25 de junio de 2018

El empoderamiento de la MUJER; Epsy Campbell en Panamá

Epsy Campbell Barr recibió la llave de la ciudad de Panamá este viernes y, en su agradecimiento, dijo que este reconocimiento representa un camino para ‘generar puente no solo entre personas, sino entre ciudades y países y que es la ruta correcta para lograr un proyecto humano inclusivo y en el que todas las personas tengan su lugar'.

José Arcia
jarcia@laestrella.com.pa

Campbell es la vicepresidenta de Costa Rica, la primera mujer canciller de su país y, sobre todas las cosas, afrodescendiente. Ella se encontraba en Panamá de gira oficial, en la que el pasado jueves se reunió con su homologa panameña, Isabel de Saint Malo, y este viernes dictó la conferencia ‘Empoderamiento de la mujer afrodescendiente en el siglo XXI'.
También recibió las llaves de la Ciudad de Panamá; Foto Josue Villao
En el teatro Gladys Vidal de la Alcaldía de Panamá no había silla vacía y para Campbell el acto no era solo un reconocimiento a su trayectoria como mujer, sino que permite continuar abriendo las puertas de la democracia en la región y seguir perfeccionando una democracia paritaria, intercultural y multiétnica, en la que todos los grupos humanos tengan un espacio y reconocimiento.

‘No podemos construir democracia si no tenemos a las personas de todos los grupos sentados en la mesa principal', dijo. Hizo referencia a los grupos afrodescendientes, los indígenas y a las mujeres tanto de las zonas rurales como de las áreas urbanas.

Para Campbell no hay duda de que para lograr los objetivos del milenio, establecido por la Organización de las Naciones Unidas, los recursos deben ser repartidos entre mujeres y hombres. Añadió que se deben asumir las mismas responsabilidades en el plano público y privado.

Cuando se habla de las mujeres afrodescendientes es solamente una forma más de reinvidicar las necesidades de que la democracia otorgue espacio de igualdad a todas las mujeres sin distingo de su identidad racial.

Campbell consideró que, en el caso de Panamá, tener una vicealcaldesa afrodescendiente (Raisa Banfield), al igual que la directora del Instituto de la Mujer, Liriola Leoteau, ambas presentes en el acto, es un ‘paso en esa dirección'. También resaltó que el gabinete de su gobierno está integrado en un 50% por mujeres y que ella es la primera mujer en ocupar el cargo de canciller.

Campbell habló de la necesidad de conocer la composición de la sociedad y desde esa perspectiva resaltó que en los censos nacionales de 2010 en Panamá se haya incluido la pregunta para conocer la población afrodescendiente; pero, al mismo tiempo, se debe profundizar más en este aspecto en los próximos censos de 2020.

‘Uno de los elementos centrales de la sociedad es conocer la composición de la sociedad para identificar en dónde están las brechas para avanzar', indicó.

Dijo que no se puede negar la participación de la población afrodescendiente en la independencia de las naciones y los aportes que han dado en todos los espacios.

La historia oficial poco a poco va abriendo camino para el reconocimiento de la población afro, dijo, y seguido, se refirió al caso del primer presidente de la etnia negra que tuvo Panamá. Se trata de Carlos Mendoza, quien llegó a la presidencia en 1910.

A renglón seguido, Campbell cuestionó que se ha tratado de invisibilizar esta parte de la historia como una manera de escribir solo una versión. ‘Dichosamente y por eso este acto, del que me siento tan agradecida, deja al descubierto que muchos como yo y los que han existido antes que yo han contribuido paulatinamente en la construcción de las sociedades'.

Campbell no duda que en la medida que las mujeres tengan mayor participación en los espacios públicos habrá menos desigualdad y es por eso que habla de la necesidad de ‘feminizar' a la política.

 ‘El empoderamiento de la mujer en general y de la afro en particular es un elemento central para la construcción de una sociedad más inclusiva', Indicó Epsy.


Texto tomado de La Estrella de Panamá:  http://laestrella.com.pa/panama/nacional/campbell-lucha-politica-feminizada/24069596

12 de junio de 2018

Los afroantillanos, presencia negra en Panamá

Herederos de un régimen de discriminación racial que se remonta al ‘Gold Roll' y al ‘Silver Roll' canalero, los afroantillanos deben luchar contra la invisibilización de su valioso legado cultural, en una sociedad que se decanta por las manifestaciones ‘blancas'.

 Por Gerardo Maloney


Compartimos algunas características sociológicas de la inmigración afroantillana. La población antillana que llega a Panamá tiene un pasado colonial en las islas, donde se han agrupado, acumulando e integrando a su grupo experiencias traumáticas propias de los períodos de esclavitud, y que definitivamente moldearon las generaciones que siguieron, y esto, a su vez, el carácter de las generaciones siguientes.

La realidad cultural de esos antillanos que arribaron a Panamá consistía en una síntesis de elementos africanos, indígenas y europeos, como efecto de la denominación a que estuvieron sujetos. Ingleses, holandeses, franceses, etc.

Su presencia en Panamá va a representar la articulación de una nueva síntesis en donde se incorporan elementos culturales norteamericanos y, por supuesto, panameños. Por otra parte, y desde un principio, los antillanos van a estar sujetos en la Zona del Canal a un régimen abierto de discriminación racial, materializado en el famoso sistema del ‘Gold roll' (norteamericanos) blancos, y ‘Silver roll' (antillanos). Este sistema de diferenciación abarca todos los aspectos de la vida social.

En la sociedad panameña el antillano va a conocer igualmente un sistema de prejuicio y discriminación, como un resabio de actitudes y creencias que se establecen desde el período colonial, y como consecuencia también de una reacción de frustración, generada por las condiciones que impone el Tratado de 1903.

EL VALOR ESTRATÉGICO DE LA IDENTIDAD
Estos hechos explican el carácter histórico que asume este grupo en Panamá, carácter que se manifiesta en un aislamiento o nuclearización, como forma de preservar la identidad cultural y como medio de cohesión de grupo, necesario para enfrentar el rechazo social que se confronta a través de las políticas discriminatorias en la Zona del Canal y en la sociedad panameña misma, y superar, por otro lado, la crisis cultural que su nueva situación les impone.

La necesidad de una identidad cultural propia facilita la reproducción de formas y manifestaciones culturales, propias del lugar de origen de estos antillanos, consolidadas orgánicamente a través de asociaciones como logias y sindicatos (en la Zona del Canal), cultos religiosos -principalmente protestantes y africanos- y, de manera muy importante, a través de las escuelas privadas de antillanos, en que los hijos de los antillanos desde el nivel pre-primario, y después en el primario, adquieren los conocimientos básicos.

Revisando algunos textos utilizados en 1925, nos encontramos que éstos, editados en Inglaterra, corresponden al sistema de enseñanza inglés y ofrecían al estudiante una panorámica cultural, que iba desde problemas de salud hasta relaciones históricas particulares y descripciones de formas culturales de diferentes regiones y épocas. Esto -comparativamente con el sistema nacional imperante- es una diferencia que refuerza los niveles de valorización de la cultura caribeña, en detrimento de una cultura nacional incipiente.

Estas situaciones culturales y sociales constituyen, naturalmente, formas de resistencia de los grupos antillanos, (resistencia que el Dr. Roberto de la Guardia define como ‘amurallamiento') y que es parte de la realidad social del antillano, dejando se ser privativo de algún patrón antillano en específico (barbadiense, jamaicano o trinitario entre otros), para incorporar a los hijos de éstos, independientemente de su origen.

Así probablemente es que tiene sentido la descripción infundada de Aguilera-Malta en su novela ‘Canal Zone', cuando retrata los barrios de ‘chombos', por allá por los años de 1925. Una nueva síntesis afroantillana se fue gestando, con matices que aún prevalecen hasta hoy en día.

Las diferencias culturales particulares de los antillanos se mantuvieron más en las primeras generaciones, ya que a medida que fueron variando sus situaciones ocupacionales y residenciales en la Zona del Canal, se vieron, obligados a una mayor interacción en las ciudades de Panamá y Colón. Esto ha hecho que las generaciones posteriores integren mayores elementos de la cultura nacional a los patrones legados por sus padres. No obstante esto, las actitudes discriminatorias, abiertas o veladas, tienen repercusiones significativas sobre la formación y la conducta de este sector de panameños.

ÁREAS RESIDENCIALES DE LOS AFROANTILLANOS
La nuclearización del antillano persiste, aunque los términos de su localización han experimentado cambios hoy en día muchos mas notorios. Por ejemplo, para 1940 las diferencias eran mucho más tajantes. En la ciudad de Panamá la población total asciende a 111,94 personas; de estos en Bella Vista viven 6,914 individuos, de los cuales 3,853 son blancos, 479 negros y 2,472 mestizos. Únicamente 334 son amarillos; hay, por otra parte 3 indostanés y 79 indios. (Lo más seguro que éstos eran empleados).

En Calidonia que, es otro de los barrios que, como El Chorrillo y San Miguel, surgen como efecto de la construcción del Canal para alojar a los trabajadores, la relación era la siguiente: de un total de 33,493 personas, hay 2,314 blancos, 16,717 negros, 14,087 mestizos, 225 chinos, 62 indostanés, 63 indios y 2 personas de otra nacionalidad.

La diferencia es clara en comparación con 10 que ocurren, Bella Vista, barrio residencial de los sectores opulentos. En El Chorrillo en ese momento, de 24,205 personas que se encuentran residiendo, solamente el 24,300 es blanco, el 2309 es negro, y el 6300 mestizo.

En San Felipe de 11,615 personas, 3,992 son blancos, 476 negros o sea el 40% y el 59.2% de la población es mestiza. Esto es una derivación histórica de la composición de esta área, que durante mucho tiempo era considerado la ‘ciudad' propiamente dicha, habitada por españoles y criollos, a diferencia de lo que era denominado el arrabal. En Santa Ana de 35,666 personas, 20,140 son mestizos, 8,012 son blancos y existen unos 6,144 negros. En Santa Ana, es donde encontramos, por otro lado, una mayor proporción de chinos, 928, de indostanés 176 y de indios 233.

Como sostuvimos anteriormente el carácter de esta distribución racial en el área urbana ha experimentado cambios, como efecto del mismo proceso de crecimiento urbano. Hoy en día, a pesar de que hay áreas como Río Abajo, Parque Lefevre, Pueblo Nuevo o Juan Díaz, donde se alojan proporciones importantes de antillanos, en estas áreas son localizados blancos y mestizos inmigrados del interior, o provenientes de otras áreas en proceso de renovación en la ciudad misma.

Las diferencias sin embargo, entre estas zonas y las otras de mayores ingresos y habitadas principalmente por blancos y mestizos constituyen mecanismos objetivos que indican los rasgos socio-económicos de un grupo a otro. Desde la década de los ochenta el vigoroso proceso de expansión de la ciudad trae consigo un importante proceso de redistribución de la población, en las que intervienen tanto patrones étnicos como socioeconómicos.

El actual proceso de retorno de afroantillanos, que se fueron a residir a los Estados Unidos y que hoy regresan a residir en Panamá, con nuevas condiciones económicas, les permite acceder a zonas residenciales que anteriormente resultaban una opción mas difícil.

ALGUNOS RETOS POR SUPERAR
Los descendientes de antillanos, a pesar de la movilidad social ascendente experimentada, aún tienen que confrontar formas institucionales, que limitan su participación en el quehacer nacional, y refuerzan los sentimientos de rechazos.

Diferencias importantes en el antillano tienen que ver con su participación en las estructuras de clases, su participación en las estructuras de poder, los niveles de oportunidades dentro del sistema de empleo tanto público como privado, su vinculación política a partidos políticos de clientela, en dónde sus aspiraciones siguen siendo demagógicamente manipulados para fines electoreros; la desigualdad en la justicia, en que prevalecen aún asociaciones de delito y criminalidad con características étnicas o raciales, siguen siendo desafíos ciudadanos importantes, así como lo es, la ideologización eurocéntrica en que los patrones blancos y occidentales se siguen imponiendo como ideales y representativos del hombre panameño en los diferentes planos de nuestra realidad.

CONSIDERACIONES FINALES
El hecho de que existen mecanismos y fórmulas institucionales que refuerzan actitudes de prejuicio en nuestra sociedad, significa que hay factores reales que inciden directamente sobre la primera fase de vida de todo antillano, y que motiva condiciones en su personalidad, así como actitudes de tipo divergentes que niegan o rechazan los elementos que conforman una cultura nacional. Habría necesariamente para una sociología o, mejor dicho, una psicología social de antillano, que redefinir aspectos muy concretos como son: la maternidad de la población afroantillana, las características de la paternidad, los principios de disciplina en la población antillana, la historia sexual de los grupos antillanos, su comportamiento de acuerdo con su condición social, de acuerdo con su conformación rural o urbana.

En fin, sería fundamental la formulación de un importante número de aspectos muy significativos del grupo antillano, que científicamente pudiera llevarnos a diferentes niveles de comprensión, permitiendo situar el fenómeno desde el plano de la totalidad hasta sus expresiones más particulares, grupos, generaciones, familia, e, incluso, individuos o casos. Hace falta aún, un trabajo por realizar.


Tomado de: La estrella de Panamá: http://laestrella.com.pa/panama/nacional/algunas-consideraciones-generales-sobre-afroantillano/24066223/foto/404274#gallery

21 de mayo de 2018

Se requiere más apoyo para la cultura en Esmeraldas-Ecuador

El primer jueves de cada mes en Casa Palenque, un espacio de la pastoral afro en Esmeraldas, se activa una serie de charlas y reflexiones sobre el legado de personajes icónicos de esa cultura. Entre otros: Adalberto Ortiz, Nelson Estupiñán Bass y Juan García Salazar.


Por Gabriel Flores 

En esta escuela de pensamiento crítico participan escritores, artistas y gestores culturales de la provincia, entre ellos Juan Montaño.

Papá Roncón nació en Borbón, en el 2001 fue premiado por su contribución a la cultura. Archivo / EL COMERCIO 
 Montaño tiene una visión crítica sobre las políticas públicas culturales en Esmeraldas. Este gestor asegura que, desde su creación en el 2008, las actividades emprendidas por el Ministerio de Cultura y Patrimonio para impulsar ese desarrollo han sido mínimas.

“El Ministerio-dice-debería ser el encargado de direccionar las acciones para convertir a la provincia en un potencia cultural y en una zona de paz”.

Raúl Pérez Torres, ministro, sostiene que hay que hacer un mea culpa, porque “desde todo punto de vista se ha descuidado a la región fronteriza”.

Añade que se tiene que trabajar en un proyecto integral en ese territorio. “Es momento de llevar todas las expresiones artísticas y culturales a estas provincias y mostrar la riqueza cultural que hay en ellas”.

El funcionario, que la semana pasada presentó en la Asamblea un proyecto para la Reparación Histórica de Esmeraldas, explica que ya existen acciones puntuales para mostrar esa riqueza cultural.

Una será la realización del Primer Festival de Música Negra, que se desarrollará en octubre de este año y en el que participarán grupos locales y extranjeros de distintos géneros.

Montaño cree que este festival puede ser una ventana importante para el desarrollo cultural de la provincia. Pero debe ir acompañado de una serie de actividades artísticas y académicas, que se realicen durante los meses previos.

Una de las coyunturas que, a su criterio, deberían ser aprovechadas por el Ministerio es la cercanía del Bicentenario de la Independencia de Esmeraldas, el Decenio de la Afrodescen¬dencia y que la marimba es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Las instituciones culturales -anota- también deberían apoyar más el trabajo de referentes como Papá Roncón, Rosita Wila y Larry Preciado. Así como el de las cantoras que están en cantones como San Lorenzo y Eloy Alfaro.

Carlos Minota, del Núcleo de Esmeraldas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, cuenta que uno de los proyectos emblemáticos de la provincia es la Ruta de la Marimba. La idea es que 16 instructores, entre músicos y bailarines, capaciten a 48 barrios de los cantones Esmeraldas y Quinindé.

El objetivo es que chicos de 7 a 18 años aprendan sobre esta expresión cultural. “Esmeraldas -reflexiona- es una provincia que históricamente ha aportado al desarrollo cultural del país, pero no tenemos un espacio donde hacer cultura, acá no hay un solo teatro”.


Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:



10 de mayo de 2018

La diversidad étnica y el censo nacional de población

Organizaciones sociales y académicos adelantan una campaña de sensibilización sobre la importancia de responder “soy raizal, palenquero, negro o afro” en la actual medición estadística. Las políticas públicas para pueblos históricamente discriminados dependen en gran parte de eso.

foto: renacientes.net

María Alejandra Medina. El Espectador

Imagine el censo de población como una fotografía del país. La imagen mostrará cuántos somos, en dónde estamos, qué tan diversa es la población y cómo ha cambiado la foto con el paso del tiempo. La última medición de este tipo se hizo hace 13 años.

Tener los resultados es clave a la hora de hacer planeación y formular políticas para, entre otras cosas, atender a grupos históricamente discriminados, como los étnicos, que gozan de derechos como la consulta previa y que cuentan entre la población víctima del conflicto armado. No en vano, varias organizaciones han descrito el ejercicio estadístico como “el censo de posconflicto”, fundamental para la implementación del Acuerdo de Paz.

Si usted no hizo el censo virtual de población, ni el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística) ha tocado a su puerta aún, algo que debe saber es que una de las preguntas que le harán tiene que ver con el autorreconocimiento étnico. Es decir, si usted se considera indígena; gitano o rrom; raizal; palenquero; negro, mulato, afrodescendiente o afrocolombiano, o ninguno de los anteriores.

Para algunos podrá parecer muy fácil, pero, debido al racismo que ha existido y que persiste, muchas veces decir, por ejemplo, “soy negro” requiere de una dosis de valentía. Afirmarlo, hacerse contar, sin embargo, es fundamental, según las organizaciones sociales, para que el Estado sepa dónde focalizar sus acciones, llevar salud, educación, vivienda, entre otros, y cerrar brechas o desigualdades.

En relación con las multinacionales, como afirma Claudia Mosquera, del Grupo de Investigación sobre Igualdad Racial, Diferencia Cultural, Conflictos Ambientales y Racismos en las Américas Negras (Idcarán), de la Universidad Nacional, la información es útil a la hora de identificar la presencia de grupos étnicos y saber cuándo es necesario garantizar el derecho a la consulta previa sobre un proyecto.

El Idcarán es parte de la Mesa Interétnica Censal, un espacio conformado por organizaciones y universidades que desde hace alrededor de cuatro años han estado pendientes del desarrollo del censo de población, que se esperaba que comenzara en 2016. Pero, por asuntos presupuestales, entre otros, la medición no arrancó antes del año en curso.

Ese grupo, el Proceso de Comunidades Negras (PCN), el Movimiento Nacional Cimarrón, la Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas (CNOA), la Universidad del Valle y el Observatorio de Discriminación Racial de la Universidad de los Andes, se encuentran ahora en la etapa de “sensibilización” respecto al censo. Esto es: insistir en la importancia de autorreconocerse a través de una pregunta que sólo puede responder cada uno, no el censista.

La campaña dirigida a las comunidades afros y que esas entidades emprendieron por iniciativa propia desde enero consiste, entre otras cosas, en la difusión de material audiovisual a través de redes sociales y la comunicación por medio de perifoneo y radio y televisión locales, muy importante en los territorios, de acuerdo con Mosquera.

Para Dora Vivanco, vocera de CNOA, generar conciencia de que “estamos en modo censo” es particularmente importante teniendo en cuenta que el operativo estadístico coincidió con la época electoral. El objetivo es evitar el riesgo de que “se desvíe la atención de la importancia del censo”. Agregó: “Colombia es un país diverso, y en esa diversidad el pueblo afrocolombiano, negro, raizal y palenquero también es muy diverso y hay que visibilizarlo”.

Entre los desafíos que enfrenta el operativo, dicen, está la seguridad física por cuenta de la presencia de actores armados en los territorios, así como la desconfianza que las personas pueden tener respecto al censo en medio de conflictos, como las denominadas “barreras invisibles”, tanto en el campo como en la ciudad.

Sobre lo primero, el DANE ha resaltado el acompañamiento de entidades como la Policía, el Ministerio de Defensa y la Fuerza Aérea en el operativo. En cuanto a la generación de confianza, no es nuevo que la Ley de Reserva Estadística establece que la información que cada ciudadano da es secreta y que los resultados sólo se presentan como resúmenes numéricos. Para verificar la identidad del funcionario que lo va a censar, además, es posible consultar con el número de cédula en censo2018.dane.gov.co o llamando a nivel nacional al 018000 912002, según ha informado el DANE.

Asimismo, esa entidad ha estado al pie de la campaña nacional de sensibilización sobre la importancia del censo para los grupos étnicos, que se concertó en la consulta previa del operativo (una campaña diferente a la mencionada antes). Lo anterior, a través de la entrega de materiales impresos, de un spot de televisión que saldrá al aire en los próximos días y de la promoción de la difusión de cuñas de radio a través de las emisoras del Ejército y la Policía.


Se trata, entonces, de un esfuerzo que no es menor o de interés de unos pocos. En el censo del 2005, el 10,6 % de la población colombiana se autorreconoció como negra, raizal, palenquera o afrocolombiana. Sin embargo, investigadores que han participado en la campaña promovida por el Idcarán y CNOA, entre otros, han calculado que la población puede ascender al 25 %. La motivación de responder “sí, soy negro”, sin duda, será determinante en la cifra final.

Tomado de: https://www.elespectador.com/economia/que-tienen-que-ver-el-censo-y-la-diversidad-etnica-del-pais-articulo-754411