La situación de la población Afro, Negra, Palenquera y Raizal es una de las más preocupantes con relación al acceso y la permanencia en la educación superior. Algo que se agrava si se tiene en cuenta que Colombia es una sociedad “pigmentocrática”.
Un estudio realizado por la Universidad de Princeton, una de las más
prestigiosas de Estados Unidos, en colaboración con la Universidad
Nacional y la Universidad del Valle, analizó la posibilidad de
considerar a Colombia una sociedad pigmentocrática, o sea en la que el
color de piel determina el ascenso social.
Los resultados de la investigación, conocida como Perla por sus
siglas en inglés, encontró que efectivamente hay una serie de factores
que se asocian de forma constante con el hecho de que para las personas
afrocolombianas las posibilidades de ascenso social se reducen
notoriamente en comparación con las que tienen otros grupos étnicos “más
claros”.
La situación más preocupante se asocia con la educación superior y
posterior desarrollo profesional, en la cual se denota un mayor rezago.
En promedio un afrocolombiano estudia 2.2 años menos que un colombiano
de tez clara.
Algo que en términos prácticos significaría que mientras un afro
logra culminar una técnica profesional, el blanco culmina un ciclo
profesional. Algo que inevitablemente luego se ve reflejado en el
estatus socioeconómico. Una tendencia que se mantiene no sólo en
Colombia sino en varios países latinoamericanos.
Resultados que se tornan aún más preocupantes cuando se tiene en
cuenta que la población afrocolombiana es una de las que registra menor
acceso a la educación superior y a la par muestra una mayor deserción
académica, principalmente cuando se refiere a quienes estudian lejos de
su lugar de origen.
Universidad de espaldas
Para Óscar Gamboa, director del Programa Presidencial para
Asuntos Afrocolombianos, la falta de acceso a la educación superior
limita la competitividad de esta población e inevitablemente potencia la
inequidad, lo cual se traduce en exclusión.
“Hoy de cada 100 niños afrocolombianos que inician la educación
básica, sólo tres se gradúan de la universidad. Una cifra lapidaria y
desafiante”, sentencia Óscar Gamboa.
En su concepto un primer y muy importante paso es la radicación
del proyecto de Ley de igualdad de oportunidades para la población afrocolombiana que, en pocas palabras, implica que en las diferentes
esferas del Estado haya un porcentaje mínimo de población
afrocolombiana.
“Parece impositivo pero debe ser así mientras nos culturizamos.
Hay que recordar que en Estados Unidos fue así, luego comprendieron la
influencia histórica de esta población y hoy su presidente es Barack
Obama”, destaca Gamboa.
Agrega que los problemas radican en cuatro factores que
indiscutiblemente están fallando y deberían ser insumo de análisis para
el Ministerio de Educación: calidad, acceso, permanencia y pertinencia.
Este último, una paradoja según Gamboa, toda vez que son
precisamente los afrocolombianos quienes viven en los ecosistemas más
ricos y no hay programas que giren en torno a potenciar ese contexto.
“Ya es hora de que a los afrocolombianos dejen de vernos por las
medallas y los goles, porque nosotros somos más que eso y a través de la
historia lo hemos demostrado porque ¡caray, cómo amamos este país!”.
“Yo propongo que la Universidad del Chocó sea la universidad
ambiental de Colombia, de donde salgan los ministros de Medio Ambiente
luego de estudiar una de las zonas más biodiversas del país, porque
sencillamente allí tienen un laboratorio natural”, expresa el
funcionario, quien insiste en que no podemos seguir creando carreras en
estas zonas que respondan a las necesidades de las ciudades centrales,
porque esa no es la realidad de estos pueblos.
Otros investigadores en la materia agregan que es necesario
reforzar la educación de base para que así quienes tienen la oportunidad
de ingresar a la educación superior no lleguen con una brecha
conceptual muy amplia. Algo que queda en evidencia cuando encontramos
que el Departamento del Chocó, donde más del 90 por ciento de la
población es afrocolombiana, registra un 32 por ciento de población
analfabeta, solo superado por el departamento de La Guajira.
“Es imperativo que nuestra sociedad, especialmente en el ámbito
educativo que es en el que se reducen las diferencias, avance de una
sociedad pigmentocrática hacia una verdadera sociedad democrática”,
concluye el investigador Edward Telles, parte del proyecto Perla.
Antioquia no es la excepción
El Gerente de Negritudes del Departamento, Fernando Palacios Callejas, reconoce que la situación de rezago que vive Colombia para con la población afrocolombiana en el contexto educativo no es ajena a la realidad de Antioquia.
Para Palacios, las oportunidades que tienen los afrocolombianos de acceder a la educación superior no son las mismas que tiene cualquier otro joven por diversos factores. Un ejemplo es la lejanía y el hecho de que los jóvenes afrocolombianos que quieren estudiar una carrera universitaria deben, necesariamente, desplazarse hasta los centros urbanos donde se ubican las grandes universidades, a las que difícilmente acceden y quienes ingresan difícilmente se sostienen al estar privados de sus contextos sociales, culturales y familiares.
El gerente cita, para dar una idea, el ejemplo de un grupo de 50 estudiantes de Vigía del Fuerte que tuvo que viajar durante 25 horas por el río Atrato, carretera destapada y bosques húmedos para llegar a Medellín y estudiar una carrera técnica en el Sena.
“Un buen inicio sería comprender e implementar de mejor forma la etnoeducación, para que así la sociedad pueda culturizarse de la importancia que tienen históricamente las etnias afrocolombianas”, concluye Fernando Palacios Callejas.
En Antioquia, según registros oficiales, hay cerca de 1’600.000 afrocolombianos.
Alternativas para afrocolombianos
Los afrocolombianos tienen derecho a un porcentaje de cupos en las universidades públicas al ser categorizados como una comunidad especial. En ese sentido si usted pertenece a una de estas comunidades, lo recomendable es que al presentar el examen de admisión se registre por esta vía y no por la ordinaria, puesto que así obtendrá mayores posibilidades de obtener un cupo en la educación superior.
Otra opción es el Fondo Especial de Créditos Educativos para Comunidades Negras creado en 1996 como una medida reparativa para los jóvenes de estas comunidades que no cuentan con recursos para ingresar a la educación superior. Los recursos del Fondo pueden destinarse para matrícula o sostenimiento. Los requisitos y demás información relacionada se puede consultar en www.icetex.gov.co.
En un contexto regional se tiene presupuestado que la próxima
semana el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, haga la presentación
del Fondo de Educación Superior. Una figura similar al Fondo EPM de
Medellín que busca garantizar la sostenibilidad de estudiantes
vulnerables en la educación superior. Allí, según las palabras del
gobernante, se dará prioridad a aquellas poblaciones históricamente
relegadas.
Etnoeducación
“Antes de imaginarnos un modelo educativo ideal, es necesario
que entendamos la etnoeducación como competencia de todos y para todos.
Que incluso quienes menos la necesitan son las mal llamadas minorías
porque, bien o mal, ellas ya conocen su historia, mientras que el
estudiante promedio no tiene idea de sus verdaderas raíces culturales”,
afirma Emerson Mosquera, sociólogo experto en historia y asuntos afro.
El estudioso de la historia afrocolombiana dice que la realidad
demuestra que hablar de grupos étnicos en el aula se ha convertido en
algo suplementario, por no llamarlo exótico, ya que el currículo de la
mayoría de las instituciones educativas públicas y privadas, solo
estipula un modelo eurocentrista que se resume en descubrimiento,
conquista española, colonia e independencia. Sabemos de memoria cuáles
son las civilizaciones europeas, pero titubeamos en mencionar el nombre
de algún resguardo indígena antioqueño o el apellido y título de un
prócer afro.
De acuerdo con Juan de Dios Mosquera, autor de “La etnoeducación y los estudios afrocolombianos en el sistema escolar”, debemos
entenderla como la educación en los valores de la etnicidad nacional,
teniendo en cuenta que nuestra identidad cultural es el sincretismo o
mestizaje de tres grandes raíces: la africanidad, la indigenidad y la
hispanidad.
Pero aunque hay capítulos de etnoeducación obligatorios dentro
del PEI, Proyecto Educativo Institucional, al ser regulada por el Decreto 1122 de 1998 la Cátedra de Estudios Afrocolombianos, la
realidad muestra que tal norma en buena parte de las instituciones no
es más que un saludo a la bandera.
Para Emerson Mosquera, el asunto fundamental radica en que se
les reconozca a los diferentes grupos étnicos su aporte histórico en
aras de la equidad, “pues hasta ahora parece que la historia de
Colombia sólo la han construido, escrito y contado los blancos”.
Fuente: http://www.elmundo.com/portal/vida/educacion/solo_el_3
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