21 de agosto de 2018

MARY GRUESO, El Pacífico en Palabras

Mary Grueso: el oficio de retratar al Pacífico colombiano a través de las palabras



Por Miguel Ángel Cortés

Para narrar al Pacífico colombiano siempre será necesario adentrarse en un mar de saberes y experiencias, que solo se adquieren con el tiempo. Se requiere andar descalzo por sus selvas y playas. Pero ante todo, vivir inmerso en una cultura negra que sobrevive a través de la palabra y la oralidad de sus historias.

Mary Grueso Romero nació en el corregimiento de Chuare Napi en Guapi (Cauca) y desde niña creció empapada de la historias populares de su pueblo. A su padre Wilfredo Romero, un narrador oral de oficio, le heredó el don de contar. Era a través de encuentros, que se volvían casi rituales, entre los niños guapireños de entonces.

“En este momento lo estoy viendo: sentado, contando y los demás niños escuchando. Había una casa donde iba a contar generalmente. Los cuentos se contaban por la noche y la gente tendía una serie de sábanas, cada uno se acostaba con la persona más cercana a escuchar los cuentos, hasta que nos íbamos quedando dormidos”, describe.

De ritual en ritual, de sueño en sueño y noche en noche, Mary iba aprendiendo historias como la de ‘Sebastiancito de la gracia’. Poco a poco, iba adoptando como forma de vida la fascinación por esas palabras que se volvían relatos, para recrear un universo de leyendas de la cultura afrocolombiana del Litoral.

“Antes se contaba y el que escuchaba iba aprendiendo porque nosotros todo lo hacíamos así. La narración oral es algo que si a usted le gusta, usted aprende y le pone esas ganas de hacerlo”, afirma.

Hoy, con 71 años, Mary es conocida en el país como poeta, escritora y narradora oral a través de talleres, charlas y conferencias. Son más de 40 años de experiencia en los que sigue difundiendo su cultura por medio de las narraciones que cuentan la identidad de su región.

Se define como hija adoptiva de Buenaventura, municipio de Valle del Cauca, donde se hizo maestra y empezó a elaborar sus propias historias. Sus protagonistas eran sus propios estudiantes, a quienes capturaba en medio de un relato.

“De eso se trata, que a partir de los cuentos y las historias de su comunidad empiezan a adquirir conocimiento y a querer también contar y crear. Y además se sienten satisfechos, felices de ver que forman parte de esas historias”, asegura.

Paisajes, personajes y anécdotas que solo ocurren en el Pacífico son los que matizan y dan esos colores vivos a sus historias. Así se refleja en obras como ‘Del baúl a la escuela’, ‘Entre panela y confite’, ‘Cuando los ancestros llaman’, ‘El mar y tú’, ‘La muñeca negra’, entre otras.

“A través de mi relatos lo que trato de destacar un poco es una parte de la idiosincrasia del hombre y de la mujer negra, porque somos diferentes y también es diferente nuestra forma de expresarnos y nuestras culturas. Este país está dividido en regiones naturales y hay cinco regiones y cada una tiene su forma, su manera”, comenta.
Para esta docente su trabajo es promover que la que la oralidad que es la base y columna vertebral su cultura, no se pierda. Ahora estoy haciendo el paso de la oralidad a la escritura, porque sabe que lo oral tiende a perderse en el tiempo o a cambiar su esencia.

“Yo estoy hablándole aquí y si no estuviese grabando, cuando fuera a contar, contaba diferente, algo le quitaba o le ponía para significar lo que yo le había dicho. Pero en lo escrito usted puede volver siempre”, puntualiza.

¿Qué de dónde soy?
Que de dónde soy me preguntan muchas veces
Soy una mujer negra del Pacífico colombiano
Donde muchos ríos descienden cantarinos, se anudan al mar con la misma dulzura a beber aguas al obre de sus entrañas
Donde los peces viajan insistentes en mi memoria y los alcatraces pescan esperanzas
Donde el viento se lleva el sonido del tambor y te trae el olor de la marea a lontananza
Donde la lluvia toca tu ventana para despertarte mientras arrulla las islas y las olas besan la arena en la playa con lamento obstinado.
Donde el sol sonríe al viento, mientras te pinta la piel de chocolate
Soy de ese mar donde los luceros navegan en Imbabura, cuando del cielo descienden sobre el agua y Dios viene de cuando en cuando a pasar vacaciones en sus playas...

También le ha dado rienda suelta a su pluma para crear versos y prosas que llevan el sello afrocolombiano, el anterior es su poema titulado ‘¿De dónde soy?’. Para declamar o relatar, su voz se alza, levanta el mentón, mira un punto fijo y al final de cada línea tiene esa terminación aguda en la voz que caracteriza a las mujeres de su raza.

“La narración oral no solo es para los niños del Pacífico, para todos los niños de este mundo. Viene desde la Antigua Grecia, donde tenemos a Esopo. La narración oral no es solo de los negros del Pacífico, sino que siempre ha estado en todas las culturas”, dice.

Mary cree en el impacto que tiene la narración oral, sostiene que en los pueblos del Pacífico para poder contar y escuchar las historias, se reúnen las comunidades. Allí se reúnen, afloran los sentimientos y se distraen de las circunstancias difíciles que estas regiones han vivido con temas como el abandono y el conflicto armado.

“La narración oral tiene el poder de afectar de forma positiva a la sociedad. Los cuentos no son simplemente por contar, sino que allí llega a una gran lección y unos grandes valores que han sido parte de la cultura del hombre y la mujer negra de este país”, concluye.

Artículo tomado de: Radio Nacional de Colombia https://www.radionacional.co/noticia/cultura/mary-grueso-oficio-de-retratar-al-pacifico-colombiano-a-traves-de-las-palabras

Fotos CAEDI-Bogotá.

25 de junio de 2018

El empoderamiento de la MUJER; Epsy Campbell en Panamá

Epsy Campbell Barr recibió la llave de la ciudad de Panamá este viernes y, en su agradecimiento, dijo que este reconocimiento representa un camino para ‘generar puente no solo entre personas, sino entre ciudades y países y que es la ruta correcta para lograr un proyecto humano inclusivo y en el que todas las personas tengan su lugar'.

José Arcia
jarcia@laestrella.com.pa

Campbell es la vicepresidenta de Costa Rica, la primera mujer canciller de su país y, sobre todas las cosas, afrodescendiente. Ella se encontraba en Panamá de gira oficial, en la que el pasado jueves se reunió con su homologa panameña, Isabel de Saint Malo, y este viernes dictó la conferencia ‘Empoderamiento de la mujer afrodescendiente en el siglo XXI'.
También recibió las llaves de la Ciudad de Panamá; Foto Josue Villao
En el teatro Gladys Vidal de la Alcaldía de Panamá no había silla vacía y para Campbell el acto no era solo un reconocimiento a su trayectoria como mujer, sino que permite continuar abriendo las puertas de la democracia en la región y seguir perfeccionando una democracia paritaria, intercultural y multiétnica, en la que todos los grupos humanos tengan un espacio y reconocimiento.

‘No podemos construir democracia si no tenemos a las personas de todos los grupos sentados en la mesa principal', dijo. Hizo referencia a los grupos afrodescendientes, los indígenas y a las mujeres tanto de las zonas rurales como de las áreas urbanas.

Para Campbell no hay duda de que para lograr los objetivos del milenio, establecido por la Organización de las Naciones Unidas, los recursos deben ser repartidos entre mujeres y hombres. Añadió que se deben asumir las mismas responsabilidades en el plano público y privado.

Cuando se habla de las mujeres afrodescendientes es solamente una forma más de reinvidicar las necesidades de que la democracia otorgue espacio de igualdad a todas las mujeres sin distingo de su identidad racial.

Campbell consideró que, en el caso de Panamá, tener una vicealcaldesa afrodescendiente (Raisa Banfield), al igual que la directora del Instituto de la Mujer, Liriola Leoteau, ambas presentes en el acto, es un ‘paso en esa dirección'. También resaltó que el gabinete de su gobierno está integrado en un 50% por mujeres y que ella es la primera mujer en ocupar el cargo de canciller.

Campbell habló de la necesidad de conocer la composición de la sociedad y desde esa perspectiva resaltó que en los censos nacionales de 2010 en Panamá se haya incluido la pregunta para conocer la población afrodescendiente; pero, al mismo tiempo, se debe profundizar más en este aspecto en los próximos censos de 2020.

‘Uno de los elementos centrales de la sociedad es conocer la composición de la sociedad para identificar en dónde están las brechas para avanzar', indicó.

Dijo que no se puede negar la participación de la población afrodescendiente en la independencia de las naciones y los aportes que han dado en todos los espacios.

La historia oficial poco a poco va abriendo camino para el reconocimiento de la población afro, dijo, y seguido, se refirió al caso del primer presidente de la etnia negra que tuvo Panamá. Se trata de Carlos Mendoza, quien llegó a la presidencia en 1910.

A renglón seguido, Campbell cuestionó que se ha tratado de invisibilizar esta parte de la historia como una manera de escribir solo una versión. ‘Dichosamente y por eso este acto, del que me siento tan agradecida, deja al descubierto que muchos como yo y los que han existido antes que yo han contribuido paulatinamente en la construcción de las sociedades'.

Campbell no duda que en la medida que las mujeres tengan mayor participación en los espacios públicos habrá menos desigualdad y es por eso que habla de la necesidad de ‘feminizar' a la política.

 ‘El empoderamiento de la mujer en general y de la afro en particular es un elemento central para la construcción de una sociedad más inclusiva', Indicó Epsy.


Texto tomado de La Estrella de Panamá:  http://laestrella.com.pa/panama/nacional/campbell-lucha-politica-feminizada/24069596

12 de junio de 2018

Los afroantillanos, presencia negra en Panamá

Herederos de un régimen de discriminación racial que se remonta al ‘Gold Roll' y al ‘Silver Roll' canalero, los afroantillanos deben luchar contra la invisibilización de su valioso legado cultural, en una sociedad que se decanta por las manifestaciones ‘blancas'.

 Por Gerardo Maloney


Compartimos algunas características sociológicas de la inmigración afroantillana. La población antillana que llega a Panamá tiene un pasado colonial en las islas, donde se han agrupado, acumulando e integrando a su grupo experiencias traumáticas propias de los períodos de esclavitud, y que definitivamente moldearon las generaciones que siguieron, y esto, a su vez, el carácter de las generaciones siguientes.

La realidad cultural de esos antillanos que arribaron a Panamá consistía en una síntesis de elementos africanos, indígenas y europeos, como efecto de la denominación a que estuvieron sujetos. Ingleses, holandeses, franceses, etc.

Su presencia en Panamá va a representar la articulación de una nueva síntesis en donde se incorporan elementos culturales norteamericanos y, por supuesto, panameños. Por otra parte, y desde un principio, los antillanos van a estar sujetos en la Zona del Canal a un régimen abierto de discriminación racial, materializado en el famoso sistema del ‘Gold roll' (norteamericanos) blancos, y ‘Silver roll' (antillanos). Este sistema de diferenciación abarca todos los aspectos de la vida social.

En la sociedad panameña el antillano va a conocer igualmente un sistema de prejuicio y discriminación, como un resabio de actitudes y creencias que se establecen desde el período colonial, y como consecuencia también de una reacción de frustración, generada por las condiciones que impone el Tratado de 1903.

EL VALOR ESTRATÉGICO DE LA IDENTIDAD
Estos hechos explican el carácter histórico que asume este grupo en Panamá, carácter que se manifiesta en un aislamiento o nuclearización, como forma de preservar la identidad cultural y como medio de cohesión de grupo, necesario para enfrentar el rechazo social que se confronta a través de las políticas discriminatorias en la Zona del Canal y en la sociedad panameña misma, y superar, por otro lado, la crisis cultural que su nueva situación les impone.

La necesidad de una identidad cultural propia facilita la reproducción de formas y manifestaciones culturales, propias del lugar de origen de estos antillanos, consolidadas orgánicamente a través de asociaciones como logias y sindicatos (en la Zona del Canal), cultos religiosos -principalmente protestantes y africanos- y, de manera muy importante, a través de las escuelas privadas de antillanos, en que los hijos de los antillanos desde el nivel pre-primario, y después en el primario, adquieren los conocimientos básicos.

Revisando algunos textos utilizados en 1925, nos encontramos que éstos, editados en Inglaterra, corresponden al sistema de enseñanza inglés y ofrecían al estudiante una panorámica cultural, que iba desde problemas de salud hasta relaciones históricas particulares y descripciones de formas culturales de diferentes regiones y épocas. Esto -comparativamente con el sistema nacional imperante- es una diferencia que refuerza los niveles de valorización de la cultura caribeña, en detrimento de una cultura nacional incipiente.

Estas situaciones culturales y sociales constituyen, naturalmente, formas de resistencia de los grupos antillanos, (resistencia que el Dr. Roberto de la Guardia define como ‘amurallamiento') y que es parte de la realidad social del antillano, dejando se ser privativo de algún patrón antillano en específico (barbadiense, jamaicano o trinitario entre otros), para incorporar a los hijos de éstos, independientemente de su origen.

Así probablemente es que tiene sentido la descripción infundada de Aguilera-Malta en su novela ‘Canal Zone', cuando retrata los barrios de ‘chombos', por allá por los años de 1925. Una nueva síntesis afroantillana se fue gestando, con matices que aún prevalecen hasta hoy en día.

Las diferencias culturales particulares de los antillanos se mantuvieron más en las primeras generaciones, ya que a medida que fueron variando sus situaciones ocupacionales y residenciales en la Zona del Canal, se vieron, obligados a una mayor interacción en las ciudades de Panamá y Colón. Esto ha hecho que las generaciones posteriores integren mayores elementos de la cultura nacional a los patrones legados por sus padres. No obstante esto, las actitudes discriminatorias, abiertas o veladas, tienen repercusiones significativas sobre la formación y la conducta de este sector de panameños.

ÁREAS RESIDENCIALES DE LOS AFROANTILLANOS
La nuclearización del antillano persiste, aunque los términos de su localización han experimentado cambios hoy en día muchos mas notorios. Por ejemplo, para 1940 las diferencias eran mucho más tajantes. En la ciudad de Panamá la población total asciende a 111,94 personas; de estos en Bella Vista viven 6,914 individuos, de los cuales 3,853 son blancos, 479 negros y 2,472 mestizos. Únicamente 334 son amarillos; hay, por otra parte 3 indostanés y 79 indios. (Lo más seguro que éstos eran empleados).

En Calidonia que, es otro de los barrios que, como El Chorrillo y San Miguel, surgen como efecto de la construcción del Canal para alojar a los trabajadores, la relación era la siguiente: de un total de 33,493 personas, hay 2,314 blancos, 16,717 negros, 14,087 mestizos, 225 chinos, 62 indostanés, 63 indios y 2 personas de otra nacionalidad.

La diferencia es clara en comparación con 10 que ocurren, Bella Vista, barrio residencial de los sectores opulentos. En El Chorrillo en ese momento, de 24,205 personas que se encuentran residiendo, solamente el 24,300 es blanco, el 2309 es negro, y el 6300 mestizo.

En San Felipe de 11,615 personas, 3,992 son blancos, 476 negros o sea el 40% y el 59.2% de la población es mestiza. Esto es una derivación histórica de la composición de esta área, que durante mucho tiempo era considerado la ‘ciudad' propiamente dicha, habitada por españoles y criollos, a diferencia de lo que era denominado el arrabal. En Santa Ana de 35,666 personas, 20,140 son mestizos, 8,012 son blancos y existen unos 6,144 negros. En Santa Ana, es donde encontramos, por otro lado, una mayor proporción de chinos, 928, de indostanés 176 y de indios 233.

Como sostuvimos anteriormente el carácter de esta distribución racial en el área urbana ha experimentado cambios, como efecto del mismo proceso de crecimiento urbano. Hoy en día, a pesar de que hay áreas como Río Abajo, Parque Lefevre, Pueblo Nuevo o Juan Díaz, donde se alojan proporciones importantes de antillanos, en estas áreas son localizados blancos y mestizos inmigrados del interior, o provenientes de otras áreas en proceso de renovación en la ciudad misma.

Las diferencias sin embargo, entre estas zonas y las otras de mayores ingresos y habitadas principalmente por blancos y mestizos constituyen mecanismos objetivos que indican los rasgos socio-económicos de un grupo a otro. Desde la década de los ochenta el vigoroso proceso de expansión de la ciudad trae consigo un importante proceso de redistribución de la población, en las que intervienen tanto patrones étnicos como socioeconómicos.

El actual proceso de retorno de afroantillanos, que se fueron a residir a los Estados Unidos y que hoy regresan a residir en Panamá, con nuevas condiciones económicas, les permite acceder a zonas residenciales que anteriormente resultaban una opción mas difícil.

ALGUNOS RETOS POR SUPERAR
Los descendientes de antillanos, a pesar de la movilidad social ascendente experimentada, aún tienen que confrontar formas institucionales, que limitan su participación en el quehacer nacional, y refuerzan los sentimientos de rechazos.

Diferencias importantes en el antillano tienen que ver con su participación en las estructuras de clases, su participación en las estructuras de poder, los niveles de oportunidades dentro del sistema de empleo tanto público como privado, su vinculación política a partidos políticos de clientela, en dónde sus aspiraciones siguen siendo demagógicamente manipulados para fines electoreros; la desigualdad en la justicia, en que prevalecen aún asociaciones de delito y criminalidad con características étnicas o raciales, siguen siendo desafíos ciudadanos importantes, así como lo es, la ideologización eurocéntrica en que los patrones blancos y occidentales se siguen imponiendo como ideales y representativos del hombre panameño en los diferentes planos de nuestra realidad.

CONSIDERACIONES FINALES
El hecho de que existen mecanismos y fórmulas institucionales que refuerzan actitudes de prejuicio en nuestra sociedad, significa que hay factores reales que inciden directamente sobre la primera fase de vida de todo antillano, y que motiva condiciones en su personalidad, así como actitudes de tipo divergentes que niegan o rechazan los elementos que conforman una cultura nacional. Habría necesariamente para una sociología o, mejor dicho, una psicología social de antillano, que redefinir aspectos muy concretos como son: la maternidad de la población afroantillana, las características de la paternidad, los principios de disciplina en la población antillana, la historia sexual de los grupos antillanos, su comportamiento de acuerdo con su condición social, de acuerdo con su conformación rural o urbana.

En fin, sería fundamental la formulación de un importante número de aspectos muy significativos del grupo antillano, que científicamente pudiera llevarnos a diferentes niveles de comprensión, permitiendo situar el fenómeno desde el plano de la totalidad hasta sus expresiones más particulares, grupos, generaciones, familia, e, incluso, individuos o casos. Hace falta aún, un trabajo por realizar.


Tomado de: La estrella de Panamá: http://laestrella.com.pa/panama/nacional/algunas-consideraciones-generales-sobre-afroantillano/24066223/foto/404274#gallery