombia necesita jugar de titular y no de suplente.

El pasado 24 de noviembre, durante el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec), en el que se presentó el “Nuevo marco de cooperación pragmática (1+3+6) 2015-2019”, el primer ministro japonés, Shinzō Abe, y el presidente de China, Xi Jinping, mostraron su apoyo a Colombia por haber alcanzado el Acuerdo Final de Paz con la guerrilla más antigua del mundo; sin embargo el nuestro es el único país no miembro de la Apec.


Texto tomado de: UN Periódico. Disponible originalmente en: http://www.unperiodico.unal.edu.co/en/dper/article/pacifico-colombiano-una-region-por-construir.html

12 de diciembre de 2016

Comunicado de la Pastoral Social de la Diócesis de Tumaco

A continuación les compartimos el comunicado de la Pastoral Social de la Diócesis de Tumaco, ante los ocurrido entre agosto y noviembre del presente año.

El link del texto

“Sobre la situación de Derechos Humanos el Pacífico nariñense”


El texto en imagen


16 de noviembre de 2016

LEONOR GONZÁLEZ MINA, ORGULLO DE LA CULTURA DEL PACÍFICO COLOMBIANO

Y usted por qué me trae esa negra aquí? ¡Aquí no recibimos negros! Esa fue la respuesta que le dio Antonio María Valencia, entonces director del Conservatorio de Cali,  a la rectora de una institución educativa de la ciudad que llevó a  Leonor González Mina para que este la escuchara, ya que su voz  la había cautivado.


El afamado músico caleño causó la primera frustración artística de esta cantante oriunda de Robles, corregimiento de Jamundí, Valle, tal como lo relata el periodista Juan Andrés Romero en uno de los artículos del libro Vida de Palabras, editado por la Universidad del Tolima y la Fundación Palabra, en honor de la que con los años se convertiría  en La Negra Grande de Colombia.

Con esa decisión, carácter y disciplina  que la han caracterizado, Leonor no solo logró ingresar en 1960 al Conservatorio de Cali,  sino que dedicó su vida a su verdadera pasión: el canto. Aunque tuviera que desencantar a su familia que  quería que ella se graduara como odontóloga o enfermera.
El 16 de junio esta risueña artista que ha llevado la música del Pacífico y en general, la música folclórica colombiana a todo el mundo, cumplirá 82 años. Sin embargo, sigue siendo grande, y  “un ejemplo a seguir” para muchos artistas.

Como lo destaca la intérprete de música del Pacífico Zully Murillo. “Más allá de ser una cantante con una gran formación y una  voz impecable, ha sido actriz, política, bailarina, madre ejemplar,  una mujer que nos sirve de guía en el campo del liderazgo, una mujer que tiene una cantidad de años y siempre está actual”.

Sí, la Negra sigue muy vigente. Por estos días está relanzando su último álbum discográfico titulado ‘Lo mejor de mi vida’,  que tiene 13 temas de sonadas canciones como Mi Buenaventura, Yo me Llamo Cumbia,  La Mina y Campesino de Ciudad.

“Realizamos el lanzamiento del disco que quedó muy bonito, con una producción en la que hay de todo, con un recorrido por la música colombiana, incluso cantando boleros, porque antes de cantar música colombiana yo interpretaba boleros, como ‘Ojalá’, de Jaime R. Echavarría”, le dijo a Colprensa.

Ese trabajo discográfico, de acuerdo con Murillo, es impecable, de una gran  pureza de sonido  y su voz madura cada vez está mejor. Es impresionante.

Para Zully Murillo, La Negra Grande de Colombia con cualquier estilo musical que interprete sale a flote, pues todo lo que ella canta le sale muy bien, así sean cumbias, boleros, currulaos, lo que sea, porque ella le pone sentimiento a todas las frases que interpreta.

Primera mujer afrodescendiente en aparecer en la portada de un disco; en debutar en la televisión nacional, fue también, como lo asegura el músico Eduardo Cabas,  la primera mujer en interpretar la primera canción verdaderamente protesta que tuvo Colombia: ‘La Mina’: (“aunque mi amo me mate, a la mina no voy...”), que fue éxito internacional.

Cabas, quien fue un tiempo su director musical, recuerda la ocasión en que ya estaban en el estudio dispuestos a grabar cuando llamaron a La Negra para que se fuera a Rusia, a una gira. “Me dijo entonces: pónganme una guitarra y yo canto con ella. Grabó las doce canciones de un solo tirón  y después metimos una orquesta sinfónica encima de su voz. Eso demuestra su profesionalismo y su capacidad de superar  los escollos. Eso es dificilísimo, porque todos los tiempos al cantar tienen que ser perfectos”.

Abuela alcahueta
En esa carita de ternura hay un león escondido. Con esta frase y riendo con fuerza, Juan Camilo Cabezas González, el hijo que le sobrevive a La Negra Grande de Colombia bromea sobre lo “durita” que fue su mamá al criarlos. Para luego reconocer, que  la exigencia de su madre hacia él y su hermano Candelario valió la pena.

“Mamá, aunque cariñosa, fue  exigente, eso ayudó. Ella hizo un gran esfuerzo como madre cabeza de hogar, pues  le tocó solita”, manifiesta al otro lado de la línea, desde Bogotá, Juan Camilo, quien agrega que su madre se preocupó mucho porque estudiaran en muy buenos colegios y cada vez ampliaran más sus conocimientos. Gracias a ello, por ejemplo, Candelario, el músico, aprendió inglés, alemán, francés, italiano y japonés y él, administrador de empresas,  inglés y francés.
De madre exigente pasó a ser una abuela alcahueta y consentidora de sus nietas, Juana, de 15 años, y Adana, de año y cuatro meses, hijas de Juan.

Cuando Juana se pasa los días con  ella no la deja tender ni la cama. Y a la más  pequeñita le canta y le habla por teléfono y la arrulla con canciones tradicionales del Pacífico.

“Mamá como se dio cuenta que Juana tiene muy bonita voz”, interviene Juan Camilo, “ la está apoyando en eso y como ella dice que quiere estudiar música o ser ingeniera de sonidos, le compró un piano y está en clases de piano. Pero no quiere  forzarla para que no  se sienta obligada y no termine odiando la música”.

Leonor González Mina, quien estuvo casada por 19 años con el compositor y periodista Esteban Cabezas (q.e.p.d.) es amante de las frutas, los jugos, del té, de los mariscos y del pescado. También le gusta cocinar y lo hace bien. Se ofende si su hijo dice: “vamos a comer a algún lado”. Enseguida contesta: “no, señor, yo cocino”. “La lasaña de mi mamá es única. Prepara muy rico, además, la comida del Pacífico, hace un pollo al limón delicioso y los sancochos, ni se diga”.

Esta vallecaucana que se codeó con personajes como Mercedes Sossa, Gabriel García Márquez, Fanny Mikey, Omar Rayo y los hermanos Delia y Manuel Zapata Olivella (con los que viajó como bailarina en el grupo Folclor Colombiano) es, como lo asegura su mánager María del Socorro Vallejo, una gran lectora que devora diariamente los periódicos, ya que le gusta estar enterada de la actualidad nacional y mundial y de buenos libros, como los de ‘Gabo’, al que ha leído mucho.

Responsable con el cuidado de su voz, hace casi dos horas diarias de ejercicios y calentamiento para el canto.

Antes de salir al escenario siempre pide que la dejen sola en el camerino 30 o 40 minutos que aprovecha para calentar su voz, hacer un repaso del concierto y de lo que va a decir. No exige nada más, asegura María del Socorro, quien fuera una de sus coristas.

Precisamente, anota Juan Camilo Cabezas, María del Socorro jugó un papel importante para que su mamá volviera a los escenarios después de la muerte de   su hermano Candelario, quien falleció a los 34 años, en Milán, Italia, víctima de un aneurisma.

“La muerte de mi hermano fue una tragedia. La afectó muchísimo. Por eso ella estuvo por fuera de su actividad artística, no quería cantar, no quería vivir más, pero María del Socorro la motivó, le inculcó volver al mundo del espectáculo”.

Y para fortuna de todos los colombianos volvió a los escenarios y a grabar -ya son 32 álbumes en su carrera-. Y hoy está llena de vitalidad.


Lo corrobora su hijo: “Mamá es impresionante.  Dura dos horas cantando y bailando en el escenario con tanta energía que yo no entiendo. Ella me dice, ‘hijo, tengo un dolor aquí, me duele acá’, y sube al escenario y  se le olvidan todos sus dolores. Después, vuelve y se queja. Y yo le digo: ¡Pero mamá, si estuviste brincando dos horas en el escenario cómo no te va a doler el cuerpo!, cuenta Juan Camilo, entre carcajadas.

TOMADO DE: http://www.elpais.com.co/elpais/cultura/noticias/leonor-gonzalez-mina-artista-precursora-cultura-pacifico