18 de septiembre de 2017

La problemática indígena y afro en el acceso a la tierra en Colombia

Mitos y realidades de los derechos territoriales de las comunidades étnicas en Colombia

Comunidad indígena.

Sandra NaranjoJuan SandovalCarlos SuescúnFrancis VargasSegún algunos dirigentes, los indígenas y afrodescendientes son los mayores terratenientes de Colombia. Pero el estudio cuidadoso de las cifras desmiente esta falacia que en efecto promueven los verdaderos acaparadores de tierras.

Sandra Naranjo* - Juan Pablo Sandoval** - Carlos Suescún*** - Francis Vargas****

Los latifundistas indignados

No es la primera vez que personas estrechamente ligadas a la renta de la tierra en Colombia afirman que las comunidades indígenas y afrodescendientes son grandes terratenientes.
Hace pocos días, el senador Álvaro Uribe y su copartidaria, María Fernanda Cabal, esposa del presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (FEDEGAN, reiteraron en espacios públicos esta falsedad, quizá con la intención de enredar el debate sobre la tierra en Colombia.
La afirmación de Uribe y Cabal no solo es demagógica, sino bastante dañina. Pretende ocultar la realidad que viven los pueblos y comunidades indígenas y afrocolombianas, caracterizada por el genocidio y la expoliación que vienen desde la Conquista y se han prolongado a lo largo de la historia. En la actualidad, estos pueblos y comunidades son las principales víctimas del conflicto sociopolítico y armado que persiste en el país, uno de cuyos resultados más concretos ha sido la naturalización del autoritarismo.

Algunos datos

Población Afrocolombiana.
Población Afrocolombiana.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá
Según cifras del Instituto Geográfico Agustín Codazzi consolidadas en el 2009, el área cubierta por los resguardos indígenas legalmente constituidos ascendía a 31.542.257,1795 hectáreas; por su parte, el área en territorios colectivos de comunidades negras era de unas 4.990.349,0862 hectáreas. En total, estos dos espacios territoriales representan cerca de la tercera parte del total del espacio continental de Colombia.
Cuadro 1. Área de los territorios colectivos étnicos.
Descripción
Área
Resguardos indígenas
31.542.257,1795 ha
Comunidades afrodescendientes
4.990.349,0862 ha
Total
36.532.606,2657 ha
Con estas cifras, muchos afirman que las comunidades indígenas y afrodescendientes son los verdaderos terratenientes del país. Sin embargo esta lectura es superficial y demagógica, pues, por una parte, desconoce la precariedad de estos territorios, en cuanto a riqueza del suelo, y la vocación productiva de extensas áreas hoy en manos de pueblos y comunidades étnicas; por otra parte, no tiene en cuenta los procesos de despojo, desplazamiento, confinamiento y pérdida de derechos territoriales que han sufrido estos pueblos y comunidades a causa del conflicto armado y otros factores económicos y políticos, como la minería, el acaparamiento, los macroproyectos y el narcotráfico.

Los “terratenientes indígenas”

Al hacer un simple ejercicio de traslape entre los territorios de comunidades indígenas y las diversas vocaciones del suelo, se tiene que de las 31.500.000 hectáreas en resguardos indígenas legalmente constituidos, apenas un 1,4 por ciento tiene vocación agrícola (454.782 hectáreas) y otro 1 por ciento tiene vocación pecuaria (300.950 hectáreas). Esto demuestra su muy limitada  capacidad para usufructuar el suelo.
Al desconocer la calidad de las tierras con vocación agrícola y pecuaria, se pueden inferir conclusiones muy erróneas. Así, los “terratenientes indígenas” tienen dominio sobre un extenso espacio, pero solo pueden cultivar y tener ganado en poco más de 750.000 hectáreas.
De este simple cruce de información se obtiene que el área restante de los resguardos (más de 30.700.000 de hectáreas) corresponde a bosques y áreas protegidas. La distribución específica es así: 29.400.000 hectáreas tienen vocación forestal y agroforestal, y 1.200.000 hectáreas son áreas de conservación de suelos. Así mismo, según los datos suministrados por el IGAC, 203.050 hectáreas son reportadas como “vacías”.
Cuadro 2. Vocación de los territorios indígenas.
Descripción
Área total
Vocación agrícola
Vocación pecuaria
Bosques y conservación
Resguardos indígenas
31.542.257 ha
454.782 ha
300.950 ha
30.786.525 ha

Ahora bien, hagamos un simple cálculo per cápita. Según Roldán y Sánchez, en diciembre del 2012, en los 768 resguardos indígenas existentes en Colombia vivía un total de 1.071.482 personas. Es decir, que si se considera estable la tierra con vocación agrícola y pecuaria (entre 2009 y 2012), el área per cápita en estos usos, para el caso de las comunidades indígenas, sería de 0,70 hectáreas, que equivaldría a menos de 4 hectáreas por familia (considerada como un grupo compuesto por 5 personas). ¿Cuánta será el área per cápita de la familia Uribe Moreno?

Los “terratenientes negros”

De los cerca de 5.000.000 de hectáreas que comprenden los territorios de comunidades negras (en el 2009), apenas el 7,3  por ciento (363.635 hectáreas) tiene vocación agrícola y el 2,5  por ciento (122.607 hectáreas) tiene vocación pecuaria. El resto del espacio comprendido en estos territorios se distribuye así: 82,2  por ciento corresponde a vocación forestal y agroforestal, y el 8,1 por ciento restante corresponde a áreas de conservación de suelos.
Cuadro 3. Vocación de los territorios colectivos de comunidades negras.
Descripción
Área total
Vocación agrícola
Vocación pecuaria
Bosques y conservación
Títulos colectivos de comunidades negras
4.990.349 ha
363.635 ha
122.607 ha
4.504.107 ha

Entonces, sumando las tierras y el uso o potencial uso agropecuario de las comunidades indígenas y afrodescendientes, se tendría, para el 2009, un total del 1.241.974 de hectáreas productivas.
Es poco probable que esta cifra haya cambiado radicalmente bajo el Gobierno Santos porque cada ampliación de un resguardo indígena corresponde, en gran medida, a áreas protegidas o Parques Nacionales, y no a tierra con vocación agropecuaria.
Aún más - y al revés de lo que ocurre con los verdaderos terratenientes del país, cuyas propiedades crecen rápidamente- tanto los indígenas como los negros están sujetos a los tiempos ineficientes de adjudicación, titulación, saneamiento y ampliación de sus territorios (estas adjudicaciones y demás procedimientos pueden tardar entre 11 meses y 11 años) por unas entidades que no han dejado de fracasar en sus tareas, como Incora e Incoder, hoy Agencia Nacional de Tierras.

“Terratenientes” sin poder ni tierra

María Fernanda Cabal, representante a la Cámara.
María Fernanda Cabal, representante a la Cámara.
Foto: Congreso de la República de Colombia
Hablar de “terratenientes” implica, por lo menos, la existencia de poder y control sobre las tierras.
Sin embargo, si algo ha caracterizado la lucha histórica de las comunidades indígenas y negras, ha sido la exigencia de su derecho a la autonomía. En contravía de esta reivindicación, todo el mundo quiere los territorios colectivos: las empresas mineras legales y las no legales, los empresarios agroindustriales, los grupos armados y hasta el mismo Estado. Esta situación puede ser ilustrada con dos ejemplos.
  • El resguardo Tahamí, en el Alto Andágueda, departamento del Chocó, perteneciente al pueblo Emberá Katío, tiene un total de 50.000 hectáreas, que fueron restituidas mediante la primera sentencia para comunidades indígenas en el 2014. Solo a través de este proceso se hizo público, incluso para las autoridades indígenas, que el Estado había adjudicado títulos mineros a varias empresas sobre el 62 por ciento del territorio. Esta sentencia también reconoció  la violación de derechos humanos que había sufrido la comunidad y que la convertía en víctima del conflicto. Dicho de otra manera, a estos “terratenientes” nadie les respeta sus tierras y, por el contrario, ellas los convierten en blancos de abuso y victimización.
  • El caso  del territorio colectivo de comunidades negras en la cuenca del río Cacarica (el escenario de la famosa “Operación Génesis”)  tuvo que ir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cuya sentencia de noviembre del 2013 reconoció los hechos aberrantes a los que fue sometida esta comunidad. Entre otras disposiciones, la sentencia establece la responsabilidad del Estado por la violación al derecho a la propiedad colectiva, en perjuicio de los miembros de la comunidad afrodescendiente desplazada de su territorio y de los miembros del Concejo Comunitario.
También vale la pena destacar que de conformidad con los últimos datos disponibles, el área total que cubrían los títulos mineros en territorios de comunidades indígenas y afrodescendientes era de 667.491 hectáreas, o sea, un espacio casi igual al área con vocación y uso agrícola de las tierras de estas comunidades. A lo cual debemos añadir  que para el año 2014 las comunidades étnicas reclamaban alrededor de 1.200.000 hectáreas por hechos de despojo.

Barbarie, concentración y uso irracional de la tierra

A pesar de todas estas adversidades e injusticias, las comunidades indígenas y afrodescendientes han cumplido de manera muy sofisticada, y en medio de enormes dificultades, con una extraordinaria labor de conservación de la verdadera ventaja comparativa de la cual aún dispone Colombia: la biodiversidad.
Deberíamos no solo luchar contra nuestros prejuicios sino aprender de su saber hacer para diseñar políticas realmente pertinentes en los tiempos que corren. Que nuestra sociedad no sepa aprovechar dicha riqueza y que otros sí lo hagan, no es culpa de estas comunidades ni las convierte en “terratenientes” ni en “latifundistas”.
Por lo demás, en temas de conservación de la biodiversidad no tenemos ninguna lección que darles. De hecho, Uribe y Santos atentan indiscriminadamente contra la biodiversidad con sus proyectos de profundizar el modelo minero-energético y la agricultura de gran plantación vía ZIDRES, PINES, proyectos de autopistas 4G y “reglamentación” (liquidación) de la consulta previa. Eso los convierte en los verdaderos bárbaros del subdesarrollo.
Finalmente, ¿hay o no hay concentración de la propiedad de la tierra en Colombia? Claro que sí, solo que el suelo con potencial productivo (no los bosques ni áreas protegidas) no está en manos de los campesinos, negros o indígenas, sino de grandes terratenientes que justifican esta posesión amparados en una supuesta función social de la propiedad, cuando en verdad se sirven de sus extensas propiedades para criar tres vacas por cada 100 hectáreas.
Y es que las cifras no mienten, como sí lo hacen Álvaro Uribe y el Centro Democrático. Según el Censo Nacional Agropecuario del 2015, el 0,4 por ciento de las unidades de producción agropecuaria posee el 65,1 por ciento del área con vocación o uso agrícola y pecuario. Los microdatos de este censo están disponibles para el público. Con estos se puede calcular el coeficiente de concentración de la propiedad aducida como privada en Colombia (sin contar la propiedad colectiva de indígenas y afrodescendientes), equivalente a un espantoso 0,902.
*Abogada
**Economista. Miembro del Grupo de Socioeconomía, Instituciones y Desarrollo (GSEID) de la Universidad Nacional de Colombia.
***Economista. Miembro del Grupo de Socioeconomía, Instituciones y Desarrollo (GSEID) de la Universidad Nacional de Colombia.
****Socióloga
Tomado de:https:  //razonpublica.com/index.php/regiones-temas-31/10451-mitos-y-realidades-de-los-derechos-territoriales-de-las-comunidades-%C3%A9tnicas-en-colombia.html

12 de septiembre de 2017

Cada vez hay más racismo y se vuelve más refinado: historias de Micro-racismo

Tres mujeres y dos hombres explican a EL PERIÓDICO cómo viven su negritud y cómo perciben el rechazo, sutil y no tanto, en su día a día. 
MARÍA G. SAN NARCISO

Microrracismos, aunque no todo el mundo está de acuerdo con el término, da nombre a aquellas actitudes racistas cotidianas que padecen las personas negras. A continuación, los testimonios de cinco afrodescendientes españoles que los sufren a diario.

LUCÍA MBOMÍO
Periodista. 35 años

“Cada vez hay más racismo y se vuelve más refinado”

En los años 60 y 70, ser blanca, española y casarse con un hombre negro era un hecho insólito. El libro 'Las que se atrevieron' (Editorial Sial |Casa África) recoge seis de esas historias homenajeando a aquellas mujeres que decidieron salir de la norma en una sociedad tan homogénea y conservadora. Como la madre de Lucía Mbomío, su autora, que reafirma con él su identidad en un país que, dice, racializa la nacionalidad.

Hija de ecuatoguineano, cuando la llevaron por primera vez al pueblo de su madre, una persona pidió que le enseñaran a la niña, a ver si era verdad que era mitad negra mitad blanca (literalmente, querían ver si tenía medio cuerpo de cada color). «En los años 50 y 60, siendo todavía Guinea Ecuatorial una colonia española, el perfil de gente que llegaba era muy escaso y bastante concreto. Casi todos venían a estudiar. La gente no tenía un estereotipo elaborado en la cabeza porque prácticamente no había personas negras», explica.

Tampoco los idealizaban. Estar con un hombre negro podía ser entonces un «movidón». Era el primero que conocían. Ni los tenían hipersexualizados, ni se  pensaba que estaban con ellas por los papeles.

«Hace muy poco estaba en una discoteca de salsa y se me presentó un chico. Me hizo la pregunta al cubo». Es decir, le preguntó de dónde era tres veces. Primero, la periodista le respondió que de España, después que de Madrid. Y, con el último «pero, de dónde», le dijo que de Alcorcón. «Hay gente que quiere saber nuestro árbol genealógico para entender por qué no tienes la piel blanca», explica. Resultó que él trabajaba de profesor universitario en Reino Unido. «Y tú, ¿qué’, ¿te dedicas a restauración, no?», le espetó a Lucía. Se sorprendió muchísimo cuando la repuesta fue que no, que ella era periodista.

«Al final, no dejan de ser ladrillos que construyen tu día a día y que son hijos de un sistema que es racista, que entienden que tú no puedes ser de aquí. Hijos de una educación que no te incluye, que no habla de Guinea Ecuatorial, de la historia de España con respecto a temas como la esclavitud, el imperialismo o el colonialismo», analiza.
Por eso, Mbomío lo tiene claro: «Cuando me preguntan si creo que hay menos racismo ahora que antes, pues digo que no, creo que hay más y que además se ha vuelto más refinado».


ARMANDO BUIKA
Actor. 47 años

"Creces soportando la mirada de la gente"
Foto: David Castro
Armando Buika es un actor que está cansado de interpretar siempre al matón, el delincuente de la cárcel, el agente de la CIA. No porque sean papeles deshonestos, sino porque no se siente identificado con ellos. El socio fundador del colectivo de artistas The Black View ha aprendido, junto con otros compañeros, a decir que no a personajes que no le hacen crecer como actor y como persona. O, al menos, a planteárselo. «Porque antes que nada somos actores», afirma.
Como afrodescendiente se ha encontrado con peticiones de actores negros «con acento». «Y, ¿qué acento tienen los negros?», se pregunta. «A mí lo que me choca muchísimo es que somos grandes consumidores de ficción de EEUU. A Will Smith lo aceptamos como actor principal en un peliculón. ¿Por qué aquí no hay negros que sean protagonistas?», replica su mánager, Pilar Pardo, justo después de finalizar una reunión con un representante del sindicato de guionistas Alma. 

Interpretar un personaje que no sea delincuente, inmigrante o prostituta no es fácil. Pardo explica que cuando presenta a Armando para un determinado papel –pongamos que sea de un padre de familia–, que tiene que ser hombre de unos 40 años, alto y con otras tantas características que tiene y que van antes del color de piel, le dicen que no. Que no buscan a alguien negro.

En la reunión hablan de estas experiencias y de microrracismos. En este sentido, Buika prefiere hablar de afrofobia. «Llevamos desde pequeños esa incomodidad constante por no hacer todo lo que te gustaría hacer, que las miradas no dejan de abandonarte. Creces soportando y acostumbrándote a que te mire la gente. Al principio, no sabes que eres diferente, hasta que un día te das cuenta porque alguien te dice que eres negro. Y entonces comienza la lucha contigo mismo, que es lo que hemos pasado todos. Y es una lucha muy dura», afirma el actor.

Con su «mirada negra» llevan esa lucha a lo audiovisual. Quieren visibilizar a los actores, crear referentes multirraciales para los chavales jóvenes y dar la mano a guionistas, productores y directores, para asesorarles a la hora de contar historias. Así seguro que alguno se lo piensa antes de pedir a un actor con acento de negro.


GLORIA MBILLA
Estudiante de Periodismo. 22 años

"No se asume la afrodescendencia"
Foto: David Castro
Las actitudes racistas también se dan en las aulas como sabe Gloria Mbilla, estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de Kwanzaa. De padre camerunés y madre de Ghana, explica que aunque en casa siempre le han hecho tener presente sus raíces, se ha criado, estudiado y crecido en España: «un país que todavía no asume que la afrodescendencia existe».

Tiene varios ejemplos. «Antes estudiaba Ciencias Políticas. En una asignatura, cuando ya habían pasado meses de curso en los que se apreciaba perfectamente que hablo español como lengua materna, una de las profesoras me preguntó dónde había estudiado, si sabía hablar bien español y si la comprendía. Me sorprendí y le pregunté si era porque soy negra. No entendía qué otro motivo podía existir teniendo en cuenta que soy bastante participativa y que hablo en clase con regularidad», explica.

«En el instituto siempre se me habían dado mal las matemáticas. En otras asignaturas era buena, pero esa se me cruzaba. En una tutoría, mi profesor me comentó que quizá, teniendo en cuenta lo mal que se me daba eso, debería hacer algo más fácil ‘que estuviera dentro de mis posibilidades’. Así me daba a entender que mis posibilidades estaban por debajo de las que tenían el resto de compañeros. Los profesores deben asumir que su papel es empoderar a los estudiantes, no hacerles pensar que por una asignatura ya no puedes alcanzar tus objetivos. Casualmente nunca he oído que mis amigas blancas reciban esos comentarios», asegura.

Mbilla explica que los microrracismos –término que no le gusta porque considera que banaliza un racismo tan continuo y reiterativo que te hace recordar cada día que siempre serás considerada ciudadana de segunda– son muy habituales en su vida. «Es muy común, también para mis compañeras negras, sentir el asco ajeno cuando ocupas el asiento libre del metro y la sorpresa de la gente cuando hablas por teléfono en perfecto castellano», dice. O cuando camina por una calle y otra persona que cree que le va a robar. «Antes era capaz de apartarme para no preocupar, pero he asumido que la calle es tan mía como de los demás, por lo que si quieren vivir pensando que la negra de detrás les va a robar es problema suyo», afirma.


SILVIA ALBERT
Actriz y creadora. 41 años

"Hay actitudes sutiles que nos señalan"
Foto: José Luís Rocca
«Negra, española, vasca, catalana, alicantina, murciana y olé. Y en mis 41 años me han preguntado si soy nigeriana, guineana, camerunesa, congoleña, brasileña, colombiana, dominicana, neoyorkina, francesa, portuguesa... Pero jamás nadie, nunca, me ha preguntado si soy de aquí».

La actriz Silvia Albert, nacida en San Sebastián, con residencia en Barcelona y estudios en Murcia y Alicante, interpreta este fragmento en un solo, una obra de teatro que titula 'No es país para negras'. ¿Y por qué no lo es? «Porque se nos niega la pertenencia, se nos cuestiona nuestra nacionalidad casi a diario. Porque se niega el racismo existente en la población y a las personas que nos quejamos se nos trata de paranoicas, de victimistas, se intenta relativizar el dolor que sentimos, medir y comparar nuestro sufrimiento con una vara de medir manipulada. Porque diariamente hemos de enfrentarnos a actitudes sutiles que nos señalan como diferentes, como criminales en potencia», responde. Habla, por ejemplo, de personas que agarran fuerte el bolso al verlos, dependientes de establecimientos que les tratan mal por creer que no tienen dinero para comprar o de personas que no se sientan a su lado en los transportes públicos.

La idea del montaje surgió cuando se quedó embarazada en el 2012 de su hija Alma. «Comencé a cuestionarme mi negritud en relación a ella. ¿Cuáles habían sido mis referentes? ¿Cuáles serían los suyos? Empecé a mirar la situación de las personas negras en España, a relacionarme y leer sobre activistas que ejercían su activismo desde muchos lugares», afirma.

Llevarla adelante no era fácil, pero gracias a varios apoyos dentro del Projecte Vaca, asociación de mujeres dedicadas a las artes escénicas en Catalunya, tuvo la oportunidad de contar una historia diferente. Su historia. Una obra que remueve conciencias y rompe estereotipos, que muestra un relato con el que las mujeres españolas afrodescendientes pueden sentirse identificadas. Y que es referente para todas esas niñas que no conocen a muchas mujeres negras más allá de su familia. 

En Off Latina de Madrid, donde ahora están actuando los viernes de septiembre, ofrecen funciones especiales para institutos que incluyen un coloquio o un taller sobre microrracismos al terminar.

RUBÉN H. BERMÚDEZ
Fotógrafo y diseñador gráfico. 36 años

"Me preguntan por qué soy negro"
foto: David Castro
«Soy consciente de mi negritud cuando voy al colegio y los otros me lo dicen. Cuando me cantan la canción de los Conguitos y la del Cola Cao. Niños y niñas en corro. Nocilla, Chocokrispis». Esta es una de las entradillas que el madrileño Rubén H. Bermúdez utiliza para introducir su fotolibro Y tú, ¿por qué eres negro?, en el que aborda, a través de imágenes, su negritud y su relación con ella.

La pregunta que da título a la obra es una constante en su vida. La secuencia completa comienza con la cuestión: «¿De dónde eres?», para seguir con la de: «¿Y tus padres?». Ambos son españoles y blancos, así que el interrogatorio sobre su identidad termina con: «Y, ¿por qué eres negro?».

«Me la repiten un montón de veces a lo largo de mi vida, hasta que tengo 30 años y, por primera vez, lo hace una persona negra. De forma inclusiva. Me agita muchísimo», dice. Se trata del activista Abuy Nbufea y hablan de la esclavitud que hubo en el pueblo de su abuelo. «Llego a mi casa y me pongo a investigar más. Encuentro un montón de cosas, mis apellidos relacionados con la trata de personas esclavizadas», explica.

Acababa de impartir un taller sobre fotolibros así que decide abrirse un blog con la intención de crear uno nuevo. El resultado es una obra que resume todo el imaginario que le ha afectado sirviéndose de su archivo personal de fotografías y de imágenes prestadas.
Comienza con las primeras personas negras que ve en televisión de los años 80, como Magic Johnson, o series como 'El príncipe de Bel Air', imposibles de ver en la ficción española. Sigue con el colegio, donde por primera vez le hacen la pregunta («¿por qué eres negro?») o le cantan la canción del Cola Cao. «El libro va creciendo y voy utilizando otros imaginarios relacionados con historias que me han afectado. La primera vez que me para la policía para mí es importante. El impacto más tremendo que tengo en mi juventud es cuando una banda de nazis mata a Lucrecia Pérez, una mujer con un color de piel parecido al mío, al grito de ‘negra de mierda’», recuerda.

También aparece la novia cuya madre no quiere «nietos negritos», las canciones o el famoso negro del Whatsapp. Toda su historia con pequeñas frases e imágenes que sirven para entender mejor cómo se percibe la negritud en España.

 Tomado de:http://www.elperiodico.com/es/mas-periodico/20170909/cinco-historias-microrracismo-6271265 

4 de septiembre de 2017

Buenaventura un puerto sin comunidad - Documental.

El 29 de agosto se dieron cita en la ciudad de Buenaventura las diferentes comunidades para ver el documental, Buenaventura: Un Puerto Sin Comunidad y que hace referencia a los años de indiferencia a que ha estado la población por parte del estado y debido al olvido a que ha estado sometida los frentes de violencia se han incrementado, siendo este el principal puerto de entrada y salida de mercancía del País.


Esta investigación surge como respuesta a la solicitud recibida por parte de la Minga por la Memoria, conformada por organizaciones étnicas, eclesiásticas y sociales de Buenaventura. En la solicitud se le pidió a la entidad iniciar un proceso de reconstrucción de memoria que permitiera entender y explicar los motivos que han conducido a la continuación y degradación de la disputa armada en esta ciudad de Colombia. Todo lo anterior narrado desde las propias voces de las víctimas.


En la proyección del documental se hace un reconocimiento especial a los líderes del paro cívico recientemente ocurrido y a la comunidad de Buenaventura.